La reciente adquisición de una camioneta de lujo con valor superior a dos millones de pesos por parte del exdiputado local de San Luis Potosí, José Luis Romero Calzada, mejor conocido como “El Tecmol”, ha vuelto a colocarlo en el centro de la polémica. El vehículo, una pickup de alta gama cuyo precio en su versión más equipada puede superar fácilmente los dos millones de pesos, contrasta con el discurso de cercanía con “el pueblo” que el propio exlegislador ha promovido en distintos momentos de su trayectoria pública.
Romero Calzada, ahora militante del Partido Verde, quien alcanzó notoriedad mediática durante su paso por el Congreso del Estado y posteriormente a través de videos y transmisiones en redes sociales, ha construido una imagen basada en el lenguaje coloquial y en una narrativa antisistema. Sin embargo, la ostentación de bienes de lujo, abre cuestionamientos sobre la congruencia entre el discurso y los hechos.
En un contexto nacional donde desde el gobierno federal se insiste en la política de austeridad republicana, la compra de artículos de alto valor por parte de figuras políticas o exfuncionarios resulta especialmente sensible. La narrativa oficial ha colocado el combate al dispendio y a los privilegios como eje central del servicio público, apelando a la sobriedad como principio ético.
Si bien no existe impedimento legal para que un exdiputado adquiera un vehículo de lujo con recursos propios, la crítica social no se centra únicamente en la legalidad, sino en la coherencia. Más aún cuando se trata de personajes que han hecho de la identidad popular su principal bandera política.
La polémica revive una discusión de fondo en San Luis Potosí: ¿hasta qué punto la política se ha convertido en espectáculo? Y, sobre todo, ¿qué tan creíble resulta el discurso de cercanía con la ciudadanía cuando se acompaña de símbolos de opulencia? En tiempos donde la exigencia social gira en torno a transparencia y congruencia, la ostentación no pasa desapercibida.

