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Galería de Diversos | Un museo laberíntico/chocorrol de ¿ciencia? ¿sin científicos?

Jorge Ramírez Pardo

Cuando el Vagón de la Ciencia/SLP, gozaba de vitalidad e innovación experimental continúa, en su sitio primigenio, el Parque Tangamanga II (1994 a 97), el Ing. David Athisha –entonces director de la Facultad de Ingeniería de la UASLP- llevó de visita al mencionado Vagón a un curador de La Ville (Ciudad de las Ciencias y las Artes) de París. Ponderó la vitalidad del Vagón potosino y dijo que para que un museo tenga sentido e impacto:

  • Debe atender y dialogar de manera prioritaria con su entorno, vecinos y espacio circundante. Gratuidad permanente para ellos. Hace varios veranos todos los museos españoles eran gratuitos para quien tuviera esa nacionalidad.
  • Procurar un público recurrente (“Amigos del museo”, actividades con la comunidad circundante y más).
  • Tener acervo propio y exhibirlo cada tanto con innovados guiones o elementos informativos y museográficos atrayentes
  • Elementos interactivos para los visitantes y visitas guiadas realizadas por expertos
  • Renovación constante de sus exposiciones e innovación general del todo, al menos cada 5 años.
  • Gratuidad para todo público, al menos un día a la semana, de preferencia en domingo; este es el día de la semana cuando obreros, empleados domésticos y muchos padres de familia sin posibilidades de pagar las cuotas habituales. Esto sucede hasta en museo internacionales muy taquilleros como el Del Prado, El Louvre.

El propio Ingeniero Atisha, junto con el físico Refugio Martínez, pionero de la divulgación científica en San Luis Potosí, llegaron a presentar a las autoridades locales una propuesta de museo de ciencias, pero no fueron tomados en cuenta para la hechura y conducción del actual.

Vale agregar que cuando el museo potosino, oficialmente denominado Laberito de las Ciencias y las Artes estaba en proceso de edificación, su maqueta se encontraba en el Museo Papalote de la Ciudad de México, dirigido por Marinela Servitje –la que da el nombre a los pastelillos chatarra de la marca Manirela/Bimbo.

Ella “supevisó” su construcción y contribuyó a la inflación de costos y desvío de partidas presupuestales mencionados más adelante.

Como entre los pastelillos chatarra hay uno llamado chocorrol y tiene forma aproximada de laberinto, durante algún tiempo, al sitio en desarrollo se le apodo Museo chocorrol.

Un museo laberíntico grandote/pequeño, artesanal y excluyente

¿Cuántos mandatos han de transcurrir para que el Museo Laberinto, construido en una de las lomas privilegiadas del Parque Tangamanga I, tenga acceso desde el mismo parque y otorgue la entrada gratuita a la población con cuyo patrimonio se edificó?

Estos son algunas “perlas” de cómo se maneja ese recinto:

  • A diferencia de los museos de divulgación científica, no lo dirige una persona con experiencia en esa línea, sino una gerenta cuya llegada a SLP es porque sabía montar tarimas y bastidores para espectáculos e inflar presupuestos para ese ejercicio.
  • El responsable de contenidos durante la conformación del museo, fue el científico Raúl Cid, quien renunció unas horas antes de su inauguración, porque lo quisieron obligar a firmar gastos de representación (viajes y consumos no justificados) como si fueran de inversión. Era el final del sexenio del Marcelo de los Santos quien, a manera de despedida y conclusión de un ejercicio marcado por dispendio y tráfico de influencias, se asignó un endeudamiento con 1500 millones de pesos evaporados a su salida y, cuyo destino nunca se esclareció.
  • El médico Fernando Toranzo, llega a la gubernatura y encuentra en arcas menos de 50 millones e hizo la clásica labor sucesoria de tapadera.
  • En cuanto a la divulgación de la ciencia, ya era gobernador electo Toranzo y aún no tomaba posesión del cargo cuando, su esposa Maria Luisa Ramos, también doctora en medicina, dialogó con el científico Cid –en un café público ubicado en avenida Chapultepec-. Luego de un amigable intercambio de recuerdos respecto a sus trayectorias profesionales, y de la mostración de parte de Cid de un programa para asegurar el rumbo del entonces ya denominado Museo Laberinto de las Ciencias, hubo el siguiente diálogo:

-Dra. Ramos.- Dr. Cid, sé que renunció a la dirección del Museo y sus motivos, ¿qué se puede hacer para que regrese a hacerse cargo del proyecto?

-Dr. Cid.- Pues…, que me inviten doctora.

-Ramos.- Delo por un hecho… Hoy mismo lo sabe mi marido y en lo inmediato lo llamamos… amos…. amos.

  • En el mismo sitio y hora estaban en otra mesa, Martín Toranzo, hermano del gobernador electo y responsable entonces de los Parques Tangamanga y su, muy amiga (el eufemismo se lubrica solo), la gerenta de espectáculos María González. A ella se le otorgo (sin perfil ni consenso) la dirección -hasta el momento perpetuada- del Museo laberinto.
  • Por estatutos, tenga o no perfil (casi nunca hay tal) un director de estos palacetes manejados por la Secretaría de Cultura como feudos personales, permanece en el cargo, máximo, durante dos períodos de 4 años, se haya desempañado regular o peor. La gerenta del Laberinto tiene 10 años mecida en su hamaca.
  • A diferencia de cualquier otro museo de la ciudad inscrito en el séquito Secretaría de Cultura, este no exhibe en su página web costo de tarifa de entrada –siempre mayor a 50 pesos-, la tarifa promedio es de 30; tampoco muestra ser gratuito un día de la semana.
  • Está al margen del ciudadano medio, pues, si no tiene acceso por el Parque Tangamanga I, es obligado llegar en vehículo propio o auto de alquiler.
  • El precursor de estos museos en el país es el Explora de León, Guanajuato. Con 30 años de existencia, una oferta solvente en forma y contenidos e innovación constante.
  • El mejor y más consolidado museo en la línea de divulgación científica en el país, es Universum, en el campus Ciudad Universitaria de la UNAM (tipificado este como patrimonio de la humanidad) y próximo al Espacio escultórico y Centro cultural de ese mismo territorio. Fue diseñado por profesionales de esa universidad y tiene desde su planeación el soporte de 300 científicos.
  • El Laberinto potosino tiene trabajadores de servicio social ocupados como edecanes y todo el soporte o software de su instrumental es importado y a costos inflados. Ya les hizo la observación el científico Yuri Nahmad Molinari, su sala virtual es un Nintendo; pero se los etiquetaron con otro nombre en decenas de miles de dólares.
  • Fue presupuestado durante el gobierno de Fernando Silva Nieto en 100 millones y con Marcelo de los Santos costo 460 millones de pesos.

Texto revisado y actualizado de otro similar publicado hace medio año. Pero…, nada cambia al chocorrol; uno de los mirreynatos de la Secretaría de Cultura en San Luis Potosí.

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