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En manos del escultor Mario Cuevas, plasmar el legado de don Jacobo Payán en estatua

Uno de los escultores más reconocidos de San Luis inmortaliza al potosino humanista en una escultura espectacular que sería colocada en el estadio Alfonso Lastras

Mario Luis Cuevas es un escultor que ama a su estado, al grado de poner su patrimonio para culminar obras que políticos poco serios le encargaron y dejaron a su suerte, pero hoy por hoy, sus obras le dan identidad al estado, alegría a sus habitantes y entusiasmas a los turistas.

“El señor de las palomas” en la Plaza de Armas, “Juan del Jarro” en el Jardín de San Francisco, “Monumento al padre de familia” en la Plazoleta del Carmen, “El Aguador” y “La Penitente” en la Calzada de Guadalupe, decenas de obras en colegios, casas y ranchos particulares y en ciudades del mundo, son su carta de presentación.

Esta vez, sus manos de artista, inmortalizarán al empresario Jacobo Payán Latuff, con una estatua de bronce de poco más de dos metros de altura y media tonelada de peso, que en pocas semanas será colocada, para siempre, en el lugar favorito del apasionado promotor del deporte: el estadio Alfonso Lastras Ramírez.

En una entrevista, el escultor revela que está ante uno de sus mayores retos: la estatua de don Jacobo Payán, el empresario, el impulsor del deporte, el político, el altruista, el potosino que fue transformador y un humanista a carta cabal.

Prefirió guardarse el avance que es del 80 por ciento, para no adelantar la sorpresa, pero se ubicó una figura de 2.10 hecha de plastilina -antes de convertirla en bronce-, en una pose de triunfo, aquella del Ascenso del Real San Luis del 2002 ante Tigrillos en una épica final de la Primera A, que ocupó las portadas de todos los medios, con un don Jacobo radiante, feliz, como nunca.

La obra está de pie, pero seguramente se colocará sobre una base en alguna explanada del Alfonso Lastras, su gran legado a la afición potosina, un estadio de primer mundo, con toda la mano, y sin que nadie, absolutamente nadie, le donara un ladrillo. Lleva además una placa con un sentido texto y un balón.

Mario Cuevas concedió la entrevista en su taller de Julián de los Reyes, en pleno Centro Histórico. Recibe la figura de San Luis Rey, la escultura de su creación que fue retirada de la Plaza de los Fundadores para una reparación, obra que nunca le fue liquidada por ninguna autoridad municipal; técnicamente es el dueño y puede venderla a algún coleccionista o convertirla en chatarra.

Conforme uno avanza siente que las piezas tienen vida; el migrante con la cabeza gacha y la mochila cargada de sueños, el caballo gigante pero transformado en bronce, galopa ya afuera de un hotel cinco estrellas, los pequeños penitentes que fueron encargados y nunca pasaron por ellos, las imágenes religiosas adoradas en los colegios católicos de San Luis, México y Estados Unidos.

Mario Cuevas descubrió su talento a los 14 años y de pronto ya dibujaba murales en escuelas; sus cinco hermanos, especialmente el mayor, lo jalaron al mundo de las artes plásticas, “todos eran aristas, es como en la casa del mecánico, uno aprende lo que ve”.

Recuerda con nostalgia que, cuando se levantaba para ir a la escuela, lo primero que veía era los caballetes en su casa, los cuadros en proceso y como la vena de arista ya la traía, se emocionaba. Faltaba ese empujoncito para desarrollar el talento a plenitud.

Así, empezó con los murales de caricaturas en las escuelas primarias y pre escolar a los ¡13 o 14 años! y ya generaba un ingreso, hasta que por azares del destino, pasó por Bellas Artes y después de un tiempo, a finales de los ochenta, salió de ahí siendo experto en las artes plásticas, de la mano del maestro acuarelista Gerónimo que lo becó.

Conoció al maestro Raúl Gamboa que le dio otra beca que le sirvió de pasar del dibujo a la pintura hasta graduarse, al tiempo que vendía sus piezas de terracota, barro, incluso a Estados Unidos.

Viene después su historia con los políticos potosinos. Fernando Silva Nieto, gobernador del estado, se interesó por los proyectos del Señor de las Palomas y Juan del Jarro; le mostró las piezas en plastilina, apalabraron el trato y después le dio largas. Propuso el proyecto de la Ciudad Judicial, pero no se lo dieron a el y Benito Juárez, sentado, su idea, se fue con otro artista.

Hasta que un día, otra vez por azares del destino, pasó por donde el alcalde Octavio Pedroza encabezaba bodas comunitarias. A lo lejos le enseño sus estatuas miniaturas y le llamó la atención, le hizo la señaña de “espérame”.

Mario Cuevas le recordó que tenía meses tratando de sacar cita y nunca se la dio. “Te pago el material, nada más”, le propuso; como el objetivo del escultor era que su obra estuviera en las calles y se conociera, aceptó tras consultarlo con su hermano. Terminó vendiendo su Cavalier y otras cosas para completar. Así, hizo el Señor de las Palomas y Juan del Carro. Sin cobrar mano de obra y poniéndole de su dinero.

Después vinieron El Cófrade y San Luis Rey, enseguida El Aguador producto de un concurso de IPAC que ganó, y La Penitente. La estatua del papá en la Plaza del Carmen, surge del monumento en Gómez Palacio Durango, encargado por la señorita Carmelita Tostado que fue la impulsora del Día del Padre. Allá, la pieza es de un papá que lleva un niño en los hombros y una niña en la mano, de pie; aquí, está sentado en una banca de la plaza.

Tras una campaña de la afición potosina de juntar llaves para reconocer y perpetuar el legado de Don Jacobo Payán en el futbol profesional de San Luis Potosí, finalmente los impulsores hablaron con Mario Cuevas, quien conoció y trabajo en varios proyectos con él en diversos momentos.

“Hablar de Don Jacobo es hablar de un referente de éxito aquí en San Luis tanto empresarial como hotelero, restaurantero y en el ámbito del deporte fue un propulsor y patrocinador y toda la pasión que le echaba a ayudar a la a la afición; también logró construir el estadio”.

“Se va a quedar inmortalizado, esto es para toda la vida, son piezas que se quedan para siempre y este es un proyecto que ya lo traíamos acariciando desde hace tiempo”.

La pose de la estatua no solo refleja el triunfo de un partido histórico, es el estilo de vida de una persona exitosa en todos los ámbitos, un personaje que vino de abajo y triunfó en la vida, que ayudó, que fue generoso, que siempre estuvo del lado del pueblo. Eso, quedará en una estatua para siempre.

Los impulsores de este proyecto creen que la develación podría estar lista para un mes y medio. Irá acompaña de otras acciones que serán una sorpresa para la afición, con invitados especiales, videos, recuerdos, todo lo relacionado a ese gran potosino que fue un apasionado del futbol.

El legado de don Jacobo al deporte potosino, se inmortalizará en las manos del gran Mario Cuevas.

Con información de: El Sol de San Luis

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