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Ver para Pensar: De hijo pródigo a Pantócrator

Querida lectora, a estas alturas, ya habrás notado que, de las mil historias de huérfanos en los cómics estadounidenses, me fascina especialmente la de Bruno Díaz/Bruce Wayne.

Hoy quiero recomendarte la serie Gotham creada por Bruno Heller para la Warner (2014-2019) y disponible en Netflix.

Mi Nana Mary y mi Ciudadana Madre estaban escandalizadas con su oscuridad y violencia, enamoradas como estaban de versión de Batman por Adam West (1966-68), pero el desarrollo dado a los personajes en estos cuarenta años a mí me encanta.

Demos una vuelta al episodio 1 de la temporada 2 de Gotham, que salió al aire en Septiembre de 2015. Enfoquémonos en cuatro escenas.

Primera escena. Jim Gordon –el futuro Comisionado Fierro– ha sido injustamente despedido de la policía de Ciudad Gótica (Gotham).

Su cese fue orquestado por policías corruptos que controlan el departamento de policía y la alcaldía de la gran ciudad. ¡Nadie quería a un hombre recto en el lugar! Gordon/Fierro está desesperado. Ya no tiene defensa legal. Pero sabe que aún hay una solución.

Lo discute con su pareja, la psicóloga forense Leslie Thomkins. Ella resume el dilema así: “—¿Tanto deseas ser policía que estás dispuesto a romper la ley?” Jim responde: “—Estoy dispuesto a torcerla un poco, sí.”

¿La razón? Porque Fierro es un policía, un verdadero creyente de la función de policía y buen gobierno, practicante del “to serve and protect”. Pero Leslie sabe que el ejercicio del poder público transforma a quien lo asume.

Segunda escena. El camino que Fierro tiene para regresar al cuerpo de policía implica hacer un trato ilícito con el nuevo zar de la mafia que controla la ciudad (Oswald Cobblepot, El Pingüino).

Cobblepot, quien admira la reciedumbre de Fierro y a quien el policía salvó varias veces la vida (primera temporada), prefiere tener a un hombre íntegro en la policía y no a la ambigua y tornadiza caterva de politicastros que hay en ese momento.

Pero El Pingüino también desea controlar al mejor policía que ha conocido. Le ofrece ayuda, a cambio de que Fierro cobre –incluso con violencia y sangre– una deuda de un mafioso rebelde. Jim se niega.

Tercera escena. Su amigo Harvey Bullock –a quien también lo han echado del departamento de policía– le hace ver lo bien que se vive como civil… Bullock ya no bebe.

Ahora es un cantinero exitoso con vida de hogar. Bullock le dice que hace bien en no trabajarle a El Pingüino. Veamos su conversación:

Jim: “—A la chingada El Pingüino. A la chingada la Policía. A la chingada la Ciudad.”

Bullock: “—¡Amén! Haces lo correcto, hermano. Vete, Jim. Simplemente vete.”

Jim: “—Harías lo mismo, ¿verdad?”

Bullock: “—¿Yo? Yo le serviría un sandwich a Belcebú, pero ése soy yo. Tú eres un moralista. No podrías trabajar para El Pingüino. La vergüenza te comería las entrañas.”

Bullock le insiste en que hace bien en retirarse de la policía: “—Es el trabajo, Jim. Nos enoja, nos hace malos.”

Fierro trata de emborracharse en la cantina de su amigo, pero desiste al final. Sale y atraviesa a pie la ciudad entera, hasta llegar a la Mansión Díaz.

La caminata le ha regresado la sobriedad pero no le ha despejado la mente. Lo reciben el mayordomo-tutor, Alfred Penyworth, y Bruno Díaz, el huérfano adolescente.

Cuarta escena. Fierro le explica a Bruno que ya no podrá cumplir su promesa de resolver el homicidio de sus padres, pues le han despedido. Que tiene una posibilidad de regresar, pero con un costo demasiado feo, malo.

Bruno le contesta, oscuro y duro, pero al mismo tiempo claro y agudo: “—Ah, pero Usted no puede hacer eso, porque El Pingüino es un mal hombre, y colaborar con él sería rebajarse… Usted iba a encontrar a los asesinos de mis padres.

Usted iba a luchar por la justicia. Usted iba a limpiar la policía… a transformar Ciudad Gótica. Si Usted se quedara en la policía bien podría hacer todas esas cosas buenas. Pero antes debe Usted hacer algo malo. Y su honor personal se lo impide.

¿No será que está sacrificando el bien mayor por preservar su dignidad y auto estima? ¿Por vanidad? … Seguramente, hay veces que el camino correcto también es el camino obscuro.”

Alfred tercia: “—Hay ocasiones en que un hombre no puede tomar el camino correcto. Él está lidiando con una clase de problemas  que Usted no puede entender porque aún es un niño”.

Bien educado, el señorito Díaz cierra la conversación, reconociendo que es sólo un niño. Pero los niños siempre dicen la verdad. Y ven al rey desnudo.

Fierro aceptará la oferta de El Pingüino y logrará su reinstalación. Durante las siguientes temporadas lo veremos usando el poder para lograr la justicia.

De las escenas que he revisado surge la agridulce claridad de que no se puede ser feliz (cosa personal, egoísta) y al mismo tiempo hacer justicia (cosa colectiva y por lo mismo, contradictoria). La saga del policía Fierro de Gotham anuncia al Batman oscuro de nuestros días.

El adolescente dulce, niño perdido en medio de la urbe, se convertirá poco a poco en el justiciero Pantócrator. Y la sociedad habrá ganado. No hay mal que por bien no venga.

El huérfano se vuelve Pantócrator

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