En mi última kino-reseña les contaba, lectoras y lectores, que a la MGM “le crecieron los enanos” como cantaba Joaquín Sabina en los 1990s. Jackie Cooper (1922-2011), su gran inversión en 1931, el “maravilloso actorcito” anunciado por El Porvenir a los cinéfilos regios de 1933, a sus catorce años —en 1936— era un muchachote al que ya no le quedaban papeles de niño inseguro. Así que MGM lo dejó ir y para compensar la “pérdida”, apostó a otros niños-actores de su arsenal: Freddy Bartholomew (1924-1992) cuatro años más joven y Mickey Rooney (1920-2014) varios centímetros más pequeño. De Bartholomew les he contado en mi kino-reseña acerca de Little Lord Fauntleroy, dirigida por John Cromwell en 1936. (Liga 1.) De Rooney hemos tratado en algunas de las últimas kino-reseñas de este espacio.
Para entender lo que voy a contarte hoy, querida lectora, es bueno recordar esa extraña película de los Estudios Churubusco llamada Dos tipos de cuidado (Ismael Rodríguez, 1953) en la que la industria fílmica mexicana confrontó en la pantalla a sus dos grandes estrellas del momento: Jorge Negrete (Jorge Bueno) y Pedro Infante (Pedro Malo). El estudio jugaba con la oposición que se había ido formando en la imaginación de las audiencias entre ambos actores. Ismael Rodríguez había dirigido a Infante en Nosotros los Pobres (1947), en Ustedes los Ricos (1948) y ese mismo 1953 en Pepe el Toro —quien, como todos sabemos, es inocente. La imagen del cantante de Culiacán ya estaba consolidada como el héroe pobre-popular del nuevo México urbano.
En cambio, la imagen de Negrete se había construido alrededor de personajes como Carlos Durango en La Madrina del Diablo (Peón, 1937); de Manuel Venegas en Historia de un gran amor (Bracho, 1942); y de los gemelos Juan y Antonio Ruiz en Camino de Sacramento (Urueta, 1946) —todos héroes criollos chinacos del México de la Primera República. Esos chinacos eran justicieros y rebeldes, sin duda, pero para una audiencia cuyos padres y madres habían visto la Revolución Mexicana, los héroes criollos del siglo XIX eran distantes …y hasta engreídos. En cambio, el carpintero de la vecindad que canta y silba “Amorcito corazón” era cálido y cercano. Precisamente por eso era interesante colocar juntos a Negrete y a Infante en un duelo ranchero. ¿Por qué Negrete es “bueno” y Pedro es “malo”? A sabéeer… Por ahora sólo apunto que la cuestión era enamorar al mercado y darle al público lo que deseaba… Dos estrellas en una película.
La idea de los Estudios Churubusco en los 1950’s no era nueva. En los 1930’s los estudios de Hollywood combinaban a sus actores y actrices para exprimir al máximo el gusto que las audiencias iban mostrando por ellos y ellas.
Regresemos a los niños-actores de la MGM, notemos sus rangos de edad, y confrontémoslos con sus papeles. Aunque chaparrito, Rooney es el mayor —nacido en 1920—, seguido por fortachón Cooper —nacido en 1922— y luego por el delicado Bartholomew —nacido en 1924. Cuando Cooper apareció en 1937 en Boy of the streets, que kino-reseñé en noviembre pasado, las edades de los tres eran como sigue: 17 (Rooney), 15 (Cooper) y 13 (Bartholomew).
MGM “liberó” a Cooper a fines de 1936. En ese año rodó las que serían sus dos últimas películas para el gran estudio: The devil is a sissy dirigida por Woodbrige S. Van Dyke y Tough guy (Tipo rudo) dirigida por Chester Franklin. Estas dos pelis nos muestran el antes y el después de su carrera en ese momento.
Empecemos con The devil is a sissy. En Castellano se tituló El demonio es un pobre diablo, pero en Francés se llamó Au seuil de la vie (En el umbral de la vida) —que resulta mucho mejor. Como haría dos décadas más tarde Churubusco en México, la MGM colocó juntas a sus tres estrellas infantiles: Rooney, Cooper y Bartholomew. La puedes ver en Одноклассники (Odnoklassniki) en la Liga 2 gracias a “Fabrice DelDongo”. La acción ocurre en la Nueva York plagada de desigualdad social de los 1930’s. Rooney repite en el papel del muchacho marginal (Gig Stevens), hijo de un asesino menor de la mafia que es ejecutado en el primer tercio del filme. Esta sección es poderosa y nos muestra nuevamente que Rooney podría haber sido un actor más serio. Cooper encarna a Buck Murphy, viejo amigo de Gig. Ambos son adolescentes neoyorquinos de barrio bajo —pero aún asisten a la escuela secundaria (probablemente van en el último año de la Junior Highschool). Un día, llega a su escuela un inglesito llamado Claude Pierce (Bartholomew) —a quien la MGM le asignó el mismo papel de pequeño, delicado y bien educado extranjero que interpretó en LittleLord Fauntleroy. El recién llegado busca desesperadamente la amistad de los otros dos; quienes lo desprecian por fifí.
La trama tiene su interés, especialmente por lo que se refiere a la marginalidad social de los dos primeros chicos, aunque todo se resolverá de una manera bobalicona luego de un encuentro bastante violento con gánsteres —again. El gran estudio entregó a sus audiencias el tipo de retrato que los espectadores esperaban de cada uno de los niños-actores. Nada más, nada menos. Jorge bueno, Pedro malo y un amigo del extranjero… que habla raro. Lo interesante es que Cooper, ya notoriamente más alto que los otros dos, asume de modo natural el rol de líder ó hermano mayor.
Este rol coincide con el que la misma MGM le asignó en Tough guy/Tipo rudo: un adolescente que huye de su casa con su perro Duke (interpretado por Rin-tin-tín Jr.) y quien se enreda en una historia de gánsteres y policías —again and again. Este filme anuncia el tipo de caracteres que Cooper interpretaría una vez fuera de la MGM.

En 1937, ya fuera, un Cooper mucho más alto interpretó para Monogram a un potencial delincuente juvenil en la Nueva York pauperizada de la Gran Depresión en Boy of the Streets —dirigida por William Nigh. Te comenté de ella, querido lector, en mi última kino-reseña de Noviembre pasado. Un año más tarde —1938— Cooper interpretará a un adolescente ya mayor (al borde de convertirse en un young-adult) en Newsboys Home (Vagabundos Honrados) de la que te contaré pronto. Pese a tener apenas 16 años, le ayudaba su constitución física: alto, musculoso, ceñudo.
En contraste, en 1937 y 1938, aunque Rooney era dos años mayor que Cooper, su baja estatura y delgadez le permitieron interpretar sin problema a un chico de secundaria entrando en prepa en las cinco primeras entregas de la serie de Andy Hardy de la MGM: un adolescente que no sólo parece aún niño, sino que se comporta infantilmente. El esquema continuó por una larga década, hasta 1946. Pero el gran estudio no soltaría jamás a Rooney. En 1958 estrenó la entrega 16 de la serie: Andy Hardy Comes Home adonde reclutó al hijo biológico de Rooney para que anunciara la siguiente generación de la saga fundadora del adolescente suburbano. Para nuestra suerte, Andy Hardy no era Star Trek…
Regresemos a 1938. Ese año, Rooney hizo para la MGM Uña y Carne (Stablemates) dirigida por Sam Wood en la que interpretaba a un adolescente casi niño (Mickey) que se encariña con un caballo de carreras herido y establece una relación vicaria hijo-padre con un veterinario borracho (Tom Terry, interpretado por Wallace Berry) que salvará al corcel y al niño. Se trataba de una interpretación muy libre de lo pasó ese mismo año en los hipódromos estadounidenses: el milagro de Seabisquit en el Gran Premio de Hollywood. Infancia es destino. Cuarenta años más tarde —en 1979— Rooney interpretaría al viejo que ayuda al niño con el caballo rescatado en The Black Stallion (El corcel negro) dirigida por Carroll Ballard… papel al que regresaría de nuevo en los 78 episodios (!!!) de Las Aventuras del Corcel Negro entre 1990 y 1993.
Veamos ahora, querida lectora, qué pasó con Bartholomew. Es el más joven de los tres niños actores que estamos comparando. En 1937 tenía 13 años —pero seguía aparentando ser el niño de Little Lord Fauntleroy y podía interpretar papeles casi-infantiles. Ese es el caso del hijo mimado de un empresario de Nueva Inglaterra, llamado Harvey Cheyne, que protagoniza Capitanes Intrépidos (Captains Courageous). Se trata de una adaptación de la novela homónima de Rudyard Kipling dirigida por Víctor Flemming para la MGM. Harvey cae al mar desde un crucero trasatlántico y es rescatado por un pescador portugués llamado Manuel Fidello (interpretado por Spencer Tracy). El niño millonario deberá trabajar en el barco durante toda la temporada de bacalao, adonde madurará con la ayuda de Manuel y del hijo adolescente del capitán, llamado Dan Troop, interpretado —but of course— por Mickey Rooney. Esta película la puedes ver en Одноклассники (Odnoklassniki) en la Liga 3 gracias a “Nosta Lgia” en Inglés sin subtítulos.
Al año siguiente —1938— un Bartholomew de 14 años encarnó un carácter muy similar, el del insoportablemente arrogante jovencito Geoffrey Braemer, en Lord Jeff. La puedes ver en Одноклассники (Odnoklassniki) en la Liga 4 gracias a “Ric Vani” en Inglés sin subtítulos.
En Lord Jeff, dirigida por Sam Wood para la MGM, se hace un homenaje a una famosa institución de beneficencia privada británica, los Hogares del Dr. Barnardo, que administraron —entre 1919 y 1964— una escuela naval en la que se ayudaba (ó mejor, se reformaba) a huérfanos, niños de la calle ó delincuentes juveniles. El nombre oficial de la caridad era: National Incorporated Association for the Reclamation of Destitute Waif Children ó Asociación Nacional para la Recuperación de Niños Huérfanos Indigentes y que —de acuerdo con la Wikipedia inglesa— fue fuertemente cuestionada desde sus orígenes… entre otras cosas… por secuestrar niños pobres para “reformarlos” haciendo publicidad de “antes y después” con fotografías de los chicos. Cosa interesante, en mi consulta a la www sobre estos temas, tropecé con una página de libertarios estadounidenses (es decir, conservadores ultraderechistas) que elogian esta película como “uplifting” (“edificante”) y a los Hogares del Dr. Barnardo como “una de las más grandes caridades privadas de todos los tiempos”. (Liga 5.) ¡Atención, lectoras y lectores, que la Derecha internacional sí combate esta guerra cultural por todos lados! Nosotros debemos hacer lo mismo.
En Lord Jeff , la MGM juega con la imagen creada por Bartholomew para el niño Fauntleroy y la recicla en Geoffrey (Jeff) Braemer, un huérfano inglés utilizado por ladrones que le presentan en la alta sociedad londinense como hijo de un duque para engañar a joyeros y otros comerciantes. La trama es sencilla: el pequeño Lord Jeff es atrapado, juzgado y enviado a la Russell-Cotes Nautical Training School en Dorset. Durante su estancia en la Russell-Cotes, Jeff abandonará el “Lord” para volverse un ciudadano “normal”, “decente” y “responsable” ayudado —again— por Rooney (como Terry O’Mulvaney) quien es un interno ya veterano en la escuela.
Sólo para corroborar la manipulación mediática de los niños-actores y de los íconos que el Sistema de Estudio les hizo representar en la pantalla grande, en sus anuncios de 1938 para Lord Jeff, la MGM prometía exhibir a Bartholomew JUNTO con su estrella de la serie Andy Hardy. Cuatro años más tarde —1942— la MGM estrenó A Yank at Eton, dirigida por Norman Taurog, y estelarizada por enésima ocasión por el par Rooney-Bartholomew. La acción se sitúa otra vez en Inglaterra, pero ya no en un reformatorio sino en la escuela preparatoria más exclusiva de la aristocracia británica. Un problema es que Mickey ya tenía 22 años y Freddie 18… Ya regresaré a este filme en otra ocasión.
Pero hay algo más en el fondo. Recuerden, lectoras y lectores que, en el filme Boy of the streets de Nigh para Monogram (1937) el chico neoyorquino al borde de la delincuencia y de la calle (Jackie Cooper) se enrola al final en la marina de guerra. Los directores de cine en los EUA del New Deal intuían que la guerra general estaba a la vuelta de la esquina y que el mensaje de redención social (equidad económica, integración multiclasista y rechazo al racismo) estaba conectado de alguna forma con el esfuerzo patriótico… y antifascista. Pero Boy of the Streets es un producto de la poverty road de Hollywood. La MGM reconocía la geopolítica de su tiempo, pero la traducía en reafirmar la identidad cultural entre los EUA é Inglaterra. Una identidad cimentada en el anhelo de la nueva aristocracia estadounidense por fundirse en las tradiciones de la Gran Bretaña. De eso se tratan, en el fondo, películas como The devil is a sissy, Lord Jeff y A Yank at Eton.
¡Salud y República!
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