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Mathias Göeritz, re iniciador de la escultura monumental en México

Jorge Ramírez Pardo

Tal vez el recuerdo más persistente de la obra creativa en México de Mathias Göeritz son las Torres de Satélite, porque fue el primer conjunto escultórico de tamaño monumental realizado por él en el país y porque está en una loma sin competencia visual en una de las salidas de carretera más importantes de la ciudad de México.

Cuando Mathias contempla por primera vez esculturas mexicas, olmecas y toltecas monumentales, entendió porque los artistas de la plástica mexicanos de entonces no hacían escultura monumental ante el trauma de no poder igualar o aproximarse a las forjas escultóricas prehispánicas. Lo cierto es que cuando él llegó a radicar en México, pronto detonó una corriente de escultura monumental de la cual es el máximo creativo.

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Werner Mathias Göeritz Brunner, nacido alemán en Danzig -hoy territorio polaco- el año 1915. En México se consolidó como escultor, poeta, historiador del arte, arquitecto y pintor. Sus principales y singulares aportes a nuestro país con proyección internacional fueron, la escultura monumental de abstracción constructiva y el  impulso a la “arquitectura emocional”. Esta última con el arquitecto tapatío Luis Barragán.

Su formación y consolidación

En Berlín hizo estudios de Filosofía e Historia del Arte. Luego va a la Escuela de Artes y Oficios de Charlottenburg. Previa estancia en Marruecos, en 1948 en Santillana del Mar, España, funda la Escuela de Altamira, orientada al arte abstracto. Su opinión crítica/analítica provoca el retiro de su visa y es obligado a salir de la España del dictador Francisco Franco.

Viene a México en 1949 y trabajaba en la construcción del programa de estudios de recién inaugurada Escuela de Arquitectura de la Universidad de Guadalajara, ahí difunde las enseñanzas de la Bauhaus, corriente arquitectónica de trascendencia mundial.

En 1952 se trasladaría a la Ciudad de México, y dirige en la UNAM un taller de educación visual. Más tarde, la Universidad Iberoamericana le encomienda la creación de la Escuela de Artes Plásticas.

México se abría a la modernidad y gracias a él, se exponía por primera vez en el país la obra de los artistas Paul Klee (pintor) y Henry Moore (escultor). Göeritz alterna la pintura con la escultura, y su obra creativa oscila entre el expresionismo a la abstracción.

El eco y sus resonancias

En 1953 materializa en el Museo Experimental El Eco la idea en cuanto a el carácter escultórico que debía tener la arquitectura. Ese sitio tipificado como “escultura habitable” albergó bajo sus paredes irregulares, muestras de distintas disciplinas plásticas y escénicas. Albergó también galería y restaurante-bar. El sitio fue tomado durante varios lustros por la agrupación teatral Centro Libre de Experimentación Teatral y Artística, CLETA-UNAM, y hoy es museo universitario.

Para ese edificio realizó una escultura emblemática, La serpiente del Eco, ubicada durante varias décadas a un costado de la puerta principal de acceso a Museo de Arte Moderno. Esa misma escultura, fue llevada a escala monumental (60 metros de largo) y forma parte de un conjunto de piezas colocadas en la ampliación del Parque Fundidora en la ciudad de Monterrey.

Las Torres de Satélite y otras esculturas monumentales

En 1958, rompe parámetros escultóricos y urbanísticos, cuando realiza las Torres de Satélite (37 a 57 m de altura), emblema de un conjunto urbano en la periferia noroeste de la ciudad de México de entonces, entrada a Ciudad Satélite y símbolo indiscutible de un afianzamiento de la modernidad y de la arquitectura emocional. Las Torres de Satélite le fueron encomendadas por el arquitecto Luis Barragán.

Una década después, con  motivo de los Juegos Olímpicos de 1968, coordinó  el proyecto Ruta de la Amistad, circuito escultórico urbano, en el Anillo Periférico de la Ciudad de México. Este museo al aire libre, cuenta con 16 esculturas monumentales de creativos de distintas nacionalidades, y está diseminado a lo largo de 17 kilómetros. Para esa ruta escultórica, Mathias realizó La Osa Mayor, conjunto de columnas-torres de hormigón ubicado frente al Palacio de los Deportes.

Patrimonio para la UNAM

Entre 1978 y 1980 realizó el centro del Espacio Escultórico  de la UNAM en colaboración con los artistas Helen Escobedo, Manuel Felguérez, Hersúa, Roberto Acuña, Sebastián y Federico Silva, dentro de uno de los terrenos de Ciudad Universitaria, con la intención de integrar el arte y la naturaleza.

Además de un gran circulo formado por módulos piramidales, próximo a él hay piezas monumentales realizados por los escultores mencionados.

Este espacio forma parte del Centro Cultural Universitario que también comprende la sala Netzahualcóyotl, el teatro Juan Ruiz de Alarcón, la sala para espectáculos escénicos Miguel Covarrubias, las salas de cine Julio Bracho, José Revueltas y Carlos Monsiváis. 20 años después se sumó el Museo Universitario de Arte Contemporáneo.

Si en pintura está influido por el expresionismo alemán, en escultura y arquitectura desarrolla un estilo marcado por la pureza de diseño y la integración plástica espacial, como medio de elevar el nivel espiritual de la sociedad.

La arquitectura emocional

En 1954 publicó el Manifiesto de Arquitectura Emocional, corriente de la cual es precursor, caracterizada por su diseño limpio y la construcción de torres; en ella se da preferencia al sentido escultórico sobre el funcional. A decir de especialistas, la arquitectura emocional es una pregunta permanente, acerca del modo como establecemos los lugares donde habitamos y las funciones intrínsecas del ser humano. Mathias Göeritz afirmaba que la arquitectura debería ser una obra de arte, e invitaba a través de ella a morar o transitar sus espacios para poder apreciar y sentir distintas emociones al estar en nuevos ambientes.

El legado teórico de Goeritz está fuertemente influenciado por la “Gesamtkunstwerk” [el arte como totalidad], filosofía que se verá reflejada constantemente en su obra. No se entienden los conceptos de Arquitectura Emocional de Göeritz sin ver el lado profundamente humanista del artista que concibió la arquitectura no sólo como un fin, sino como un medio cuya finalidad era la emoción pura; de ahí sus reiteradas críticas hacia las modas pasajeras dentro del arte.

El color, la iluminación y el uso del agua, establecen características especiales en los entornos, que agudizan ciertos sentidos en el ser humano. Cada uno de estos elementos tienen detalles que, al apreciarlos de forma conjunta, crean espacios distintos, que permiten apreciar cada lugar de manera única. Göeritz relacionaba su experimento con la arquitectura clásica de catedrales y mezquitas, edificaciones abiertas a lo metafísico; lugares donde la actividad principal siempre está por venir, en tanto que son espacio de tránsito para quienes lo habitan, a favor de la emancipación de la experiencia humana en busca de la ampliación de los significados de vida.

El aporte del experto Fernando Rodríguez da elementos para cerrar este escrito. El escribió lo siguiente: Una de las grandes aportaciones de Mathias Goeritz al mundo fue ese grito de urgencia de “socializar el arte” y sacarlo del frasco de su individualización. Desde su perspectiva, el espacio escultórico y la arquitectura debían de ser un trabajo en equipo que relacionara lo construido con el sentir del hombre en la urbe.

Pensaba que embellecer el espacio público no sólo ayuda al desarrollo estético de una ciudad si no también equilibra al hombre en su estructura básica.

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