Astrónomos aficionados han logrado detectar una señal de radio extremadamente débil procedente de un objeto humano situado a más de 25.000 millones de kilómetros de la Tierra, un hito técnico que vuelve a situar a Voyager 1 en el centro de la actualidad científica. La captación confirma que la histórica sonda de la NASA sigue emitiendo desde los límites del sistema solar.
La recepción se ha producido gracias al radiotelescopio de Dwingeloo, en los Países Bajos, utilizado por miembros de la red Amateur Radio in Space. La distancia a la que se encuentra Voyager 1, unas 171 unidades astronómicas, convierte esta detección en un desafío técnico notable, ya que la señal que alcanza la Tierra tiene una potencia casi imperceptible.
La sonda fue lanzada en 1977 y, tras sobrevolar varios planetas, continúa su viaje por el espacio profundo. Su trayectoria la ha llevado a convertirse en el objeto fabricado por el ser humano más alejado de la Tierra, una condición que incrementa la complejidad de cualquier intento de comunicación desde nuestro planeta.
Una detección técnica al límite
El radiotelescopio de Dwingeloo no fue diseñado originalmente para captar la frecuencia de 8,4 GHz utilizada por la telemetría de la Voyager 1. Por este motivo, el equipo tuvo que instalar una antena específica y adaptar el sistema, ya que a esas frecuencias la reflectividad del plato es menor y el ruido de fondo resulta más difícil de filtrar.
Para confirmar el origen de la señal, los astrónomos aficionados aplicaron cálculos de desplazamiento Doppler, corrigiendo el efecto del movimiento relativo entre la Tierra y la nave. El análisis posterior permitió verificar que la frecuencia detectada coincidía con la esperada para la sonda de la NASA.
El ocaso de una misión histórica
A pesar del éxito, la misión atraviesa una fase delicada. La progresiva pérdida de recursos ha obligado a la agencia espacial estadounidense a apagar instrumentos científicos con el objetivo de mantener operativos los sistemas esenciales. En los últimos años, Voyager 1 ha sufrido fallos de memoria y problemas de transmisión que han puesto a prueba su resistencia.
Con el final de la misión previsto para los primeros años de la década de 2030, cada señal recibida adquiere un valor especial. La detección desde Dwingeloo demuestra que, incluso sin las infraestructuras de la Red del Espacio Profundo, la radioastronomía amateur sigue siendo capaz de escuchar a la nave que se adentra, lentamente, en el espacio interestelar.
Con información de: El Confidencial.

