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Cultura

Paul Leduc, hermano mayor para el cine mexicano/internacional

Jorge Ramírez Pardo

Paul Leduc siempre será ejemplo en el intangible mar de la cinefilia nacional

Bertha Navarro, productora fílmica

Sin locura ¿para qué diablos quieres hacer cine? Paul Leduc

El próximo 28 de diciembre, el cinematógrafo cumple 125 años de su primera proyección en público.

Año de consolidaciones y debuts afortunados en el cine mexicano, pero también de la despedida de figuras destacadas. Paul Leduc, fallecido el pasado miércoles 21 de octubre, es una de esos realizadores indispensables e imprescindibles de nuestra cinematografía.

Nadie con más autoridad intelectual y afectiva como Bertha Navarro para evocar a su compañero de vida cuando construyeron juntos una obra maestra de la cinematografía Reed, México Insurgente, a partir del relato “México Insurgente”, realizado durante el momento más ríspido de la Revolución mexicana, por el periodista norteamericano John Reed.

Bertha y Paul: lucha visionaria y congruencia en pro del mejor cine.

Es miércoles 21 de octubre de 2020.

Bertha aún está impactada. Es mujer de gran entereza, pero, acaba de recibir la noticia de la muerte de Paul Leduc. Tanto camino andado, casi siempre cuesta arriba, cuánta terquedad persistente.

Se toma un respiro y comenta al periodista Juan José Olivares de La Jornada:

“Me flechó de ese personaje excepcional: su talento… era un hombre que me estaba abriendo un mundo: el del cine. Todo eso me enamoró de él… fui muy feliz de haber tenido con Paul a esa hija tan maravillosa, Valentina” (…), pero, ahora, es mejor que se hable de él.

Paul era un hombre muy creativo. Un hacedor de películas muy poderosas, perteneció a una generación que planteaba tantas cosas, tantos temas… Lo recordaremos como el gran cineasta.,

En el cine, agrega Bertha, la gente quiere verse reflejada, quiere verse cómo es, sus rollos, sus broncas. De ahí se recobra la importancia de que, ojalá, las cintas de Paul Leduc se vieran más, para que los jóvenes las conocieran.

Era un hombre muy coherente, muy culto; entre lo que pensaba, su ideología, desde dónde veía las cosas, su coherencia era destacable.

Pertenecíamos a esa generación pujante que observaba lo que sucedía en esa época a nuestro alrededor. Pensábamos y estábamos convencidos que sí podíamos hacer cualquier cosa. Empujábamos y tomábamos decisiones.

Paul tenía muy claro, siempre, lo que deseaba hacer. Por ejemplo, en Reed: México insurgente se convirtió en los ojos de John Reed”.

Y lo hizo porque la forma como se veía en el cine a la Revolución Mexicana ya estaba muy agotada. Y la manera en que se abordó en Reed dio un nuevo lenguaje a la realización, con sus tomas y secuencias increíbles que eran parte de una propuesta algo adelantada a su tiempo. Qué decir de los personajes, o trabajar con actores profesionales y con los que no lo eran.

Esa cinta sigue y seguirá siendo una propuesta narrativa única, como el propio Paul Leduc, quien siempre será ejemplo en el intangible mar de la cinefilia nacional”.

El caso de ese filme –comenta Olivares- fue la conjunción de talentos, como el de la fotografía del griego mexicano Alexis Grivas, a quien Paul conoció en París siendo compañeros de clase, y a quien le tuvo mucha confianza, así como a Rafael Castanedo (editor/montajista), ambos eran realizadores relevantes para el país.

Algo más acerca de Reed, México Insurgente.

Esta película estrenada en 1973, y en su momento y para siempre, viento oxigenante e innovador para el cine latinoamericano; trasciende en años y estéticas posteriores. Logró reconocimiento internacional: obtuvo el premio Georges Sadoul de Francia a Mejor filme extranjero.

Mónica Mateos, también periodista de La Jornada, recupera otros testimonios de Paul en torno al film:

En 2013, con motivo de su Premio Nacional de Ciencias y Artes, en el rubro de Bellas Artes, Leduc dijo que filmó su primera película, Reed: México insurgente, durante el régimen de Gustavo Díaz Ordaz, “aunque la terminamos ya en tiempos de Luis Echeverría. Revitalizaron la Academia Mexicana de Cine y nos dieron, entre otros, el Ariel a la mejor dirección. Pero decidieron, además, que los entregara el Presidente, por primera vez y a título de su campaña de ‘apertura democrática’. Me tuve que negar a recibirlo porque acababan de pasar dos o tres años del 68 y no me parecía posible recibir un premio en esas condiciones”.

La forja de Paul

A diferencia de la mayoría de los más destacados de sus contemporáneos (Jaime Humberto Hermosillo, Jorge Fons, Leopoldo López Arretche, Alberto Cortez, Juan Mora, Carlos Marcovich, Mitl Valdez, Rafael Montero, Raúl Busteros, Rosa Martha Fernández, Marcela Fernández Violante, María Novaro, Alfonso Cuarón, Emanuel Luveski), Paul Leduc no perteneció a las generaciones inaugurales del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos. CUEC/UNAM. Pero sí es protagonista nodal del conjunto de realizado@s mexican@s que consolidan desde mediados de los años 1960 el primer grupo significativo surgido cuando la denominada Época de Oro del cine mexicano había declinado (1940-1960). Leduc, beneficiado por una beca, hizo estudios iniciales de cinematografía en Francia. En 1965 se va estudiar cine en París, en el Institute d’Hautes Etudes Cinématographiques. Fue alumno del realizador Jean Rouch, de quien aprendió principios para la realización de cine etnográfico.

Mientras varios de sus contemporáneos destacados (Fons, Hermosillo, Arturo Ripstein, Sergio Olhovich) se integró de lleno a la vigorosa generación renacimental del cine realizado en México (con sólido apoyo gubernamental entre 1970 y 1976), Paul Leduc fue un colega no distante, pero singular en sus búsquedas y método de trabajo. Con el apoyo de su esposa Bertha Navarro (una de las máximas productoras de cine mexicano; impulsora de Guillermo del Toro, Nicolás Echavarría, Gonzalo Infante, entre varios más), busca desde sus primeros ejercicios un formato del que fue precursor: la realización de producciones fílmicas multinacionales con notable carga experimental y ejercicio híbrido sin distinción fronteriza entre la ficción y el documental. Con ello se sacudió la sobreprotección efímera del estado y cuidó un flanco siempre desatendido (hasta la actualidad) en las realizaciones fílmicas mexicanas, la promoción y difusión internacional desde la planeación de las mismas películas.

Sólo por obviar, 95% de las películas realizadas actualmente en México tienen subsidios y casi ninguna recupera su inversión. Hay una pléyade de valiosos realizadores mexicanos fílmicos que invierten mucha de su energía en ser privilegiados hijos del fideicomisos, concursos y becas; pero no hay una pelea firme para recuperar condiciones de equidad de tiempo y programación en las salas frete a la sobreprotección –por cierto, ilegal- comprada por el cine comercial extranjero.

“Mejoralito” para niños y de buena calidad, pero mejoralito, son los festivales de cine mexicano (Guadalajara, CDMX, UNAM, Guanajuato, Morelia, Los Cabos, Durango, Riviera Maya, por mencionar a los más sólidos), que le han dado al cine mexicano actual (de 35 años a la fecha) , proyección hacia festivales europeos de la mayor envergadura (Cannes, Berlín, Venecia, San Sebastián, y más) y de este lado del Atlántico en La Habana, Toronto, Sondace Festival, Nueva York, Argentina, Perú, Colombia, Bolivia, el bloque centroamericano en torno al festival Ícaro,  y más.

Bertha y Paul, Paul y Bertha son pioneros de esa práctica visionaria integral y liberada de paternalismos y fuerte luchadora contra el predominio universal en el hemisferio occidente de la sobre-representación hollywoodense.

El legado

Cada una de sus películas tiene carga experimental y merece un recuento detallado que ya hacen algunos analistas.

Por ahora va un sintético recuento en orden cronológico:

  • Reed: México insurgente (1973),
  • El Mezquital, radiografía de un etnocidio (1976). Documental realizado en una de las regiones indígena/otomí más empobrecidas del país. En un recuento de la A a la Z, consigna la deformación económico/artístico-cultural, social de una región, como reflejo del mapa nacional. La realizó con apoyo de la National Filme Borard de Canadá y obtuvo el reconocimiento de parte de la Asociación Europea de Críticos de cine. En razón de su contenido trágico/realista y su tono críptico, es una película vigente, pero virtualmente pervivente entre el olvido y velada censura. Sí estudiada en círculos académicos y espacios crítico/analíticos. Al respecto, la escritora Elena Poniatowska comenta: en su época, Paul Leduc provocó en el cine mexicano la misma sensación que la primera novela de Carlos Fuentes en la literatura: la de una revelación.
  • Historias prohibidas de pulgarcito (1980). Documental realizado en El Salvador, donde no tenía condiciones para exhibirse. En 2016 Paul Leduc recupera la versión original de celuloide en 16 milímetros y la transfiere a formato digital. Se exhibe por primera vez en 2017, en ocasión de los 25 años de la firma de los Acuerdos de Paz, en la Universidad Francisco Gavidia-UFG, en San Salvador. Eduardo Sancho, comandante de la Resistencia Nacional Salvadoreña, quien acompañó a Leduc durante la filmación comenta: “El Salvador no tiene memoria histórica. Mucho menos va a tener identidad nacional que permita reconciliarnos. El filme de Leduc toma escenas e instantes dramáticos del último intento de diálogo. Su virtuoso don de selección de imágenes refleja la tenacidad de trabajo, de la vida en barrios y contrastes inusitados del mercado de la ciudad”.
  • Frida, naturaleza viva (1984).A esa película, con Ofelia Medina en el papel protagónico, se le atribuye parte del redescubrimiento internacional de Frida Kahlo.
  • ¿Cómo ves? (1986). La vida de jóvenes marginales en CDMX y su expresión musical.
  • Barroco (1989) referencia a la invención de América, a partir de texto de Alejo Carpentier y una búsqueda musical singular.
  • Dollar Mambo (1993), película antiimperialista referida a la invasión criminal de Estados Unidos a Panamá. Incorpora la música de Dámaso Pérez Prado.
  • Latino Bar, (remake de Santa,1991)
  • La flauta de Bartolo o la invención de la música, (1997). Incursiona en la animación y la utilización pedagógica del arte 
  • El cobrador: In God We Trust (2006). Un joven comete varios crímenes en una ciudad de Estados Unidos y la policía sigue su rastro. En otra ciudad, un ciudadano tranquilo y normal no es lo que aparenta ser. Mientras tanto, en México, una joven fotógrafa retrata la violencia de la megalópolis a través de su cámara fotográfica.

Reed y Frida figuran en la lista de las 100 mejores películas del cine nacional (de acuerdo con una relación elaborada hace un par de años por casi todos los críticos fílmicos del país).

Se fue

Solitario y solidario, de visión críptica, siempre experimental, enemigo de protagonismos, cuando se le indagaba a cerca de su trayectoria o intimidad, hacía suyas las palabras del dramaturgo Bertolt Brecht: hay tiempos en que resulta criminal hablar de la belleza de los árboles.

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