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Opinión

Ver para Pensar:La excepcionalidad estadounidense en Far and Away

Federico Anaya Gallardo

La semana pasada empecé a revisar para tí, querida lectora, películas de gánsteres. Las pandillas de Nueva York que retrató Martin Scorsese en 2002 nos dejaron ver el odio con que fueron recibidos los paddies de Eire cuando desembarcaban en Manhattan a mediados del siglo XIX. Una escena especialmente dura ocurre junto a un barco del que están bajando los migrantes irlandeses. Es 1862 y Will El Carnicero Cutting, líder de los angloamericanos nativistas, está al lado del Boss Tweed –cabeza del Ayuntamiento manhattanino dominado por el aparato de Tammany Hall. Tweed le explica a Cutting que cada uno de los inmigrantes recién llegados debe volverse un votante seguro para el Partido Demócrata. Cutting se niega. Él es un angloamericano hijo de uno de los estadounidenses masacrados por los británicos en la batalla de Lundy’s Lane el 25 de Julio de 1814 –cuando EUA trató de invadir Canadá.

El gánster le explica al cacique: “—Mi padre dio su vida para construir este país. … No creas que voy a ayudarte a traicionar su legado”. Para Cutting, los irlandeses son escoria: “—Llegan llenos de piojos pidiendo un plato de sopa.” Y aquí Cutting agrega que los paddies tienen tan poca dignidad que aceptan un salario de 5¢ mientras los negros aceptan 10¢ y a los angloamericanos se les debe pagar 25¢. (Notemos cómo el racista se expresa en términos estrictamente mercantiles, sin cuestionarse por qué los no-anglos aceptan salarios más bajos… Esa ceguera permanece hasta el siglo XXI.) Aparte –concluye Cutting– los paddies no eran de confiar: El nativista estaba seguro que sus votos serían manipulados por el obispo católico de Nueva York y que su llegada era parte de una conspiración papista para destruir los EUA. (Notemos cómo prejuicios y teorías de la conspiración van siempre de la mano… Trump y sus seguidores no son cosa nueva, aunque sí son más potentes que El Carnicero Cutting.)

Hay que decir que la película Gangs of New York de Scorsese no inventa. Sólo dramatiza. En la escena que comento, ejemplifica. Y al mostrarnos la crudeza del racismo, nos conscientiza. Si quieres más elementos acerca del tema, te recomiendo buscar la obra del profesor Luke Ritter, quien actualmente enseña en el St. Louis Community College-Forest Park, en Misuri. Ritter publicó en 2014 un resumen de la visión de los nativistas en el capítulo titulado “Nativism and the Roman Catholic Plot to Destroy America” del libro American Conspiracism.

Regresemos a la peli. El cacique Tweed le replicó al nativista que estaba pasado de moda. El político de la machine sabía que la demografía importaba y que estaba cambiando desde 1845. En aquéllos años se estaba formando una mayoría irlandesa católica que los demócratas protestantes de Tammany Hall necesitaban asegurar. El cacique ganó. La machine de Tammany Hall mantuvo el control del puerto de Nueva York hasta los años 1930s –cuando se enfrentó y perdió frente a sus compañeros Demócratas de New Deal encabezados por el segundo Roosevelt.

Pandillas violentas. Manipulación de apuestas. Administración de prostíbulos. Contrabando. Corrupción de la policía y los ayuntamientos. El país de los libres era (¡y sigue siendo!) un país caótico y violento –pero políticamente estable y paradójicamente abierto a la pluralidad étnica y religiosa. El profesor Ritter sugiere que la apertura social que le daba a los EUA una democracia real (y radical, desde las bases) provocaba una paradoja. Por un lado permitía recibir (y tal vez asimilar) a cualquier comunidad mientras sus miembros actuasen como ciudadanos. Por el otro lado provocaba un perpetuo temor en las comunidades ya asentadas en el territorio: ¿seremos desplazados por los recién llegados? La ciudadanización de los nuevos grupos eliminaba eventualmente los temores.

Entendiendo lo anterior, podremos ver por qué es tan grave el moderno nativismo anti-Mexicano de Trump. En lo académico, el trumpismo se sustenta en el terrible libro final de Samuel Huntington, Choque de civilizaciones (1993-1996), que subraya la excepcionalidad de la migración mexicana a EUA. El teórico más complejo de la teoría de la modernización estadounidense nos dice que, como el país-origen está al otro lado de una frontera irremediablemente porosa, los mexicanos en EUA nunca se volverán ciudadanos de la Unión Americana. En lo electoral, el trumpismo nace de la necesidad del Partido Republicano post-Reagan de reducir el electorado para asegurar legislaturas, gubernaturas, tribunales y presidencias que respondan a los intereses del decil más rico de la socciedad. (Ese decil que se beneficia hoy de la Big-Beautiful-Bill…) En nuestros días, el pragmatismo se suma al nativismo. No hay Tammany Hall que resuelva la crisis actual.

Disculpa la deriva teórica, lectora, pero importa. Hoy quiero recomendarte otra película sobre el periodo (EUA en los siglos XIX-XX) y el tema (gánsteres y Estado). Para compensar ni rollo, se trata de un filme ligero. Far and Away fue dirigida en 1992 por Ron Howard. La puedes rentar ó comprar en la plataforma de Amazon Prime. También está disponible en Odnoklassniki.ru en el original Inglés con subtítulos en Castellano gracias a “Cristian Alejandro”. (Liga 1.)

La historia que se cuenta en Un horizonte lejano –como se conoció en Latinoamérica– es una versión literaria y romantizada de recuerdos familiares del director. En 2016, Howard explicó a la prensa (Liga 2) que al escribir el guion había seguido un relato de su bisabuela acerca de cómo habían llegado sus ancestros al actual Estado de Oklahoma. Anota este detalle, lectora; porque la trayectoria personal-sentimental del director ha dejado una impronta en la película.

Oklahoma –que en Choktaw quiere decir Gente Roja– fue llamada Indian Territory hasta 1899. Durante el siglo XIX, el gobierno federal estadounidense destinó esas tierras para asentar a todos los pueblos originarios que iban siendo despojados poco a poco de sus territorios ancestrales. Las víctimas sobrevivientes de esos desplazamientos forzados se concentrarían allí. En teoría constitucional, el territorio pertenecía a los pueblos originarios –cada uno de los cuales había firmado un tratado internacional con Washington. El desplazamiento ocurrió durante muchas décadas y en condiciones muy distintas. Por ejemplo, cinco pueblos originarios que habitaban en los Estados del Sur y que eran conocidos como Las Cinco Naciones Civilizadas recibieron la mitad oriental de Oklahoma y llegaron allí con SUS esclavos negros.

¿Civilizadas? Así los veían los angloamericanos porque desde 1776 esas naciones habían aceptado voluntariamente el modo europeo de vida. Una de ellas, la Cherokee, se había alfabetizado con un silabario propio, creado por Sequoyah (que se escribe ᏍᏏᏉᏯ en ese silabario), un letrado indio que vivió entre 1767 y 1843. La voluntad india de occidentalizarse creando un arreglo cultural a medio camino de nada sirvió a esas gentes. Cherokees, Choktaws, Chikasaws, Muscogees y Seminolas fueron expulsados de sus tierras y mandados a Oklahoma. Eso sí, fueron desplazadas JUNTO con sus esclavos negros. Porque occidentalizarse y civilizarse significaba, en 1800, ser esclavista. Y los angloamericanos que ordenaron el destierro de las Cinco Naciones Civilizadas respetaron esa “propiedad privada” porque no podían denegarla a los blancos sureños. (Notemos que el capitalismo mantiene cierta congruencia perversa…) En 1866, al término de la Guerra Civil, esos esclavos negros fueron liberados y durante la Reconstrucción fundaron comunidades propias en Oklahoma –entre las que destacaría luego la ciudad de Tulsa.

Si el Indian Territory nació de tragedias genocidas, así seguiría desarrollándose. Durante la última década del siglo XIX la presión de los inmigrantes de origen europeo para colonizar más tierras decidió a Washington a desconocer sus tratados con los pueblos indios y todas las tierras oklahominas se privatizaron por medio de leyes federales: la Dawes Act de 1897 y la Curtis Act de 1898. A los pueblos originarios se les obligó a fraccionar sus territorios en lotes individuales de 65 hectáreas. Las leyes citadas dejaron al gobierno federal estadounidense como dueño de la mitad de lo que fuera territorio indio. También preveían la venta de esas tierras a los colonos europeos ávidos de parcelas.

En teoría, el dinero de la venta de tierras federales pagaría una política de asimilación forzada de los indígenas en el nuevo Estado de Oklahoma. Pero los EUA no fueron capaces ni siquiera de sostener esta política etnocida. Todo se desarticuló en el caos de una corrupción generalizada, el descubrimiento de petróleo en la zona y mil abusos de la población blanca. En la década de los 1920’s –mientras en Chicago, Nueva York y Atlantic City florecían las bandas de gánsteres– una conspiración para asesinar a los propietarios de la Nación Osage provocaría una investigación del fundador del FBI, Edgar J. Hoover. Esta última historia fue retomada por el mismo Martin Scorsese en su película Killers of the Flower Moon /Los Asesinos de la Luna en 2023. Ya regresaré a ella en otra kino-reseña.

Pero volvamos a Far and Away de Howard. A este director no le interesa lo que pasaba en la Oklahoma de finales del siglo XIX –sino reconstruir el recuerdo épico-romántico de su bisabuela. Más nada. Y para eso, fue a buscarse al chico más lindo del Hollywood de los 1990s, Tom Cruise.

La narración de Howard inicia en Irlanda y dedica el primer cuarto del filme a explicarnos cómo el joven campesino católico Joseph Donnelly sueña con rescatar la parcela familiar de las garras de un terrateniente anglo-irlandés protestante. Donnelly es interpretado por un Tom Cruise de treinta años que aparenta 17 (nació en 1962). Hay que reconocer que el director –quien también escribió el guion– nos presenta una Irlanda al borde de una justificada insurrección campesina causada por los abusos descarados de la élite pro-británica. El padre del muchacho muere, el representante del terrateniente quema la choza de los Donnelly y Joseph decide asesinar al patrón. ¡Muy bien! ¿Qué hace Howard con esa circunstancia que él mismo escribió?

Pues resulta que Donnelly no logra su cometido porque el burro en que viaja le hace jugarretas y el mosquetón que le regaló el borrachín de su aldea le estalló en la cara. El chico termina herido por la hija del terrateniente, Shannon Christie, quien es interpretada por una Nicole Kidman de 25 años (n.1967). Por cierto, en 1992 Kidman y Cruise se acababan de casar y eran el centro de las comidillas del jet-set internacional. La película ha sido calificada como la “luna de miel” de la pareja. Cuando llegues a las varias escenas románticas entre Donnelly y Christie, lectora, deberás tener en cuenta este detalle y alejarte por un momento de las tragedias sociales que rodean la narrativa idealizada. No te preocupes. Cuando despiertes del ensueño la realidad seguirá allí. (En Irlanda, en Oklahoma, en todas partes…)

En este sentido, el primer cuarto del filme no llega ni siquiera a melodrama. Es una comedia de enredos más bien absurda, escenificada en un ambiente social explosivo. ¿Por qué el director es tan superficial? Sospecho que Ron Howard (n.1954) nunca se libró de su infancia –cuando fue estrella en telecomedias como The Andy Griffith Show adonde interpretó –entre 1960 y 1968– a un niño y adolescente caucásico wholesome American llamado Opie Taylor. Opie y su papá (sheriff y juez cívico) vivían en un idealizado pueblito de la Carolina del Norte –sobre el que algún día deberé contarte. Howard también estelarizó películas y programas para Disney. (Digo, para terminar de caracterizarle…) Howard no ha cambiado: apenas en 2020 dirigió para Netflix la versión fílmica de Hillbilly Elegy –¡la autobiografía de J.D. Vance, el vicepresidente de Trump! La inocencia del chico lindo Opie Taylor es… la de Luzbel.

Para el tema mayor de mis kino-reseñas en esta temporada (gánsteres y Estado), sin embargo, Far and Away muestra algunos elementos interesantes en sus segundo y tercer cuartos. Donnelly/Cruise y Christie/Kidman escapan de Irlanda en un extrañísimo arreglo en el que la hija del terrateniente ayuda a escapar al frustrado asesino de su padre para que le acompañe a EUA –adonde “regalan tierras” en Oklahoma. En Boston son recibidos por una sociedad caótica y su salvación depende de un irlandés llamado Kelly que administra burdeles, peleas de box, apuestas …y votos. Kelly es interpretado por Colm J. Meaney (n.1953) y es el representante barrial de un miembro del ayuntamiento bostoniano, Mr. Bourke, interpretado por Wayne Grace (n.1940). Por supuesto que el director Howard no profundiza en los detalles de la corrupción política –pero allí está y muestra su crueldad cuando la pareja Donnelly/Christie “incumplen” las reglas y son echados a la calle en medio del frío invierno.

El último cuarto de la película Far and Away vuelve a la visión rosa (dermatológicamente angloamericana) de la historia de los EUA. El Estado nacional (representado por burócratas y militares) organiza una carrera para que los colonos compitan en igualdad por 65Ha de tierra para cada uno. Howard hace aquí una especie de Western en el que, por supuesto, el chico lindo se queda con la muchacha y su parcela.

Howard, por supuesto, no nos dice nada acerca del desastre ecológico que vino después y cómo Oklahoma se volvió, en los 1930’s el Dust Bowl (la Olla de Polvo) que expulsó a los campesinos oklahominos… es decir, a los hijos y nietos de Donnelly & Christie. (Liga 3.) Los nuevos desplazados se unieron al ejército proletario de reserva en las ciudades durante la Gran Depresión. Uno de los padres de la canción de protesta estadounidense, Woody Guthrie (1912-1967), cantaría el sufrimiento de esas gentes en Dust Bowl Refugee. (Liga 4.) Revisa esas ligas, lectora, cuando despiertes del ensueño de la película de Ron Howard.

Pregunta para seguir en estas reflexiones: Si incluso en una versión edulcorada de la saga estadounidense como Far and Away aparece el crimen organizado y las redes de macro-criminalidad, ¿de qué tamaño, de qué profundidad, ha sido el aporte de “Lo Mafioso” al orden social estadounidense?

Ligas usadas en este texto:

Liga 1:

https://ok.ru/video/3603340266075

Liga 2:

https://es-us.vida-estilo.yahoo.com/horizonte-lejano-luna-miel-nicole-090000513.html

Liga 3:

Liga 4:

La opinión expresada en esta sección de colaboraciones es responsabilidad exclusiva de su autor y no refleja necesariamente la postura de Potosinoticias.

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