Zaira Quevedo
La ludopatía avanza en silencio, especialmente entre jóvenes y adolescentes que hoy son bombardeados de manera constante por la publicidad de casinos, apuestas en línea y juegos de azar, normalizados en redes sociales y medios digitales. Lo que inicia como una aparente “diversión” puede transformarse rápidamente en una adicción devastadora.
En entrevista exclusiva para Potosínoticias, el abogado, empresario y conferencista Diego Zepeda Rodríguez comparte con valentía su testimonio de vida, exponiendo como la ludopatía conduce a mentiras, endeudamiento, aislamiento y un profundo impacto en las familias.
La ludopatía es la adicción al juego y a las apuestas, se presenta cuando la persona pierde el control y apuesta de manera compulsiva, desde partidas de póker hasta visitas a casinos o plataformas digitales, gastando más dinero del que se puede pagar.
“Desde los 15 años visité un casino y de ahí fue una entrada sin salida para mí, todos los días apostaba hasta los 23 años; el ludópata se convierte en un manipulador y mentiroso, mis papás llegaron a pagar mi deudas, y estuve internado” relata Diego Zepeda Rodríguez, exjugador compulsivo.


Los jóvenes, explica, están acostumbrados a obtener recompensas inmediatas gracias a las nuevas tecnologías, esa misma inmediatez es la que venden los casinos y las plataformas de apuestas en línea, muchas veces accesibles incluso para menores de edad, lo que representa un grave riesgo.
De cada diez personas que apuestan, cinco desarrollan ludopatía, pero solo una reconoce su adicción. El proceso es similar al alcoholismo: se inicia en contextos sociales y, con el tiempo, se pierde el control. La ludopatía es una enfermedad crónica. “Yo soy ludópata. Se vive solo por hoy. Llegué a pensar en el suicidio por las deudas que acumulé”, confiesa Diego.
En su testimonio, comparte como la ludopatía conduce a mentiras constantes, endeudamiento, aislamiento y un profundo impacto en las familias, muchas veces sin que madres y padres sepan que sus hijos ya enfrentan una adicción.
Diego advierte con claridad que, como toda adicción, la ludopatía puede terminar en tres lugares: la muerte, la cárcel o el hospital. Su valentía al alzar la voz y transformar su experiencia en un mensaje de prevención representa un llamado urgente a la conciencia y a la ayuda oportuna, “ hay personas que han llegado a vender sus órganos para seguir apostando, lo cual es muy triste, mujeres también son adictas perdiendo fuertes cantidades de dinero por adicción al juego”, comentó
El testimonio que comparte puede ayudar a salvar vidas, a prevenir a los jóvenes y la sociedad en general de no caer en esta adicción al juego.
Ahora Diego vive en armonía con su familia, valorando lo que realmente importa dejando a un lado el mundo material y superficial, acercándose a Dios, un ser superior, llevando su conferencia a diversas universidades del país, alertando a la juventud para que no caer en el infierno de las apuestas.

