Isabel García
Lejos de la narrativa oficial que presume una policía “altamente capacitada”, el Centro Histórico de San Luis Potosí se ha convertido en uno de los principales focos de inseguridad de la capital, con una cadena de robos, asaltos y hechos violentos que se repiten sin una respuesta efectiva del Ayuntamiento encabezado por el alcalde Enrique Galindo Ceballos, quien se vendió en la campaña electoral como el “super policía”.
Durante 2025 y el inicio de 2026, los delitos en el primer cuadro de la ciudad no sólo persistieron, sino que se diversificaron y ocurrieron cada vez con mayor descaro, incluso a plena luz del día y en zonas de alta afluencia turística, comercial y gubernamental.
En mayo de 2025, habitantes del Centro Histórico formalizaron su hartazgo mediante un oficio dirigido al alcalde, firmado por alrededor de 50 vecinos, en el que denunciaron el aumento de robos a casa habitación, asaltos a mano armada, robo de vehículos y detonaciones de arma de fuego en calles comprendidas entre Constitución y Zaragoza, incluyendo Abasolo, Comonfort, Rayón, Mina, Parrodi y Primera de Mayo.
En el documento también advirtieron la presencia de anexos irregulares como un factor adicional de riesgo.
Ante la falta de respuesta institucional, los propios ciudadanos se vieron obligados a implementar esquemas de vigilancia vecinal y cuidado mutuo, una medida que evidencia la ausencia de una estrategia de seguridad efectiva por parte del gobierno municipal.
En ese mismo año, un asalto a mano armada en el restaurante Café Cortao, ubicado en el Centro Histórico, encendió nuevamente las alertas entre comerciantes y visitantes, confirmando que ni los espacios de convivencia están exentos de la delincuencia.
Ya en 2026, el 5 de enero, un intento de asalto contra una joven en la calle Agustín de Iturbide provocó alarma generalizada. Aunque posteriormente se informó que el agresor portaba un arma de juguete, el hecho ocurrió a plena luz del día, en una de las zonas más transitadas de la ciudad, dejando en evidencia que los delincuentes actúan sin temor alguno a la presencia policial.
El episodio más reciente ocurrió este sábado 17 de enero, cuando dos sujetos armados irrumpieron en Rubens Joyería, ubicada en la calle Morelos, a escasas cuadras del Palacio Municipal.
Los asaltantes rompieron vitrinas y sustrajeron joyas, mientras otros dos cómplices los esperaban en motocicletas para huir sin ser interceptados.
El hecho quedó grabado por cámaras de seguridad y se viralizó en redes sociales, generando indignación ciudadana.
Para comerciantes, vecinos y usuarios del Centro Histórico, estos casos no son hechos aislados, sino la muestra de un patrón de inseguridad que contradice frontalmente el discurso del alcalde Enrique Galindo Ceballos, quien ha insistido en que San Luis Potosí cuenta con una de las mejores policías del país, incluso con supuestas capacitaciones internacionales.
La reiteración de asaltos, robos y ataques en el corazón político y turístico de la capital pone en entredicho la capacidad operativa de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana y refuerza la percepción de que el Ayuntamiento ha fallado en garantizar condiciones mínimas de seguridad para la población.
Mientras los delitos continúan acumulándose, ciudadanos advierten que el Centro Histórico ya no es sinónimo de patrimonio y convivencia, sino de abandono institucional y una inseguridad que se ha normalizado bajo la actual administración municipal.


