Lo que inició como una simple caja de cartón para transportar huevos, se transformó en un objeto cargado de identidad y orgullo mexicano. Alejandro Kasuga, empresario y conferencista, se hizo viral recientemente al contar la historia de la “maleta de Huevo San Juan”, un fenómeno que ya traspasó fronteras.
La anécdota surgió cuando Kasuga conoció a los dueños de Proan, la empresa jalisciense detrás de la marca Huevo San Juan, considerada la segunda productora de huevo más grande del mundo, con una producción de más de 33 millones de unidades al día. Fue entonces cuando descubrió que, durante años, muchas personas utilizaban las cajas de la marca como maletas improvisadas para transportar ropa y pertenencias en camiones.
Inspirado en ello, su hijo Ernesto tuvo la idea de diseñar mochilas con el mismo aspecto de las icónicas cajas. Estas piezas comenzaron a entregarse en terminales de autobuses a personas que aún cargaban sus pertenencias en cajas originales.
Lo que parecía una acción simbólica pronto se convirtió en un fenómeno cultural. Kasuga relató que, al viajar a Japón con una de estas maletas, varios compatriotas lo reconocieron en aeropuertos y calles de Tokio, no por su nombre, sino por la maleta: “¡Wow, Huevo San Juan! ¿Eres mexicano? ¡Yo también!”, le decían.
“Ese día entendí que no era solo una maleta. Era un grito. Un recordatorio de que lo más sencillo puede unirnos y convertirse en orgullo”, señaló.
Hoy, la maleta de Huevo San Juan no solo remite a la creatividad y resiliencia de los mexicanos, sino que también se ha convertido en un símbolo que viaja por el mundo, recordando que hasta los objetos más comunes pueden transformarse en íconos de identidad nacional.

