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Opinión

Ver para pensar: Brideshead Revisited

Federico Anaya Gallardo

Nuestro novelista (en realidad cuasi-cronista) de la élite británica del siglo XX, Evelyn Waugh, es mayormente recordado por Brideshead Revisited: The Sacred and Profane Memories of Captain Charles Ryder, publicada por Chapman & Hall en 1945. He incluido en esta reseña la cubierta de la primera edición. El elegante marco del título anuncia la temática. El capitán Ryder nos contará cómo conoció a una familia aristócrata y se enamoró de varios miembros de ella. En 1981 fue llevada a la pantalla por Granada TV, en una serie de once episodios que siguen fielmente la escritura de Waugh. Puedes ver la serie completa en YouTube –aunque sin buenos subtítulos. (Liga 1.) El póster de publicidad nos muestra a los cuatro caracteres centrales: Sebastian Flyte (Anthony Andrews), Aloysius (el oso de peluche), Julia Flyte (Diana Quick) y Charles Ryder (Jeremy Irons). Se les ve montados en un símbolo de estatus (un lujoso descapotable) frente a otro, una mansión señorial en la campiña inglesa.

Waugh llamó Brideshead a la mansión. Los críticos literarios han identificado varios modelos reales para la mansión imaginaria del escritor. Granada TV decidió que el gigantesco Howard Castle, en Yorkshire, sería la locación adecuada. Acaso exageraban. Como sea, su decisión impuso una moda que persiste hasta hoy: si quieres retratar aristócratas británicos de la entreguerra, usa un castillo gigantesco. Así fue como Highclere, en Hampshire, se convirtió en Downton Abbey.

En Inglés, “revisite” significa “revisar” pero también puede entenderse, más literalmente, como volver a visitar. La expresión se usa cuando un académico revisa un texto ya conocido. En la novela, el capitán Ryder vuelve a visitar en 1944 una mansión en la que pasó momentos relevantes de su juventud hacia 1925. Probablemente, Waugh también vuelve a visitar a su generación oxoniana, los Bright Young Things luego de la Segunda Guerra Mundial –en la que el escritor sirvió como oficial al lado de Randolph Churchill en Yugoslavia. (Otra razón “de peso” para olvidar la acusación de nepotismo contra Chapman & Hall: si eres amigo del primogénito de Winnie…)

Waugh nos cuenta que el reencuentro de su capitán con su memoria fue fortuito. Su batallón recibió órdenes de cambiar su campamento una noche y todos fueron trasladados a un destino desconocido. Se entiende que este tipo de cambios eran necesarios para desinformar al enemigo, para ocultar puntos de embarque y destino. Luego de hacer campamento por la noche, Ryder se va a dormir. Dejemos a Waugh explicarlo directamente:

“Dormí hasta que mi sirviente me despertó, me levanté cansino, me vestí y afeité en silencio. Fue hasta que llegué a la puerta que pregunté al oficial subalterno, «¿Cómo se llama aquí?» Me dijo y, en ese instante, como si alguien apagase la radio, desapareció de pronto una voz que llevaba balando rato en mis oídos, sin cesar, fatua, por días sin cuento. Apareció un inmenso silencio, vacío al inicio. Luego, poco a poco, según mis afectados sentidos se recuperaban, se llenó de una multitud de sonidos dulces, naturales y largamente olvidados. El oficial había pronunciado un nombre tan familiar para mí, un nombre de conjuro de tan antiguo poder, que, al oírlo, aparecieron fantasmas de viejos días de embrujo.”

Como en Decline and Fall (1928) y en Vile Bodies (1930) Waugh desliza su biografía en la narración. Waugh ganó su lugar en la misión británica ante el mando comunista yugoslavo en 1943-1944 porque el Primer Ministro era un asíduo lector de sus novelas. Pero el servicio militar no era su vocación. Aunque su encarnación literaria en Brideshead, el capitán Ryder, está terminando su entrenamiento para unirse a las tropas británicas que irán a Medio Oriente ó a liberar Francia; en realidad la re-visitación a Brideshead es el retorno de la élite de entreguerras a su adorada normalidad. La novela vió la luz en el año de la victoria aliada.

Regresemos a la novela. (Puedes leerla completa gracias al Proyecto Gutemberg, en la Liga 2.) Avisado del lugar adonde acampa por azar, Ryder recorre la comarca. Entre la floresta y la niebla aparece el castillo de su juventud. En la misma entrada, Ryder dice que “aquí, a los 39 años, empecé a ser viejo” y que “aquí murió mi último amor”. Waugh es oscuro a propósito. Su enamorado puede ser el Ejército; en el cual él y Ryder habían tenido aventuras que ya se habían vuelto rutina, por lo que ahora abandonaba a su amante para regresar al castillo de la aristocracia británica… Pero la consciencia de la vejez del narrador anuncia también la evocación de las personas que Ryder conoció en el castillo y que la novela nos revelará como su verdaderos amores –personas de carne y hueso. En la primera parte de la novela (Et in Arcadia Ego, En Arcadia soy), el Capitán Ryder nos contará su deslumbramiento con Sebastian Flyte: “Conocía a Sebastian de vista mucho antes de ser presentados. Era inevitable porque, desde su primera semana, fue el más visible de los hombres de su generación. Su llamativa belleza y sus excentricidades parecían no tener límite. La primera vez que lo ví fue a la puerta de Germer y, en esa ocasión, lo que más me llamó la atención no fue su apariencia, sino el gran oso de peluche que llevaba. … Era mágicamente bello, con esa calidad epicena que, en la extrema juventud, canta alto por amor y se marchita al primer viento frío.”

Aclaración culterana: “epiceno/a” es un adjetivo que tanto en Inglés como en Castellano denota que algo no tiene género, no es binario (masculino/femenino) ó es ambas cosas. El centro de la novela es el amor entre Charles y Sebastian. Lo era en 1945 y lo era en 1981, cuando Granada la adaptó para TV. Cualquier lector atento podía entender el mensaje hace ocho décadas. Las audiencias lo entendieron más directamente gracias a las actuaciones de Irons y Andrews. En la versión realizada en Hollywood en 2008, dirigida por Julian Jarrod, finalmente veremos besarse a los dos personajes (interpretados por Matthew Goode y Ben Whishaw).

¿Era necesario que Jarrod “sacara del clóset” a Charles y Sebastian? No. Desde 1945 Evelyn Waugh había descrito con toda claridad su amor homosexual. La lectora atenta sólo debía ir al diccionario para saber qué significa “epicena”. Lo que a mí me parece relevante no es esto, sino que Waugh pudiese escribir sobre el tema en una sociedad que aún penalizaba esa identidad de género. Recordemos que en 1952 –mientras Waugh era ensalzado por todos– Alan Turing y su pareja, Arnold Murray fueron procesados y condenados por “gross indecency”. No importó que Turing fuera uno de los héroes académicos que descifró el código nazi-fascista. El matemático no era amigo del hijo de Churchill. De hecho, tan tarde como en 2011, el ministerio de Justicia del gabinete conservador de David Cameron, denegó una petición de indulto póstumo para Turing y Murray –alegando que Turing sabía que sus actos eran un delito y la ley requería que la ofensa se persiguiese. Pero, como la obra de Evelyn Waugh nos demuestra una y otra vez, hay una ley para los de Arriba (a quienes se les llama Bright Young Things y consiente cualquier cosa) y otra para los súbditos de Su Graciosa Majestad Británica.

Esto es lo que me deja ver el Brideshead Revisited de 1981 por Granada TV: los poderosos son impunes en todo lo que hagan, excéntrico ó delictivo. Y el resto de la sociedad debemos perdonarles porque lo hacen con buen gusto.

Para terminar, lectora, te dejo dos testimonios del propio Waugh sobre Brideshead, recuperado recientemente por The Catholic Herald (Liga 3). En una carta de 1944, Waugh explicaba a una amiga (Lady Dorothy Lygon) que estaba escribiendo su novela y que sería “un libro muy bello, para sacar lágrimas, acerca de gente muy rica, bella, de buenas familias quienes viven en palacios y no tienen problemas más allá de los que se crean a sí mismas. Y estos provienen básicamente de esos demonios, el sexo y la bebida.” En la edición de 1959 (cinco años luego de la muerte de Turing, relacionada con la castración química a la que fue condenado), He-Evelyn explica que el tema de su novela era “la operación de la Gracia Divina en un grupo de caracteres diversos pero cercanamente conectados”.

Si la impunidad repugna, peor es que se le vista en ropaje religioso. Pero parecería que esa es una perversión muy común entre anglicanos y católicos.

Ligas usadas en este texto:

Liga 1:

Liga 2:

https://gutenberg.ca/ebooks/waughe-bridesheadrevisited1945/waughe-bridesheadrevisited1945-00-h.html

Liga 3:

https://catholicherald.co.uk/snobbery-sin-and-salvation/

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