Aunque los dispositivos detectores de luz infrarroja fueron inventados desde mediados del siglo XX, esta es la primera vez que se crean lentes de contacto capaces de ver en estas longitudes de onda.
Los dispositivos para “ver” en luz infrarroja, cuyo objetivo es observar la realidad en otras longitudes de onda, no son una novedad. De hecho, existen desde finales de los años treinta del siglo pasado, cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial y, quienes los utilizaban, eran mayoritariamente militares.
Hoy en día, estos dispositivos siguen siendo un tanto aparatosos, abultados y con un peso considerable. Aunque todavía se utilizan para tareas militares, su uso también se ha extendido al campo de la investigación científica y con fines recreativos.
Esa voluminosidad —y, por lo tanto, a veces poca practicidad— podría cambiar en los próximos años. Recientemente, científicos de la Universidad de Ciencia y Tecnología de China (USTC, por sus siglas en inglés) anunciaron que lograron crear los primeros lentes de contacto que transmiten visión infrarroja. Estos pueden funcionar incluso si las personas que los portan tienen los ojos cerrados.
La novedad de estos lentes, cuyo costo de producción ronda los 200 dólares, es que funcionan a través de nanopartículas, las cuales convierten la luz del infrarrojo cercano (que va del rango de los 800 a los 1,600 nanómetros) en luz visible, es decir, en longitudes de onda más cortas que van de los 400 a los 700 nanómetros.
Las nanopartículas, como su nombre lo indica, son partículas extremadamente pequeñas —unas mil veces más pequeñas que el grosor de un cabello— y se utilizan en varios campos, como la medicina (por ejemplo, para transportar fármacos dentro del organismo), la electrónica para crear sensores altamente sensibles, la purificación del aire y, hasta en cuestiones cotidianas, como la elaboración de cosméticos y envases inteligentes.
Por lo tanto, esta es la primera vez que se han utilizado para la creación de lentes de contacto que observan en el infrarrojo.
En lo que respecta a la luz infrarroja cercana, esta se encuentra fuera del rango de longitud de onda que las células de nuestra retina pueden detectar. De ahí la necesidad de crear dispositivos, ex profeso, para dichos fines.
En la naturaleza, por ejemplo, existen animales capaces de detectar el calor desprendido por los objetos (usted y yo emitimos luz infrarroja porque desprendemos calor y, si los ojos de otras personas pudiesen ver y detectar en esas longitudes de onda, seguramente podrían percatarse de nuestra presencia en la oscuridad más absoluta).
Mucho de este calor produce luz infrarroja. Pero esto no significa que los animales como los murciélagos, algunas serpientes, ranas y escarabajos “vean” directamente a través de este tipo de luz, sino que simplemente detectan el calor producido por los objetos.
Por lo tanto, la única manera de que un ser vivo —como un humano— detecte luz infrarroja cercana (que dicha luz sea convertida a otras longitudes de onda visibles) es a través de artilugios tecnológicos como el que recientemente se ha logrado inventar.
Uno de los problemas que enfrentó el equipo de investigadores chinos fue que, al probar los lentes de contacto, estos producían imágenes borrosas. Para solventarlo parcialmente, lograron incorporar tecnología —a través de lentes adicionales— que les permitió redirigir la luz.
Una de las desventajas de estos dispositivos, en comparación con otros lentes de visión nocturna tradicionales —los cuales suelen amplificar la luz para detectar señales infrarrojas de bajos niveles—, es que solo permiten a los usuarios ver señales infrarrojas intensas, como las emitidas por diodos emisores de luz LED. Por lo tanto, sus aplicaciones por ahora son bastante limitadas.
En este sentido, algunos científicos han hecho críticas sobre esta invención. Por ejemplo, Glen Jeffry, neurocientífico del University College de Londres, dijo en una entrevista reciente para la revista Nature: “No se me ocurre ninguna aplicación que no sea fundamentalmente más sencilla con lentes infrarrojas”.
No obstante, los investigadores detrás de estos lentes de contacto creen que todavía pueden optimizarse más. Y, de hecho, prevén varios usos, como permitir que la gente lea marcas de anti-falsificación (estas marcas emiten longitudes de onda infrarrojas que actualmente son invisibles para el ojo humano).
También podrían utilizarse en labores de espionaje o en escenarios donde sea necesario pasar desapercibido.
El experimento detrás de los lentes
Para lograr crearlos, los científicos chinos se basaron en investigaciones previas en las que proporcionaron visión infrarroja a ratones mediante la inyección de nanopartículas en sus retinas.
En esta ocasión, adoptaron un enfoque menos invasivo y añadieron nanopartículas que contienen elementos de tierras raras como iterbio y erbio. Posteriormente, mezclaron todo esto y formaron bloques de polímero con el fin de producir las lentes blandas. Al final, probaron la seguridad del producto y confirmaron que era viable.
Durante el experimento, una vez que los ratones se colocaron los lentes, mostraron un comportamiento singular. Por ejemplo, aquellos que los portaban eligieron una caja completamente oscura en lugar de otra que estaba iluminada con luz infrarroja. Por lo tanto, la caja no iluminada resultó más segura para ellos.
Por otra parte, los humanos que probaron los lentes pudieron observar la luz parpadeante de LED con muchísima precisión, incluso con los ojos cerrados. Esto se debe a que la luz infrarroja cercana penetra fácilmente los párpados, mientras que la luz visible —que podría haber interferido en la formación de imágenes— lo hace en menor medida.
Más allá de que en sí mismos estos lentes resulten prometedores o no, la tecnología de nanopartículas detrás de ellos resulta aún más sorprendente porque demuestra todos los campos en que pueden tener aplicación.
No solamente en la medicina y en la ciencia, sino también en el desarrollo de productos innovadores que podrían hacernos la vida más cómoda y sencilla; como en áreas relacionadas con alimentos y envases, en la creación de textiles inteligentes, en energía y medio ambiente, en electrónica y en muchos otros ámbitos que ahora mismo resultan inimaginables.
Con información de: Aristegui Noticias

