Aunque es uno de los símbolos más reconocidos de la temporada, pocos conocen el origen del árbol de Navidad, tradición que llegó a México hace más de 150 años.
En un breve sondeo realizado entre los potosinos, varias personas admitieron colocarlo cada diciembre sin saber realmente por qué, mientras otras lo relacionan simplemente con la unión familiar.





Su historia se remonta a un rito celta en el que se adornaba un árbol con antorchas para rendir culto a su dios, pero fue el cristianismo el que dio sentido a los elementos que conocemos. En el año 723, San Bonifacio decoró un pino con manzanas —símbolo del pecado— y velas como representación de la luz de Cristo. Más tarde se añadió la estrella, asociada a la guía de los Reyes Magos hacia Belén.
Esta tradición se expandió de Europa a América, y en 1864 el emperador Maximiliano y su esposa Carlota introdujeron el primer árbol de Navidad a México, que fue colocado en el Palacio Imperial de Chapultepec.
Durante el siglo XIX la tradición evolucionó con la creación de luces eléctricas por Thomas Alva Edison y Edward Hibberd Johnson; con la producción de esferas en Alemania y Francia, cuyos colores adquirieron significados como alabanza, arrepentimiento, petición y agradecimiento; y la creación de árboles artificiales ante la afectación de los bosques por la tala.
En 2025, los árboles artificiales se venden en precios que van de los $750 a los $1500 pesos, mientras que los naturales superan los $2000. La decoración navideña se reinventa cada año, y actualmente existen árboles de todos los colores, tamaños y estilos, desde los tradicionales hasta los temáticos —algunos incluso ajenos a la Navidad— que reflejan la identidad y creatividad de cada familia.
Y tú, ¿cómo decoras tu árbol? ¿Sigues su significado original o lo eliges por estética?

