Isabel García
Mientras el alcalde Enrique Galindo Ceballos presume avances y resultados en materia de seguridad desde giras, foros y viajes oficiales, la realidad que se vive en las calles del Centro Histórico de San Luis Potosí contradice de forma contundente el discurso del Ayuntamiento.
Comerciantes establecidos, especialmente de giros de alto riesgo como joyerías, advierten que la inseguridad no solo persiste, sino que se ha normalizado ante la ausencia de una estrategia preventiva eficaz por parte del gobierno municipal.
Lejos de sentirse protegidos, propietarios de negocios aseguran que los robos, asaltos e intentos de atraco continúan ocurriendo incluso a plena luz del día y en zonas de alta vigilancia teórica, como el primer cuadro de la ciudad.
La percepción generalizada es que la presencia policial es esporádica, reactiva y meramente decorativa, obligando a los comerciantes a destinar recursos propios a seguridad privada ante la falta de confianza en las autoridades municipales.
Los hechos recientes refuerzan esta percepción, ya que desde el asalto armado a Rubens Joyería, ubicada a escasos metros del Palacio Municipal, hasta robos en colonias como Balcones del Valle, atracos en transporte público sobre avenida Carranza, intentos de asalto en hoteles y ataques con armas (reales o simuladas) en calles céntricas, la capital potosina ha acumulado una cadena de delitos de alto impacto que exhiben un patrón reiterado: delincuentes armados que operan con total impunidad, muchos de ellos a bordo de motocicletas, sin que exista una contención efectiva.
Líderes empresariales como José Luis Chalita Manzur, presidente de Vive tu Centro, han sido claros al señalar el fracaso de la estrategia municipal de seguridad.
“Los delincuentes se mueven con total libertad y la policía solo está paseándose. Eso no es seguridad”, sentenció.
A esta preocupación se suman voces del sector empresarial y comerciantes como Alejandrina Cedillo, quienes advierten que la inseguridad ya está provocando caída en ventas, cierre de negocios históricos y un deterioro progresivo de la vida económica del Centro Histórico.
La consecuencia es directa, clientes que evitan acudir al primer cuadro de la ciudad por miedo, comercios que operan bajo riesgo permanente y una administración municipal que parece más preocupada por la apariencia que por la realidad.
Mientras Galindo Ceballos insiste en vender una capital “segura”, los hechos y los propios comerciantes desmienten ese discurso. La inseguridad no solo persiste, sino que se ha convertido en uno de los principales frenos económicos y sociales de San Luis Potosí, ante la pasividad de un Ayuntamiento que no logra o no quiere, recuperar el control de las calles.

