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¿Qué hacer en caso de intento de secuestro en transporte público?

La abogada, activista y defensora de derechos humanos que centra su trabajo en mujeres, Fátima Alvizo, explicó que la autodefensa feminista, que tiene diferencias con la autodefensa personal, no busca de entrada confrontar a los agresores, sino establecer redes de apoyo entre mujeres.

Así, recomendó hacer alianzas entre mujeres, tejer redes de confianza y de credibilidad respecto de lo que ocurre y ayudar a cualquiera que manifieste estar en peligro, ello, se suma a herramientas más físicas.

Tales como utilizar los elementos que existen a la mano como tener las llaves en la mano, el asa de la bolsa entre las manos para en caso de ser necesario tratar de paralizar al agresor, o bien, en caso de ser perseguida golpear los autos para que se activen las alarmas.

Lo anterior, se suma a gritar “fuego” o “sismo”, ello debido a que lamentablemente las personas no salen a ayudar a nadie si no ven que haya afectaciones directas a su patrimonio, e incluso aprender algunas técnicas básicas de defensa personal.

“Se trata de ver la urgencia de la violencia feminicida en el país y hacer alianzas entre hermanas, amigas y otras mujeres para ayudarnos entre todas”, explicó que además para la utilización de herramientas como gas pimienta o navajas existen legislaciones que las prohíben, ello, de acuerdo con cada Estado, aunado a que estos objetos pueden ser usados en contra de quienes los portan, aún así, en caso de decidir contar con uno, recomendó conocerlo muy bien.

En su opinión, lo que hay que hacer es perder el miedo, “si no perdemos el miedo no vamos a poder defendernos, porque el miedo paraliza (…) lo que menos esperan los agresores es que las mujeres nos defendamos y hay que utilizar la sorpresa como un medio que ayude en nuestra defensa”.

“No estamos buscando la confrontación, ese no es el objetivo, no queremos ponernos en riesgo, pero no podemos paralizar nuestras vidas porque nos invada el miedo (…) el primer territorio de conquista para las mujeres es su cuerpo, pero también el espacio físico (…) la calle nos pertenece y la noche es nuestra no podemos andar todo el tiempo con miedo”, se trata de conocer las posibilidades del cuerpo y el entorno, en realidad los agresores nunca esperan que una se defienda, dijo.

A su vez, abundó que en el país las mujeres no denuncian ante la impunidad en delitos hacia ellas, lo que se suma a que el sistema penal no es propicio para que las mujeres denuncien, “hay una misoginia generalizada en los sistemas de justicia”, y de proceder las denuncias las penalizaciones son mínimas o no prosperan; a ello, hay que agregarle que en general las mujeres tienen no solo una jornada laboral sino que además deben llegar a estar con sus familias y los tiempos para hacer denuncias son extensos, por lo que cejan en su intento .

En su oportunidad, la especialista en defensa personal Karen Soto, explicó que las agresiones en el transporte público se originan principalmente por estar distraídas, por lo que recomendó permanecer alertas respecto de las personas que caminan al lado.

A su vez, sugirió identificar los rostros de los agresores y establecer contacto visual, en su opinión, los agresores se sienten intimidados cuando consideran que posteriormente se les puede reconocer y abandonan sus intenciones.

Añadió que antes de subir a los vagones, es preciso colocar el teléfono celular y otras pertenencias dentro del bolso o mochila y colocarlos al frente para rodearlos con alguno de los brazos que queden libres, de ser de aquellas personas que buscan ponerle ritmo y música a sus viajes, sugirió portar solo un auricular, para así estar atento a lo que suceda alrededor.

Para las mujeres y ante ataques de posibles acosadores; dijo, se pueden utilizar los brazos y piernas como defensas; además, colocar antebrazos en el pecho y en caso de ser necesario empujar con los codos al agresor y ya si las cosas se ponen más agresivas golpear el empeine del agresor con las rodillas; sin embargo, puntualizó en la importancia de primero pedir ayuda con voz fuerte y firme.

Algunos datos

De acuerdo con el Diagnóstico sobre la Violencia contra las Mujeres y las niñas en el transporte público de la Ciudad de México, elaborado por ONU Mujeres, Instituto de las Mujeres en la Ciudad de México y el Colegio de México, existe una diferenciación de hombres y mujeres en el uso del transporte público.

Ello, precisó, es resultado de las desigualdades de género relacionadas con cambios en las estructuras de empleo, participación y educación, geografía urbana, así como acceso y distancia de servicios esenciales; así, en general, son las mujeres las que utilizan más el transporte público.

Así, de acuerdo con el informe elaborado en 2017 y que considera una Encuesta de Origen y Destino de los Hogares en México, del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), del total de mujeres que se trasladan en la Ciudad de México, 76.6 por ciento lo hace en el transporte público, con una proporción de 25.1 por ciento de mujeres de 15 a 24 años de edad; 51.4 por ciento trabaja fuera del hogar, 25.6 es ama de casa y 19.7 es estudiante.

Además, refirió que existen diferencias en la manera en que hombres se desplazan por la ciudad; así, los viajes de las mujeres contemplan trayectos numerosos y complejos, rutas variadas y en zonas geográficas cercanas a sus hogares.

Además van acompañadas por hijos, cargadas con bultos o carritos de bebé, son más vulnerables al acoso sexual y tienen una alta percepción de la inseguridad, sumado a que valoran la flexibilidad horaria y la iluminación.

En contraste, los hombres realizan trayectos escasos, simples y repetitivos, por lo general van a destinos lejos de sus hogares y rara vez llevan cargas excesivas consigo, no son acosados y tienen baja percepción de la inseguridad aunado a que valoran la velocidad.

Además, al contemplar una Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (Endireh) de 2011, el estudio refiere que la Ciudad de México es la entidad de mayor prevalencia de violencia contra las mujeres en el ámbito comunitario en el país, indicador que se mantiene en la misma encuesta, pero de 2016.

Así, aún cuando el Diagnóstico contempla datos de 2011; cifras de la Edireh de 2016 señalan que la prevalencia nacional de violencia comunitaria contra las mujeres es de 38.7 por ciento, aunado a que la violencia contra las mujeres en espacios públicos y comunitarios es de índole sexual, que va desde frases ofensivas, acecho y abuso sexual que considera tocamientos y exhibicionismo obsceno.

De esta manera, la violencia contra las mujeres ocurrió en la calle y parques con una proporción de 65.3 por ciento, le siguieron espacios como autobuses y microbuses, con 13.2 por ciento, y el metro con 6.5 por ciento; además, las agresiones que viven en la calle son principalmente de índole sexual, con una proporción de 66.8 por ciento.

El Diagnóstico, añade que aún cuando se cree que las agresiones a mujeres sean en la noche, los horarios de mayor incidencia de violencia sexual a las mujeres es desde el mediodía hasta las seis de la tarde.

Al considerar datos de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México (PGJ-CDMX) que contiene los delitos registrados de 2009 hasta principios de 2015, los distritos con mayor porcentaje de violaciones en la Ciudad de México son al norte, sur y oriente de la capital mexicana; en las actuales alcaldías de Tlalpan, Iztapalapa, Xochimilco, Tláhuac y Gustavo A. Madero.

Al tomar en cuenta los espacios geográficos en los que hubo mayores denuncias por intento de violación y su relación con el Metro, Metrobús y taxis, existe un patrón en que en la zona centro de la ciudad, las violaciones tienden a ocurrir en la cercanía de las líneas del Metro, mientras que, en la periferia, sobre todo al sur y al norte, la tendenciua es alejarse de la estaciones.

Destaca que de acuerdo con las Encuestas del INEGI con las que se apoyó la elaboración del Diagnóstico, ocho de cada 10 mujeres agredidas en los espacios comunitarios no acuden a las autoridades para levantar denuncias, ello, debido a la falta de atención por parte del personal de seguridad, alta inversión de tiempo en el procesamiento, persuasión para que desistan la denuncia mediante la conciliación, así como la revictimización al ser cuestionadas sobre su apariencia física y la veracidad de sus acusaciones.

 

 

 

 

 

 

Con información de Notimex.

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