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“Feral”, del potosino Andrés Kaiser: horror hiperrealista, entre el documental y la religión

Juan Felipe de Jesús, hombre religioso, intentó ser monje pero la doctrina no le bastó. Eligió hacerse ermitaño, construyó su vivienda en lo más cerrado del bosque de Oaxaca. Ahí encuentra a tres niños ferales y decide criarlos. La presencia enigmática de este hombre se construye entre los testimonios de quienes lo han conocido. Y todos tratan de revelar ese misterio de su vida, que lo lleva a la tragedia.

Ándres Kaiser (San Luis Potosí, 1984) define a su ópera prima Feral como horror hiperrealista y rural: “habla de cómo estamos atravesados por herencias culturales como la religión y cómo queremos imponerlas a los demás.”

Kaiser también cuestiona con insidia el género del documental: registros visuales que buscan proponer una realidad que nunca termina de aprehenderse.

Feral, película ambiciosa entre el género y la experimentación, estrena el 2 de julio en salas del circuito cultural del país: Cineteca Nacional, Cine Tonalá, Autocinema Coyote, las cinetecas de Guadalajara, Nuevo León, San Luis Potosí, Estado de México.

Platicamos con Andrés Kaiser y su actor protagonista, Héctor Illanes, sobre esta experiencia angustiante de terror cotidiano,

¿Cómo nace Feral? 

Andrés Kaiser (AK): Llegó desde varios lados, uno tiene que ver temáticamente: fui alumno de Vicente Leñero y ahí supe del monasterio de Santa María. Vicente escribió ahí su primera novela y pudo vivir el proceso de cerca, eso me abrió muchas puertas.

Hay una influencia de Pueblo rechazado de Vicente Leñero y luego había una serie de novelas como El señor de las moscas de William Golding, esos niños abandonados en la isla tratando de construir civilización, A sangre fría de Truman Capote, cómo Capote no se preocupa por sorprender con el asesinato y más bien explica por qué sucedió el asesinato. Saber que existen los niños salvajes terminó de aterrizar todo, pensar que había una película y empezar a trabajar el guión por ahí del 2014.

Otro referente era Canoa de Felipe Cazals, unos jóvenes que pasan la noche en un pueblo desconocido y les sucede una serie de atrocidades. Esa es la línea de 452 películas de horror americanas de las últimas tres o cuatro décadas.

Cuentas la historia desde el falso documental, da este elemento de incertidumbre en tus personajes. Hay un ejercicio de ambigüedad, están dados los testimonios a medias, hay un juego incierto, incómodo.

AK: El formato de documental daba chance de que los personajes se contradijeran y el espectador tome parte activa. Como espectador ni siquiera sabes bien lo que está pasando y hay una ambigüedad, se presentan grietas en la narrativa para que puedas ser partícipe, fue uno de los principios que tuvimos muy claro cuando hicimos la película.

Héctor Illades, protagonista de Feral, ¿cómo preparas este personaje religioso, ermitaño, que es Juan Felipe de Jesús?

Héctor Illades (HI): Tengo un familiar sacerdote y tomé muchas cosas de él, fue cercano a la Teología de la Liberación que maneja Juan Felipe de Jesús. Asistí a la liturgia eucarística y me volví otra vez fiel. Estuve cada ocho días en la celebración de la misa, estudié a varios sacerdotes y me baso en varios, sobre todo monjes benedictinos, que en la Ciudad de México hay varios centros suyos. Era tomar desde la forma que se conducen, cómo hablan, respiran; cómo transitan. Hay un halo de misticismo, como que todos hablan igual, hay una circunstancia de lenguaje.

Después pude acceder al libro Crisis de fe del maestro Fernando M. González, él documentó muy bien el proceso psicoanalítico de Santa María de La Resurrección, monasterio del que se habla en el largometraje.

AK: Tuvimos un proceso atropellado. El financiamiento fue difícil y se cayó en varios momentos. Yo le decía Héctor: “lo siento mano, se retrasó, vamos a rodar en seis meses” y Héctor iba más a la iglesia; yo pensaba: “éste ya no va a actuar y va a terminar siendo monje en la ermita” pero ese tiempo le vino muy bien al personaje.

En tus tres actores niños está mucha de la fuerza de la película. ¿Cómo trabajaste con ellos?

AK: Para hacer un falso documental tratas de que todo tenga una verosimilitud desgarradora, más que verosimilitud buscas hiperrealismo. Si los niños no funcionaban, la película se iba a caer como un castillo de naipes, ahí radicaba su fortaleza y su debilidad.

Conseguimos dos directoras de casting infantil, Daniela y Margarita Mandoki, y a Jaime Razzo, maestro de butoh, una danza japonesa muy fuerte y muy tirada a la tierra. Entre los tres buscamos a estos niños.

La búsqueda comenzó en El Faro de Iztapalapa, los sábados hicimos un taller al que asistieron una gran cantidad de niños. Fue un año de estar fines de semana, sábados y viernes en la noche, hasta que llegamos a los tres niños finales.

En algún momento me pareció prudente introducir a Héctor, era con quién iban a estar actuando. Fue un momento gracioso, pensamos cómo presentarlos, ¿recuerdas, Héctor, cómo entraste a la jauría?

HI: Andrés propuso una dinámica: ellos trabajaban en su sesión y de pronto llegaba yo al salón, me confundía, “ay, perdón, pensé que estaba ensayando alguien más”, y el instructor Razzo me invitaba a participar. Así me presente, como alguien que pasó, se confundió y de repente estaba trabajando con ellos. Ahí me di cuenta del nivel de exigencia que tenían los niños con sus instructores. A media sesión estaba sudando, cansado y veía a los niños con una energía, era maravilloso.

Una cosa es preparar el personaje, Héctor, pero estar en la locación con Andrés, con los muchachos ¿Cómo trabajaron?

HI: Nos ayudó muchísimo la locación, estuvimos en medio del bosque donde no hay luz, ni sistema eléctrico, ni hay señal de celular. Otra cuestión importante fue el diseño de producción, estábamos filmando en una cabaña construida ex profeso. Yo pude ver cómo se estaba construyendo y eso me alimentó muchísimo para crear al personaje.

Este tono es difícil porque es de documental, como hacer una entrevista. Como actores venimos acostumbrados a interpretar desde otro lado, una ensoñación o una fábula, no desde el hiperrealismo, que es más tangible y palpable.

AK: La película es muy campechana, tiene actores con formación profesional como Héctor y otros que en su vida habían estado frente a una cámara. Para mí la dirección de actores se me hace de las cosas más místicas dentro del quehacer cinematográfico, de qué manera hablarle al actor para que nos quedemos con la mejor interpretación.

Con Héctor fue muy grato porque podía hablar fácilmente, como cuando los ingenieros hablan con los arquitectos de los puentes; era una comunicación fluida, el resultado se ve en pantalla y habla por sí mismo.

El cartel de la película propone una historia de terror. Es una película inquietante, oscura, pero no necesariamente sobrenatural, no convoca a los clichés del género. ¿Se pensaba en estos saltos de género?

AK: Siempre tuve claro que sería una película de horror, lo que pasa es que cultural y comercialmente hay una confusión en torno a ellas. Evité cualquier construcción sobrenatural por principios, creo que el horror sobrenatural occidental es propaganda cristiana, el fantasma y el creyente que expulsa el fantasma, no estaba interesado en eso.

Para mi era importante un horror terrenal, plausible, y una exploración al pasado: cómo este equipo documental explora lo que sucedió en los ochenta por medio de cintas de video, hacer un análisis de la imagen.

Si bien no es el horror convencional, Feral se va develando en torno a eso: empieza como un documental de investigación, se transforma en un thriller e incorpora gradualmente elementos de horror.

Es una película que transforma los géneros que recorre. No sabría en qué género categorizarla, hay quien considera que pertenece al drama pero también hay elementos del thriller clásico y del horror que no necesita lo sobrenatural para validarse como género.

Publicado en IMICINE

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