Federico Anaya Gallardo
La semana pasada, querida lectora, te recomendé las dos kino-versiones de El Gatopardo de Lampedusa. La serie de Netflix (2024) dirigida por Tom Shankland et al la ví antes de la campaña electoral para elegir el poder judicial federal. Así las cosas, la melancolía de la oligarquía agonizante siciliana estaba en mi mente mientras sacábamos de los tribunales a una de nuestras oligarquías agonizantes. Con eso en mente, regresé a un librito que había comprado hace mucho en una librería de viejo: Rebeldes y reformadores del siglo XVI al XVIII del historiador y parlamentario comunista italiano Rosario Villari (1925-2017).
Villari era especialista en el Reino de las Dos Sicilias que llegó a ser parte de la Monarquía Española gracias a la herencia medieval aragonesa. La capital principal estaba en la ciudad de Nápoles –que geográficamente está en el centro de la península en forma de bota. Los italianos llaman “Mediodía” a esa mitad sur de su República.
Los estudios de Rosario Villari sobre las revueltas napolitanas y sicilianas durante la dominación española son importantes para nosotros, mexicanas y mexicanos. Aquéllas tierras las gobernaba un virrey con palacio en Nápoles, igual que otro virrey gobernaba los reinos de México y Nueva Galicia desde el palacio en México-Tenochtitlan. Acá, el virrey administraba un sistema político que equilibraba “Dos Repúblicas”, una de españoles (criollos) y otra de originarios (indios). Allá, el virrey contrapesaba los intereses de la nobleza frente a la presión de burgueses y campesinos. Villari analiza por qué el Estado español fue incapaz de consolidarse en el Mediodía Italiano: Porque en lugar de crear entre burgueses y campesinos una base social para la centralización del Fisco (como harían las Revoluciones Inglesa y Francesa), los virreyes terminaron aceptando la alianza política de los nobles –en una auténtica “refeudalización” de aquéllas tierras. En esto, nos dice el historiador comunista, estaría el origen del retraso social general del sur italiano.
Villari asume –correctamente– que el Estado es un instrumento de la modernidad. Al centralizar la recaudación fiscal, permite reorganizar poco a poco la sociedad y abre las puertas al desarrollo. La aristocracia feudal es incapaz de eso, porque el orgullo egoísta de los dinastas locales impide la organización armoniosa de grandes territorios. En El Gatopardo, el Príncipe de Salina no se imagina como Senador del Reino de Italia y mejor recomienda para el puesto al ambicioso burgués de Donnafugata –don Calágero Sedara. El problema estructural de las sociedades napolitana y siciliana es que sus aristocracias impidieron la consolidación de un Estado moderno, fueron incapaces de generar un sistema político estable (una federación de señoríos, por ejemplo) y luego, se desvanecieron en la melancolía.
¿A dónde quedó el poder político en el Mediodía Italiano? En una sociedad fragmentada y malamente organizada a nivel comunitario. De ese medio ambiente social surgieron –nos dice Villari– algunos movimientos populares urbanos y campesinos; pero la mayor parte de las veces aparecieron líderes locales violentos que impusieron, cada uno en su microterritorio, su orden personal. A ellos los llamamos en México caciques. Al medio ambiente social que construyeron esos caciques en el sur de Italia se le conoce como mafia.
Los caciques y las mafias son substitutos del Estado “in artículo mortis”, ó como dirían los angloamericanos, “of last resort”. Mejor el orden caciquil ó mafioso que ningún orden. De hecho, el carisma colectivo de estas redes políticas locales es que son, sin duda, más auténticas que la burocracia virreinal que mandaba Su Católica Majestad desde Madrid, el rey ó la república italianos desde Roma y hoy, la Administración Pública Federal desde México.
Termino mis reflexiones gatopardianas con la idea de que las sociedades humanas, sean relativamente simples (como la del Mediodía Italiano ó el Virreinato Mexicano) ó complejas (como la Italia ó el México contemporáneos), generan substitutos artesanales del Estado moderno cuando este falla. Con lo anterior en mente, te invito, querida lectora, a repasar algunas películas y series estadounidenses. La mayor parte de ellas se ubican en el género de gánsteres; pero varias se salen aparentemente del género.
Cosa relevante, el género de gánsteres en el cine estadounidense apareció al mismo tiempo que el fenómeno de la mafia florecía en los días de la Prohibición (1920-1933). Actores como el rumano-americano Edward G. Robinson (1893-1973) establecieron la imagen del boss mafioso en películas como Outside the Law (Browning, 1930) ó The Widow from Chicago (Cline, 1930). Robinson coronó su persona-gánster en Little Ceasar (LeRoy, 1931). Esta última se basaba en una novela negra de W.R. Burnett publicada en 1929. El pequeño César de Burnett se publicó en Castellano por la editorial Montaña Mágica de Colombia en 1986. Novela y película cuentan la saga de César Enrico (alias Rico) Bandello, “pistolero de Chicago, joven y con iniciativa, dispuesto a tener una banda propia y a disputar la explotación del vicio a otros gánsteres de la ciudad”. (Liga 1.)
Burnett (1899-1982) era un periodista con pretensiones literarias en su natal Ohio. En medio de la Prohibición, se mudó a Chicago para observar el comportamiento de las bandas del crimen organizado. De esa experiencia nació su novela. La permanencia de la imaginería creada por escritores y cineastas alrededor de esos delincuentes permanece hasta nuestros días. Te dejo, nomás para iniciar la reflexión, un par de fotos. La de la izquierda es de Robinson en el papel de Rico Bandello en 1931 y la de la derecha la de Steve Buscemi en el papel de Nucky Thompson en la serie Broadwalk Empire (HBO, 2010-2014).
Sin embargo, hoy quiero recomendarte que veas y analices una película con gánsteres menos elegantes… En 2002, Martin Scorsese (n.1942) dirigió Gangs of New York / Pandillas de Nueva York. (La puedes ver en Odnoklassniki.ru en la Liga 2, en Inglés con subtítulos en Castellano, gracias a “El Coleccionista”.)
En este filme de Scorsese, Daniel Jay-Lewis (n.1957) interpreta a William Cutting, alias Bill The Butcher quien es un carnicero del barrio Five Points en la Manhattan hacia 1846. Él y otros angloamericanos nativistas se enfrentan violentamente con los inmigrantes irlandeses –liderados por el padre Vallon, quien es interpretado por Liam Neeson (n.1952). Vallon es un sacerdote católico dispuesto a empuñar las armas para defender a sus parroquianos. La película inicia con una batalla campal que ganan los nativistas. Vallon/Neeson es apuñalado y Cutting/Jay-Lewis pretende mandar al hijo del cura al reformatorio. El niño de unos siete años… escapa –lleno de rencor contra los nativistas.

¡Ay de los vencidos! Los nativistas quedan dueños del barrio hacia 1850, y prosperan. Son el “músculo” de los partidos políticos que se disputan los gobiernos municipales (Manhattan, Brooklin, etc.) y la administración metropolitana del puerto de Nueva York. Pasan 16 años: es 1862. La película nos introduce a William M. Tweed (1823-1878) el cacique (boss) de la machine (aparato electoral) del Partido Demócrata en Nueva York. Este papel lo interpreta Jim Broadbent (n.1949) de una manera genial –mostrándonos el cinismo de un jefe político que a veces, cuando su “músculo” se sobrepasa en violencia, debe “enterrar votos”. Gajes del oficio.
La banda violenta de Cutting/Jay-Lewis mantiene el orden a cambio de protección del político Tweed/Broadbent. Un orden violento, pero que reditúa ganancias a todos los involucrados en el arreglo… Pactos como ese son un ejemplo arcaico de lo que Daniel Vázquez, investigador de la UNAM, llama redes de macrocriminalidad. Las denominaciones académicas cambian con el tiempo, pero nunca hay nada nuevo bajo el sol. Ahora bien, para que fenómenos de organización sociopolítica no controlada completamente por el Estado (como eran las mafias del Mediodía Italiano), sean calificados como “criminales”, se requiere que el Estado tenga un mínimo control de la realidad material. Si no, debe reconocer a las pandillas como aliados. Como el Rey de España reconocía a los nobles napolitanos y sicilianos.
Arreglos como el de Tweed (y su Tammany Hall) con los early-gangsters que Scorsese retrata en Pandillas de Nueva York son posibles –é incluso necesarios– porque el Estado no tiene el control completo de la sociedad. Los políticos necesitan “músculo” no-Estatal para imponer su voluntad y asegurar las apariencias de un orden “legal y moderno”. La zona gris creada por la debilidad del Estado permite, aparte, muchos buenos negocios. Todavía en 1904, cuando Max Weber visitó los EUA, apuntó la corrupción congénita del bossism.
La relación de Cutting/Jay-Lewis con Tweed/Broadbent se enrarece cuando estalla la Guerra Civil en los EUA. El gobierno federal aprovecha la inmigración irlandesa para reclutar soldados. En los muelles de Manhattan vemos a los paddies (a) bajar de un barco, (b) ser convertidos en ciudadanos, (c) ser reclutados en el US Army y (d) ser embarcados en otro barco que los llevará al frente de Tennessee… De este último barco (e) bajan los ataúdes de los paddies muertos en la última batalla. Eso sí, sus viudas y sus hijos serán ciudadanos de EUA. Esta escena terrible de la peli de Scorsese es especialmente amarga hoy en día, cuando Trump parece estar dispuesto a denegar la nacionalidad estadounidense incluso a los familiares de los mexico-americanos reclutados en sus fuerzas armadas. (Liga 3.)

Mientras todo eso ocurre, el hijo huérfano del cura irlandés ha regresado a la ciudad. Se llama Ámsterdam Vallon y es interpretado por Leonardo DiCaprio (n.1974). Colabora con Cutting/Jay-Lewis porque de alguna manera debe sobrevivir –pero más adelante, como el Bandello de Burnett– ese joven lleno de iniciativa, formará su propia banda (de irlandeses) y disputará a los nativistas “la plaza”. La violencia renace, la plaza se calienta y se sale de control de los bosses de Tammany Hall.
En una serie de conferencias en el Colegio Nacional, Claudio Lomnitz analizó los procesos de organización, violencia y quiebre del crimen organizado a partir de su trabajo antropológico en Zacatecas. (Puedes ver una de ellas en la Liga 4.) Las organizaciones políticas no-Estatales ó sub-Estatales, como las mafias, nunca terminan de construir una hegemonía social de largo plazo. Tarde ó temprano se enfrentarán con desventaja ante la hegemonía que sostiene al Estado.
El Estado federal norteamericano se fortaleció mucho en la Guerra Civil. La conflagración impuso el reclutamiento forzoso (Draft). Cuando este se aplicó en Manhattan, los ricos se las ingeniaron para corromper a los militares y pagaron su “bola blanca”. Los pobres fueron malamente obligados a ir al frente. Nativistas é irlandeses por igual. En el Verano de 1863 estallaron motines en Manhattan. Scorsese nos muestra la crisis grande (motines contra el Draft) y la crisis pequeña (la guerra de gánsteres entre nativistas é irlandeses). La marina de guerra bombardeó la ciudad para controlar a las masas insurrectas. Nativistas é irlandeses cayeron juntos, sin entender que algo más fuerte que ellos estaba imponiéndose sobre sus disputas parroquiales: la Razón de Estado.
Ligas usadas en este texto:
Liga 1:
https://www.cadaverexquisito.com.ar/libro/748
Liga 2:
https://ok.ru/video/7141423581861
Liga 3:
https://www.theguardian.com/us-news/2025/jun/28/us-military-veterans-detained-trump
Liga 4:

