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Othón Castañeda, artista visual contemporáneo

Jorge Ramírez Pardo

Cuando Othón, de origen tamaulipeco, estudió en San Luis Potosí era callado, pero observador agudo. Realizaba pinturas al óleo sobre tela en pequeño formato. Era amable y buen conversador. Un día desapareció y daba pequeñas señales cada tanto.

Redescubrirlo con el trayecto andado es revelador.

Hoy realiza piezas en diversos formatos, con acabados impecables y lenguaje contemporáneo entendible. Sus obras pinto/escultóricas se exhiben bajo techo y al aire libre. Muestra también maquetas para esculturas monumentales y algunas que se pueden tocar.

Othón es artista visual y productor cultural. Ha expuesto en más de 60 ocasiones de forma individual y colectiva participando en museos, galerías, ferias y bienales en Argentina, Canadá, Colombia, Cuba, España, Ecuador, República Dominicana, Puerto Rico, Suiza, México y Estados. Unidos.

Dada también la calidad de su expresión verbal, es momento de cederle la palabra.

La autobiografía

Soy Othón Castañeda. Estudié Arquitectura en la Facultad del Hábitat, UASLP (México), y Maestría en Artes Visuales por Miami International University of Art & Design (EEUU).

Como artista visual, he trabajado con instalaciones efímeras y obras táctiles y kinestésicas. Durante la última década he sido co-director y productor de ferias de arte internacionales como Merrill Lynch Arteaméricas, Miami Beach; Art Marbella, Marbella; Art Medellín, Antioquia; Pinta Art Show – New York y Londres, entre otras.

Actualmente resido en Tampico, donde también soy docente y organizo curadurías para proyectos de arte visual entre los que se encuentra Artheorica, publicación especializada en artes visuales.

Visión de las artes plásticas

Para empezar, lo plástico devino en visual hace décadas y en ocasiones las regiones no se han apropiado de alguna forma de estas rutas. Niegan la tecnología actual. No solo me refiero al reiterado anunciamiento del agotamiento de la pintura como medio dominante –argumento con el que difiero parcialmente– sino a otros lenguajes que, en ocasiones, van en contra incluso, de lo que tradicionalmente en México se ha legitimado como arte desde las instituciones públicas.

Creo lo local y lo global en las artes de México no está suficientemente apreciado ni conectado, y solamente interactúan cuando se les propulsa desde los centros o nodos de lo global.

En nuestro país, la ciudad de México es el nodo y, dentro de éste, otros concentran y circulan el dinero que permite ¨lanzar¨ e ¨invisibilizar¨ artistas.

Cada contexto tiene su estética, aunque se va homologando o validando paulatinamente. Lamentablemente, en cada ciudad mediana o pequeña se consuma la idea de que es muy difícil alcanzar otros mercados si no se tiene la plataforma del poder económico dominante.

Respecto a la ciudad de San Luis Potosí o Tampico –donde he radicado algunos años–, viven permeadas por su origen e historia, y su potencial creativo sigue eclipsado por CDMX. Los creadores y las organizaciones (públicas o privadas) tenemos una oportunidad enorme por delante. Talento hay en todas partes, pero falta asumir riesgo, experimentación, acceso, empatía e interlocución. Falta también autocrítica en el medio que peca frecuentemente de un narcisismo vergonzante.

Estancia en San Luis Potosí

En 1994, fui a estudiar arquitectura a la Facultad del Hábitat convencido de que no habría mejor lugar para hacerlo. No me equivoqué, pues me permitió valorar lo local y lo internacional; enriquecí la mirada adolescente que tenía del arte y el cine; profundicé en Historia del arte mexicano.

Esto me permitió conformar un método creativo muy personal y puedo decir que creó las bases de mucho de lo que desarrollé hasta ahora, tanto en el lenguaje del arte como en el manejo de proyectos complejos como son las ferias o exhibiciones de gran formato en las que trabajo.

Le debo cosas a la ciudad la cual viví y disfruté hasta el año 2000…, siempre la vi como una segunda casa. Uno tiene varias patrias cuando se es migrante, sea dentro o fuera de tu país.

Estancia en Miami

Miami vivió un boom de ferias de arte desde el 2000 con la convergencia de los artistas, galerías y coleccionistas más renombrados. Disfrutó de la gloria lograda por la poderosa fórmula de turismo cultural, dinero, estética y celebridades. Me tocó vivirlo adentro desde mi llegada en el 2006.

Miami –por encima de los epicentros del arte como Londres, Nueva York o Hong Kong– produjo un fenómeno irrepetible que se atemperó hasta hace cinco años y que tiene su segunda crisis en la pandemia. Ahí entendí la superestructura del mundo del arte, el juego exponencial de los intereses y revaloré la meritocracia y el juego del poder detrás de la imagen.

Viajero cultural

En los museos se aprenden otras cosas, tanto de las obras como de la arquitectura que las resguardan. Tal vez lo que más valoro de los museos es la segunda lectura que te permite ver las obras a escala humana (no editorial ni digital). Se adquiere perspectiva, se reconocen las asimetrías de nuestros contextos latinoamericanos y se redimensiona con información de primera mano. Este alto contraste permite valorar las enseñanzas de tus maestros locales. Es difícil hacer un listado concreto de la aportación intangible que te da vivir o viajar.

Evolución formato y lenguaje

Los formatos van y vienen, aunque reconozco que tengo predilección por el pequeño formato –cercano a la miniatura– que puede acompañarte por la noche en tu buró, y el gran formato que puede ocupar el espacio público de forma temporal.

En San Luis Potosí trabajé más en pintura, la cual estoy retomando después de casi veinte años. Lo que más ha ¨evolucionado¨ en mi trabajo es, tal vez, mi entendimiento del material, el contexto, la escala; la forma y su proceso creativo que han derivado en una práctica ecléctica; una que no se centra en el estilo formal sino en su dimensión conceptual, en su función simbólica.

De todos los artistas o autores se aprende algo; puedo pensar en Agustín Fernández, Louise Bourgeois, Jeanne Claude & Christo, Dorothea Tanning, Siqueiros, Mattias Goeritz o el propio Edward James en Xilitla; mencionar unos es dejar a la mayoría afuera. Nos debemos a todas y todos, no a unos cuantos.

Sino y destino

Toda decisión vocacional implica un riesgo, así como todo proyecto una desviación y generalmente no somos lo suficientemente honestos con nosotros mismos para reconocer nuestra vocación, alcances y expectativas. Oscilamos entre la programación social y nuestros sueños. Creo que en el arte hay que arriesgarse y experimentar continuamente.

Las crisis, y son siempre oportunidades de cambio. Siempre hay crisis cuando se trabaja en un medio que, en apariencia, no es esencial para el ser humano como es la cultura.

En mi carrera ha habido varias crisis y seguramente vendrán más. La primera fue después de vivir cinco años en CDMX lo que me hizo emigrar a Estados Unidos; la segunda, después de diez años de residir en Estados Unidos, me hizo replantearme volver a México en el 2017.

En la facultad del Hábitat tenía un maestro que me decía que yo ¨saltaba al vacío¨, al referirse a los cambios súbitos en mis proyectos de diseño. Ahora lo veo como detonantes creativos, como formas de provocar las crisis para poner en acción tu propia naturaleza y vocación –como tú la refieres–, oportunidades de redirigir, cuestionar y relanzar tu práctica artística. Toda obra o proyecto es finalmente un salto al vacío.

Frases lema

No hay alguna. Mi hermana refiere que ¨biografía es destino¨. Yo encuentro divertidas otras como ¨todo lo que no es tradición, es plagio, ¨atribuida a Buñuel pero que al perecer éste la tomó de Eugenio d´Ors. Me vienen a la mente dos más; ¨No pain, no gain¨ o una más mexicana; ¨o te aclimatas o te aclichxxxxx¨. Éstas dos últimas son equivalentes de alguna forma de esfuerzo.

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