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Antonieta, dos orfandades y desafíos

Jorge Ramírez Pardo

” Se diría que… me he fijado una meta lejana, difícil, en la cual clavo los ojos para no dejarme sentir este abismo que es mi vida, abismo de la soledad anhelada “
Antonieta Rivas Mercado

El pasado 28 de abril se cumplieron 120 años del nacimiento de Antonieta Rivas Mercado.

Para la mayoría de las grandes creativas mexicanas, protagonistas del momento más vital del renacer cultural mexicano (1920-1940), llega con retraso –post mortem- el ser reconocidas más allá de los círculos creativo/intelectuales donde habitaron.

Así sucedió a estas tres artistas presentes en los murales de Diego Rivera

  • Frida Kahlo (1907-1954) a quien ahora le persigue la fridomanía, fenómeno surgida 8 lustros después de su muerte, y cuando la Casa Azúl de Coyoacán –que habitó con Diego Rivera- se remodeló para su oferta como atractivo turístico frido/mitificante.
  • Tina Modotti (1896-1942), autora de imágenes fotográficas de mexicanidad emblemática, fue visivilizada en el país, también hasta varias décadas después de su muerte con la instauración de su casa/museo, una obra de teatro de Víctor Hugo Rascón, y dos ejercicios biográfico: Verdad y leyenda de Tina Modotti, meticuloso y ameno, de la alemana Christiane Barckhausen-Canale Tina Modotti y a la densa novelada Tinísima de Elena Poniatowska

Carmen Mondragón, más conocida como Nahuí Ollin (1893-1978), pintora y poetiza; además de símbolo de indiscutible belleza, referente de algunos de las primeras fotos de desnudo total con marcada carga sensual. Su exhumación del olvido, sustentada y elegante, la inicia la escritora y periodista Susana Malavido; recién en 1993. En 2017, se filmó la película “Nahui” dirigida por Gerardo Tort y protagonizada por Irene Azuela.

También hay creativas del período referido, aún poco visibles:

  • Angelina Beloff (1879-1969), primera esposa de Diego Rivera en Europa, pintora y grabadora; por cierto, autora de un retrato a lápiz de Antonieta Rivas Mercado y su hijo.
  • Isabel Villaseñor (1909-1953), grabadora y pintora, cantante y compositora de corridos; actriz, en la película ¡Que viva México!, 1930, de Sergei Einsestein, y retratada varias veces por Lola y Manuel Álvarez Bravo. En 1997, Carmen Gómez del Campo y Leticia Torres Carmona, publican En memoria de un rostro. Isabel Villaseñor, “ensayo poético justificado filosóficamente”.
  • Lola Álvarez Bravo, destacada fotógrafa, sin apellidos propios en uso, porque empleó los de su ex marido Manuel.
  • Olga Costa (1913-1993), nacida con los apellidos Kostakowsky Fabricant en Alemania. Esposa del pintor y muralista guanajuatense José Chávez Morado. Es referente de la plástica mexicana por su óleo de gran formato, Vendedora de frutas.
  • Lupe Marín (1895-1983), tuvo dos hijas con Diego Rivera, elaboró algunos escritos y participó intensamente del momento de irrupción creativa en México. En 2015, Elena Poniatowska publicó su biografía novelada Dos veces única.
  • María Izquierdo (1902-1955), pintora, la primera mexicana en exponer en el Art Center de Nueva York. De 1929 a 1933 comparte lugar de trabajo y afectos con Rufino Tamayo.

Sin duda centros de estudio y reflexión, como el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, El Colegio de México y otros nichos de investigación, se han ocupado del tema; pero la labor de divulgación en torno a estas creativas, es reciente.

Antonieta Rivas Mercado (1900-1931) multifacética y mecenas

En ese mismo contexto de sus contemporáneas antes mencionadas, surge, la segunda hija de Antonio Rivas Mercado. Arquitecto formado en París, tuvo la encomienda de realizar el conjunto arquitectónico del Ángel de la Independencia ubicado en el Paseo de la Reforma en la ciudad de México.

Después de Antonieta, hubo dos hermanos más, Amelia y Mario. Pero la madre, Cristina Castellanos Halff, abandona la familia cuando ella tiene 13 años. Ese hecho, la convertirse en la niña/mujer de la casa; le fortalece y acrecienta la empatía con su padre, pero, también dependencia emocional.

Antonieta se casa en 1918, a los 18 años, con el inglés Albert Edward Blair, diez años mayor que ella. Tienen un hijo, Donald Antonio, nacido en1919. En 1921, se van a vivir a un rancho en el estado de Coahuila. La vida lejos del mundo artístico e intelectual y las diferencias ideológicas empiezan a hacer estragos en la pareja; él era conservador y ella se andaba en busca de ideas y acciones innovadoras.

Antonieta regresa, con su hijo a la casa paterna, y entre octubre de 1923 y julio de 1926, también con su hijo, acompaña a su papá a una estancia en Europa. Mira entonces un París de postguerra con furor por lo nuevo.  El deterioro en la salud del arquitecto demanda el regreso a México. Muere su padre y le hereda una cuantiosa fortuna, pero también una remarcada orfandad.

Entre 1937 y 1931, es generosa, pero no administrada. Se deprende paulatinamente de su herencia mientras patrocina:

  • Al grupo de literatos, los Contemporáneos; les publica ligbros a Javier Villaurrutia, Gilberto Owen y André Henestrosa.
  • Con ellos mismo monta el experimento teatral Ulises
  • A la fundación de la Orquesta Sinfónica Nacional dirigida por Carlos Chávez.
  • Financia parte de la campaña de José Vasconcelos por la presidencia de México

Su manera de ser liberal, de vestir (uso de pantalón), de asumirse (corte de cabello corto, fumar y conducir auto –actividades “exclusivas” de hombre-), la lucha por los derechos igualitarios de la mujer, su cercanía con Diego Rivera y su grupo en frecuentes convivios festivos, provocan –además de escándalo- su divorcio y la pérdida de la patria potestad de su hijo. A decir de quien luego sería su nuera y biógrafa, “fue feliz como joven madre; su hijo Donald Antonio la amarraba al suelo”.

Cuando Vasconcelos, para entonces su pareja, pierde las elecciones y se exilia, ella lo alcanza en París. Su estancia en la capital gala es de tan sólo 4 días durante los cuales:

  • Vasconcelos le pide regresar a México y arreglar sus desajustadas finanzas
  • También le hace ver que él regresará con su esposa

Esa y otras angustias sumadas, motivan a Antonieta a sustraer del equipaje de Vasconcelos una pistola y asumir la determinación de suicidarse, el 11 de febrero de 1931, al interior de la catedral de Norte Dame.

Memoria en ascenso

Cuando Antonieta muere, hubo dos circunstancias que determinaron la relativa desmemoria de su recuerdo:

  • La pena familiar y social de la familia acerca del suceso
  • El gobierno callista, a decir de dos de sus biógrafas, no quería una mártir vasconcelista

Ello y su condición de mujer, tuvieron relativamente oculto su recuerdo durante décadas, fuera de los círculos dónde ella estuvo.

Dos biografías, una película, el recate literario de sus escritos y una exposición, han atenuado ese olvido:

  • En 1982, por encargo, el hispano Carlos Saura filmó la película Antonieta. Había recursos, pero no una investigación y guion asentados. El resultado fue un filme fallido que a la ciudad de San Luis Potosí le dejó el beneficio de experiencia y fuentes de trabajo temporal, pues, en torno al Jardín de San Francisco de la capital y sitios aledaños de realizó el 80% de la filmación.
  • En 1987, el escritor e investigador Luis Mario Schneider, compiló y publico sus escritos en el libro Obras completas de Antonieta Rivas Mercado.
  • En 1991, Fabienne Bradu, publica la novela biográfica Antonieta (1900-1931)
  • En 2003, Kathryn S. Blair –nuera de Antonieta- publica otra biografía novelada, A la sombra del ángel
  • En 2008, se inauguró la exposición Antonieta Rivas Mercado, compuesta por 180 piezas entre óleos, esculturas, grabados, documentos y fotografías; apuntalan, comentó Teresa Franco -directora del lugar en ese momento-, el retrato de una mujer que se despojó de los convencionalismos de su época para imponerse como una figura espléndida.

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