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Opinión

Ver para pensar: Corrupción Política

Federico Anaya Gallardo

La película Caiga quien caiga, del director peruano Eduardo Guillot, se estrenó en 2018 –justo cuando la República del Perú vivía una crisis constitucional en la que el vicepresidente Martín Vizcarra (n.1963) sustituyó al presidente Pedro Pablo Kuczynski (n.1938). Kuczynski había renunciado a su cargo, pero había mucho más detrás de ello. Por una parte, el presidente se enfrentaba a una mayoría opositora en el congreso peruano y, por la otra, la Fiscalía General había abierto una investigación en su contra por el Caso Odebrecht. El presidente parecía estar en manos de la oposición fujimorista –que promovió su caída alegando “incapacidad moral permanente”.

Déjame explicarte lo jurídico antes que lo cinematográfico. La vacancia ó ausencia definitiva de la Presidencia peruana puede ocurrir por muerte y por renuncia aceptada por el Congreso. Pero también porque el titular del poder ejecutivo haya salido del territorio nacional sin permiso del parlamento ó no regrese en el tiempo fijado –lo cual implica ya un conflicto político mayor. Otra causal de vacancia es que el primer mandatario sea sancionado por crímenes graves (traición a la Patria, impedir elecciones, disolver sin razón el Congreso o boicotear a otros órganos del Estado). En estos casos, el Congreso destituye al Presidente. Equivale al juicio político mexicano ó al impeachment brasileño.

Pero Perú tiene otra causal de vacancia. El Congreso puede declarar la incapacidad moral ó física permanente del Presidente. Esta causal probablemente nació del escenario de enfermedad grave é incapacitante. Pero al agregarse la “incapacidad moral” se otorgó a la asamblea legislativa la posibilidad de juzgar éticamente al primer mandatario… en abstracto. Mientras que en el impeachment debe haber un acto inconstitucional del primer mandatario, la declaración de permanente incapacidad moral no requeriría ese sustento fáctico.

Aquí puede verse el gran poder otorgado al parlamento por la Constitución peruana de 1993. Cosa rara, porque esta carta magna nació del auto-golpe de Estado orquestado por Alberto Fujimori en 1992. Este político peruano de ascendencia japonesa había ganado en segunda vuelta la elección de 1990 apoyado por la gobernante Izquierda tradicional (Alianza Popular Revolucionaria Americana, APRA) y por sectores emergentes que nunca antes habían participado en política (iglesias evangélicas, pequeños empresarios) y que conformaron el partido Cambio90. Su oponente era Mario Vargas Llosa, candidato de la Derecha tradicional bajo las siglas del Frente Democrático (Fredemo). En esa segunda vuelta, Fujimori obtuvo 62% contra 38% del hoy Marqués de Vargas Llosa.

Pese a que ascendió al poder apoyado por la Izquierda (Cambio90 tenía 30% y el APRA 32%) la política de Fujimori Presidente fue todo lo contrario. En 1986, Vargas Llosa había prologado el libro El otro sendero: La respuesta económica al terrorismo escrito por Enrique Ghersi, Hernando de Soto y Mario Ghibellini para demostrar que el comunismo maoísta de Sendero Luminoso estaba equivocado y que lo que el Perú requería era una “revolución neo-liberal”. Esta era, en parte, la plataforma de Vargas Llosa en la campaña de 1990. Fujimori también estaba contra de los senderistas, pero se agenció los votos apristas posicionándose contra las recetas del FMI –que Vargas Llosa consideraba necesarias. A los pocos días de tomar el poder, Fujimori invitaba a de Soto como asesor estrella, abrazaba al FMI y anunciaba un “plan de choque” neoliberal. Como buena parte del gobierno se oponía a las reformas fujimoristas, el presidente dio el auto-golpe de Estado dos años más tarde. De Soto lo apoyó y colaboró en el diseño de la nueva constitución. De Soto ha sido fujimorista desde entonces y hasta nuestros días.

Te cuento todos estos chismes de la política peruana para que no te sea difícil acercarte a Caiga quien caiga de Guillot. La puedes ver en Amazon Prime. Las escenas iniciales te mostrarán a un potentado político acicalándose. Escoge uno de sus relojes de oro, uno de sus anillos de piedras preciosas, un par de sus caras mancuernillas y sale en su elegante Mercedes Benz seguido de sus escoltas armados. Se trata de Vladimiro Montesinos. Si Hernando de Soto fue el artífice del modelo económico fujimorista, Montesinos fue el forjador del Estado militar-policial que destruyó a Sendero Luminoso y quien se aseguró que Fujimori ganase dos reelecciones (1995 y 2000). Montesinos y Fujimori establecieron una dictadura de facto y han sido encontrados culpables de varias masacres tanto por la Justicia internacional como por los tribunales peruanos. Ambos están hoy en prisión.

La película de Guillot se ubica en el segundo semestre del año 2000 y se basa en el libro del mismo título escrito por el abogado José Ugaz Sánchez Moreno (n.1959). El partido formado alrededor de Fujimori se llamaba Perú 2000 y había ganado sólo 52 de las 120 curules del Congreso de la República. El partido del segundo lugar, Alejandro Toledo, se llamaba Perú Posible y obtuvo 29 curules. Montesinos debía asegurarse más votos y para ello amenazó y ofreció dinero (cosa que ya era su costumbre de años atrás). Para asegurar sus arreglos, videogrababa las transacciones y las atesoraba en el  SIN (Servicio de Inteligencia Nacional), a cuyas instalaciones nos llevarán las cámaras de Guillot en sus primeras secuencias. El problema es que varios de esos vídeos se filtraron a la prensa y estalló un escándalo. Así las cosas, Fujimori decidió sacrificar a Montesinos.

Para ello, Fujimori ordenó a su ministro de Justicia que nombrase un Procurador Público Ad-Hoc para acusar a Montesinos. El abogado Ugaz aceptó el cargo, pero puso por condición que se le asegurase total independencia. La película nos muestra cómo, entre la élite peruana, empezaba a cundir el pánico. Los socios mafiosos de ayer estaban dispuestos a rendir testimonio unos contra otros. Ugaz –que en la vida real ya había sido procurador ad-hoc en varios casos anti-corrupción bajo los gobiernos de Fujimori– utilizó eficazmente las instituciones de testigo protegido y de criterio de oportunidad para acorralar a Montesinos. Pero la corrupción era tal que la investigación terminó enredando al propio presidente de la República.

Wikipedia (que aunque la critiquemos es uno de los espacios públicos más extendidos de nuestra sociedad globalizada) ha registrado que la investigación Ugaz documentó la complicidad de 532 personas y judicializó 200 acusaciones. La película de Guillot nos ofrece al final, un bouquet de ejemplos… incluida la locutora Laura Bozzo –quien fue condenada por peculado por el dinero que recibía de Montesinos para apoyar en sus programas la política de Fujimori y atacar a los enemigos del régimen. (¿En México veremos algún día a nuestros Lauros Bozzos en similar predicamento?)

Caiga quien caiga se nos presenta como una lucha heroica, cosa que sin duda es verdad. Pero omite varios detalles relevantes. Uno, explicarle a la espectadora por qué el régimen de Fujimori estaba tan débil en el Otoño de 2000, si había ganado su Guerra Sucia y acababa de imponerse la segunda reelección presidencial. Dos, ¿por qué un abogado honesto aceptaría colaborar con un régimen tan corrupto? (Sobre esto, te recomiendo ver la opinión de un colega de Ugaz, que rechazó colaborar como Procurador Ad-Hoc, Ernesto de Jara. Liga 1.) Tres, cómo es posible que el fujimorismo siga vigente políticamente hoy en día.

Porque –retornemos a la crisis constitucional peruana de 2018– lo que determinó la caída de Kuczynski fue que promulgó un indulto a favor de Alberto Fujimori –quien estaba preso desde 2001. Este acto sólo se explicaba como un “pago” para mantenerse en la Presidencia. Porque la costumbre de comprar legisladores, ofrecer favores y conspirar desde el gobierno sigue igual en el Perú contemporáneo que en las primeras escenas de la película que hoy te recomiendo.

Liga usada en este texto:

Liga 1:

https://revistaideele.com/ideele/content/mi-verdad-frente-la-de-ugaz-en-caiga-quien-caiga

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