Federico Anaya Gallardo
Cuatro meses después de que El Informador de Guadalajara reportase a sus lectores que Jackie Cooper interpretaría a Limpy (el cojito) en la adaptación de la novela de William A. Johnston sobre un chico con discapacidad en When A Feller Needs A Friend de Pollard en 1932 (Liga 1), el Viernes 15 de Abril de 1932, el periódico tapatío anunciaba en su cartelera (página 6) una película previa del mismo niño-actor: Los suplicios de un huérfano. Así se anunciaba el filme: “El intenso drama de un Hombre y un Niño lleno de emociones terríficas…!!” y “La más sentimental, notable, excepcional y sin precedente en la historia de la Pantalla Hablada!!” Cooper era anunciado como “el niño que ha conquistado al mundo”.
En Inglés, ese filme se tituló Young Donovan’s Kid y fue dirigido en 1931 por Fred Niblo (1874-1948) para RKO Radio Pictures. Las estrellas adultas eran Richard Dix, Marion Shilling y el ahora legendario Boris Karloff. Se dice que es una cinta perdida pero la International Movie Data Base (IMDB) ha recolectado una colección de fotos fijas que nos muestran un filme oscuro, adonde Donovan —un matón que distribuye droga en la Nueva York de 1910— asume de facto la custodia del hijo de un compañero gánster caído en un enfrentamiento. Donovan es interpretado por Dix, el huérfano por Cooper. Esta relación producirá la regeneración de Donovan quien, con la ayuda al cura católico del barrio —el padre Dan interpretado por Frank Sheridan— encontrará el camino de la redención. Por supuesto, hay una subtrama romántica. Donovan se enamora de la sobrina del cura (interpretada por Shilling). Juntos pelearán la custodia del niño ante un tribunal. Y vencerán los intentos de los otros gánsteres por mantener a Donovan en el crimen organizado —entre ellos “Cokey Joe” (es decir, Pepe Cocaína) interpretado por Karloff.
De acuerdo con la American Film Association el guion de esta película causó ciertos resquemores entre los censores, quienes opinaron que “la policía no debe ser presentada como estúpida, brutal, ineficiente, ni su comportamiento debe parecer objetable”. Es más, la censura creía que “cualquier tratamiento aceptable de esta historia debería eliminar el elemento gansteril”. (Liga 2.) Obvio, eliminar el elemento de crimen organizado era destruir la narración esencial del filme.
Hasta ahora no he encontrado ninguna referencia al contenido de Los suplicios de un huérfano/Young Donovan’s Kid en la prensa mexicana. Tengo la impresión de que no había quién analizara el filme más allá de señalar que contenía “emociones terríficas”.
Dos años después, el Domingo 7 de Enero de 1934, en la página 4 de El Informador, Juan Menéndez publicó el artículo “El rol que elegirá cada estrella” en el que afirmaba que “en el cerebro de cada luminaria del cine bulle el deseo de representar algún día en la pantalla su rol favorito… a despecho del éxito que hayan obtenido en otros papeles”. Sobre nuestro niño-actor señalaba que “hasta Jackie Cooper mira al futuro, viéndose a sí mismo en su rol favorito, uno de los míseros mozalbetes en la inmortal historia de Mark Twain ‘El Príncipe y el Mendigo’”. Hasta donde he podido revisar, Cooper nunca interpretó ese papel. De hecho, sólo hay una adaptación mayor de esa novela de Twain en esa década: la dirigida por William Keighley para la Warner Brothers en 1937. ¿Hubo en 1934 el rumor de que Cooper podría hacer ese papel? ¿Ó el comentario tapatío de Menéndez nació sólo de su imaginación? Después de todo, como ya vimos en la anterior kino-reseña,… ¡en 1932 Campos Bravo afirmaba para El Nacional Revolucionario que Skippy —un live-action basado en una tira cómica— era una adaptación de Tom Sawyer! (En país de ciegos, el tuerto es rey…)
A parecer la crítica mexicana dependía excesivamente de la reacción anímica que los filmes estadounidenses causaran en el espectador “ilustrado”. En la nota de Campos Bravo de 1934 para El Nacional Revolucionario de la ciudad de México, el crítico nos dice que “nos hemos sentido francamente conmovidos” por Skippy y que este filme es un “drama demasiado humano para no sentirlo, demasiado veraz para no comprenderlo”. ¿Cómo se puede saber si algo es veraz si desconocemos los problemas concretos que enfrenta la sociedad que está siendo retratada?

El Viernes 18 de Mayo de 1934, El Informador anunciaba, en su sección de espectáculos (página 6), que los cines Lux, Cuauhtémoc, Rialto y Zelayarán presentarían Divorcio en la familia (Divorce in the family, dirigida por Charles F. Reisner, 1932). La película ya es de la MGM. La puedes ver en la red Одноклассники (Odnoklassniki) en la Liga 3. La descripción en la cartelera tapatía de 1934 decía que se trataba de una “deliciosa obra de tierno sentimentalismo” con “el niño Jackie Cooper”.
En el año que pasó entre Los suplicios de un huérfano de Niblo (1931) y Divorcio en la familia de Reisner (1932) los censores habrían logrado convencer a los “administradores” de Cooper en la MGM para remover elementos “inconvenientes” del guion. El niño ya no es un huérfano de un gánster muerto en un enfrentamiento, ni su salvador es un gánster rudo con chance de redención. Ahora Cooper es Terry Parker, el hijo de diez años de un arqueólogo que excava en la región de los Indios Pueblo. Ama a su padre y le encanta vivir la aventura de excavar y convivir con los pueblos originarios de los EUA.
El Dr. John Parker (interpretado por Lewis Stone) ya es mayor. Suele llevar a sus dos hijos a sus excavaciones. El mayor es un muchacho ya grande, de unos 15 ó 16 años, llamado Al (interpretado por Maurice Murphy) y el menor es Terry. El problema del profesor Parker es que es un padre ausente. Él y su mujer Grace (interpretada por Lois Wilson) deciden divorciarse. El hijo Al no resiente el cambio, pues hace años que está en una academia militarizada. El que sufrirá la separación es Terry. Las cosas empeoran porque Grace decide casarse nuevamente. El padre sustituto es un médico formal, Phil Shumaker (interpretado por Conrad Nagel). El padrastro resulta demasiado estricto, la relación empeora con el niño. El hermano mayor regresa a casa y el padre arqueólogo reaparece para tratar de ayudar.
La MGM no sólo eliminó en su guion la presencia del crimen organizado, sino que se permitió pontificar acerca de lo que es un “buen padre de familia” (el médico que provee con seriedad al hogar) y qué es un “mal padre de familia” (el arqueólogo que pasa meses fuera de casa, en excavaciones).
Podemos suponer que los anuncios en la cartelera de El Informador de Guadalajara eran representativos de los que aparecieron en el resto de los diarios mexicanos. Es poco probable que alguien haya ofrecido a los lectores una comparación entre los guiones de Los suplicios de un huérfano y de Divorcio en la familia. Lo que vendía era la imagen estereotipada de Jackie Cooper, el “tierno sentimentalismo” del niño que “ha conquistado al mundo”.
Como te he comentado en kino-reseñas previas, lo mejor de las películas de Jackie Cooper durante su etapa de estrella infantil no se dio en los papeles “tiernos” como los que he comentado hoy, sino en aquéllos en los que el muchacho debía combatir contra adversidades personales (When A Feller Needs A Friend) ó sociales (Tough Guy, Boy of the streets, The devil is a sissy). Al tiempo que el actor fue creciendo su rostro se fue endureciendo y los directores lo encontraron perfecto para encarnar al joven-en-situación-de-riesgo que podría perderse. Pero, para poder lograr ese retrato, los guionistas debían describir con crudeza la realidad social en que el muchacho vivía. Y en todos los ejemplos que he comentado en la filmografía de Cooper, esa realidad incluía al crimen organizado y a los gánsteres que ofrecían un camino alternativo al joven protagonista de la trama.
Los censores que recomendaron a RKO Radio Pictures eliminar el elemento gansteril de la narración en Young Donovan’s Kid no tenían realmente idea de lo que pedían. (Así suelen ser —en todo tiempo y lugar— las tías panistas.) Como veremos más adelante, ese elemento resultó esencial para hacer creíble la historia de superación que se ofrecía a las audiencias en estos retratos de la juventud.
Volviendo a la crítica mexicana en el momento de la recepción de las películas hollywoodenses de los 1930’s, la hipótesis sobre la falta de conocimiento acerca de la complejidad de la sociedad estadounidense se mantiene. Tendrían que pasar casi dos décadas para que problemas similares a los tratados en este tipo de películas estadounidenses llegasen a las pantallas mexicanas. Y cuando Buñuel denunció en Los Olvidados el abandono de las juventudes urbanas en nuestro país, Todomundo se le fue a la yugular por “mentir”. ¿Alguien tiene otros datos?

Termino esta kino-reseña con una paradoja inesperada. La primera escena de Divorcio en la familia nos muestra una vieja pick-up de la “American Ethnological Expedition” en medio del desierto norteamericano, frente a una ladera coronada por impresionantes riscos. Desde arriba cabalga hacia la camioneta un muchacho. Se trata de Al Parker, el hijo mayor del arqueólogo que llega al lugar de la excavación para llevarse a los científicos a comer. Para quienes nacimos en la última parte del siglo XX la referencia visual nos lleva a la secuencia de apertura de Indiana Jones y la Última Cruzada (Spielberg, 1989) adonde un Indi adolescente cabalga mientras lo persiguen los ladrones de artefactos arqueológicos a bordo de camionetas de los 1920’s. Mismo desierto, una escena en reversa, y arqueólogos con familias disfuncionales.
¿Hay alguna conexión? Improbable… aunque sabemos que Spielberg es un profundo conocedor de la filmografía estadounidense. En cualquier caso, coincidencias simpáticas.
¡Salud y República!
Ligas usadas en este texto:
Liga 1:
Liga 2:
Liga 3:
Liga 4:

