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Ciencia y Tecnología

La nueva imagen que maravilló a la NASA, ya no es la del James Webb

La NASA ha publicado una nueva imagen de uno de los objetos más extraños y escasos del universo observable. Una visión tan nítida que parece una captura del telescopio espacial James Webb aunque no lo sea. El objeto se llama Zeta Ophiuchi, una de las pocas ‘estrellas fugitivas’ conocidas, un tipo de cuerpo celeste extremadamente raro del que todavía no sabemos su origen con total certeza.

La estimación de los científicos es que sólo hay unas 10.000 estrellas de esta clase en la Vía Láctea, una cifra insignificante en comparación con las más de 100.000 millones de estrellas en nuestro vecindario cósmico. De ellas, la mitad son estrellas fugitivas que viajan a hipervelocidad, astros con tal aceleración que escaparán la atracción gravitatoria de nuestra galaxia y saldrán al espacio intergaláctico. De hecho, las estrellas más rápidas de este grupo ni siquiera tienen su origen en la Vía Láctea, sino que ya salieron disparadas hace millones de años de la Gran Nube de Magallanes, una galaxia enana que orbita la nuestra.

La exótica naturaleza de Zeta Ophiuchi — un titánico astro azulado 20 veces más masivo que el Sol — radica en una trayectoria y velocidad que no tienen nada que ver con el resto de estrellas en la Vía Láctea. Situada en estos momentos a 400 años luz de la Tierra En vez de orbitar de forma estable alrededor del centro galáctico en el que vive el agujero negro Sagitarius A, esta estrella fugitiva viaja en una trayectoria libre a unos 162.000 kilómetros por hora generando una onda de choque de millones de kilómetros de diámetro en el complejo de nubes de Rho Ophiuchi, una de los criaderos de estrellas más cercanos al sistema solar.

Al contrario que esas estrellas ordinarias, las estrellas fugitivas atraviesan vastas distancias tan rápidamente que podemos observarlas realizando fotografía cada pocos años desde la Tierra. La velocidad peculiar de Zeta Ophiuchi — es decir, su velocidad en comparación con la del fondo galáctico — es de 30 kilómetros por segundo. A la vez, la estrella tiene una velocidad rotacional de 400 kilómetros por segundo. La combinación de velocidad y el campo magnético de la estrella resulta en la onda de choque que puede observarse claramente en la foto: el arco de color rojo que se puede ver en la imagen — capturada hace años por el observatoria Spitzer — es el resultado de la interacción entre el campo magnético y la materia que sale de la estrella a medida que atraviesa las nubes de polvo y gas interestelar de Rho Ophiuchi, como si fuera el agua rompiendo contra el casco de un barco. Según los datos, la estimación de los científicos es que la temperatura de esta ola de proa cósmica es de decenas de millones de grados.

El origen de estas estrellas todavía no está totalmente claro, dice la NASA. Algunas simulaciones muestran posibles interacciones con objetos de gran masa, como agujeros negros, que actúan de hondas gravitacionales. Pero hoy en día el consenso científico teoriza que su génesis está en los sistemas binarios, parejas de estrellas que rotan una en torno a la otra.

La teoría — propuesta por primera vez por el astrónomo holandés Adrian Blaauw en 1961 — es que las estrellas fugitivas salen disparadas de esos sistemas cuando su compañera binaria estalla en una violenta supernova. La pérdida de masa de la estrella que explota y la fuerza de esa supernova actuaría como una especie de taco de billar, sacando a esta bola cósmica de su órbita a una velocidad tan grande que la puede sacar de la galaxia. Sea como sea, aunque las espectaculares imágenes del telescopio espacial James Webb siguen acaparando la atención de científicos, fans de la astronomía y público en general, telescopios como Spitzer y Chandra — la imagen publicada por la NASA combina las observaciones infrarrojas de Spitzer con los datos de rayos X obtenidos por Chandra —, el propio Hubble y los grandes telescopios en tierra demuestran que la astronomía sigue avanzando a toda máquina en una carrera para descubrir el cosmos y a nosotros mismos. Hay que seguir excitados por el James Webb, pero también por los telescopios anteriores todavía operativos y por los que vendrán.

Con información de: El Confidencial

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