Después de incumplir la fecha comprometida para rehabilitar la calle Julián de los Reyes, el Ayuntamiento de la capital, a través de su área de Comercio, parece ensañarse contra los comerciantes establecidos, como si actuara por consigna o simple revanchismo. Tras cuatro meses de obras lentas, mal planeadas y plagadas de afectaciones, este viernes personal municipal llegó a clausurar —sin explicación ni mediación alguna— uno de los locales que apenas sobrevivía a la caída en ventas ocasionada por el prolongado cierre de la zona.
Para los negocios ubicados en esta calle del Centro Histórico, la experiencia ha sido devastadora: tierra, ruido, señalética deficiente, cero planeación y obras que avanzan a paso de tortuga justo cuando se acercan las ventas decembrinas, su temporada más fuerte. Comerciantes y emprendedores han resistido como pueden, sin apoyo del municipio y sin un plan claro para mitigar los daños ocasionados por la propia autoridad.
La clausura arbitraria de este viernes encendió las alarmas. Lo que para los comerciantes parece un castigo sin sentido, huele también a extorsión y abuso de poder, pues ni siquiera se les ofreció la posibilidad mínima de diálogo o regularización. En un entorno ya de por sí crítico, el golpe del área de Comercio se interpreta como una agresión más a quienes sostienen la economía formal del Centro Histórico.
Mientras tanto, los comerciantes se preguntan si serán las próximas víctimas de la cerrazón oficial, especialmente cuando observan que los ambulantes operan con total libertad: invaden calles, aceras y espacios públicos sin mayor obstáculo y ofrecen mercancía que representa competencia desleal para los negocios establecidos. En contraste, a quienes sí pagan impuestos, rentas y servicios, el Ayuntamiento de Enrique Galindo parece tratarlos con dureza, opacidad y mala fe.




