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¿A quién pertenece la Fontana di Trevi?

Es un clásico en todas las crónicas sobre la picaresca italiana, que no son pocas. Totò, un cómico napolitano venerado en su tierra, convence a un ingenuo fotógrafo italo-americano de que él es el propietario de la Fontana de Trevi y de que harto de que los chiquillos le roben las monedas que le pertenecerían, está dispuesto a venderla. La cándida víctima acepta el trato por medio millón de liras y cuando ve a uno de estos traviesos muchachos meter una lata en la fuente para rapiñar lo que pille, se la quita y grita: «Yo soy el propietario de la Fontana de Trevi».

Totòtruffa 62 – (1961)

 

La escena corresponde a la película «Totòtruffa 62», un clásico del cine italiano de los sesenta. Aunque la polémica por el patrimonio de la fuente más famosa de Roma continúa hasta nuestros días. En 2001, el Ayuntamiento de la capital italiana –legítimo y verdadero propietario del monumento– llegó a un acuerdo con Cáritas para donar las monedas que los turistas arrojan compulsivamente a las aguas custodiadas por los tritones con la esperanza de volver a la ciudad. El botín no es escaso, ya que el año pasado, céntimo a céntimo, se recaudó 1,5 millones de euros. Para la división romana de la organización religiosa este patrimonio supone un 15% de su presupuesto, que destina a los pobres. Pero desde que en 2016 llegara al consistorio Virginia Raggi, del Movimiento 5 Estrellas, este dinero ha estado pendiente de un hilo.

Ya hace año y medio, la Administración capitalina amagó con arrebatarle la gestión a Cáritas. Y desde entonces le ha concedido varias prórrogas que parecen tocar a su fin. Desde el próximo 1 de abril, definitivamente será el Ayuntamiento romano el que disponga de las monedas de la Fontana, que dedicará no solo a fines sociales, sino también a la tutela del patrimonio de la ciudad. La aprobación del decreto la ha anticipado el periódico «Avvenire», propiedad de la conferencia episcopal italiana, que lamenta que los más desfavorecidos sufrirán con la amortización a la organización caritativa. Además, según el diario, ahora habrá que pagar a una sociedad que se encarga de contar las monedas, mientras que antes Cáritas lo hacía gratis.

Asediada por las deudas y por el visible abandono de sus calles, a Roma no le sobra un solo céntimo. Aunque en esas mismas calles duermen al raso cerca de 10.000 personas para las que cada selfie lanzando la correspondiente moneda suponía una pequeña ayuda.

 

 

 

 

 

 

 

Con información de La Razón.

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