Zaira Quevedo
Cada 17 de enero, la Iglesia Católica conmemora a San Antonio Abad, uno de los grandes padres del monacato cristiano y reconocido popularmente como el patrón de los animales. Su figura es recordada no solo por su profunda vida espiritual, sino también por el amor, respeto y cuidado que mostró hacia toda la creación.
San Antonio Abad nació en Egipto alrededor del año 251. Tras la muerte de sus padres, decidió renunciar a sus bienes materiales para vivir una vida de oración, penitencia y contemplación en el desierto. Inspirado por el Evangelio, eligió el camino de la sencillez y la austeridad, convirtiéndose en ejemplo de entrega total a Dios. Su testimonio atrajo a numerosos discípulos, por lo que es considerado uno de los fundadores de la vida monástica.
La tradición cristiana relata que San Antonio convivía en armonía con los animales, a quienes cuidaba y respetaba como parte de la obra divina. Esta cercanía con la naturaleza y los seres vivos lo llevó, con el paso del tiempo, a ser reconocido como su protector, símbolo del equilibrio entre el ser humano, la fe y la creación.


En su honor, cada año se realiza la bendición de los animales, en diversas iglesias de San Luis Potosí, una tradición profundamente arraigada en muchas comunidades. Este acto litúrgico no solo busca pedir por la salud y el bienestar de las mascotas y animales de trabajo, sino también recordar la responsabilidad que tiene el ser humano de cuidar y proteger la vida en todas sus formas.
La celebración de San Antonio Abad invita a reflexionar sobre el respeto a la creación, el amor desinteresado y la importancia de vivir una fe comprometida con el cuidado del prójimo y del entorno. Su legado permanece vigente como un llamado a la humildad, la compasión y la convivencia armoniosa con la naturaleza.




