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El Imperio de El Malecón (Tragedias personales del Narco)

Por: Federico Anaya Gallardo

 

Te decía la semana pasada, querida lectora, que la narración histórica del libro Broadwalk Empire de Nelson Johnson en 2002 y, luego, en 2010-2014, de la serie El Imperio de El Malecón de HBO nos muestra cómo el Estado estadounidense se fortaleció a trompicones ante el surgimiento de las morales sublevadas de los capos mafiosos del tiempo de La Prohibición. Lo anterior podemos observarlo en varias de las narraciones secundarias en la serie. Hoy cierro mis kino-reseñas sobre la saga de la Atlantic City mafiosa con cuatro de esos arcos narrativos.

Nelson Van Alden. El más impresionante es el que cuenta la vida del agente federal (Departamento del Tesoro) Nelson Van Alden, interpretado por por Michael Shannon (n.1974). Aunque el personaje se inspira, en partes, en caracteres históricos –su figura es básicamente ficticia. Por eso es ejemplar. Van Alden es un verdadero creyente en la moral cristiana protestante subyacente en el proyecto original del Estado angloamericano: The Holy City in the Hill.Por ejemplo, el agente federal es un patriarca tan estricto que –en su vida privada– no autorizará a su mujer a realizarse una sencilla cirugía que le permitiría concebir (a ella) el hijo-heredero que sueña (él). La audiencia identifica de inmediato a Van Alden como un obsesivo compulsivo potencialmente peligroso.

Pero su estricta disciplina rinde frutos: en la temporada 1, Van Alden es el único agente de policía que documentó los crímenes de Nucky. Por supuesto, Nucky corrompió a su entorno y se deshizo de los testigos. Desesperado, pero ¡ eso sí !, en nombre de La Ley, Van Alden ejecutará al policía que le traicionó. Lo hizo en medio de una ceremonia de anabaptistas, exigiendo al ejecutado que renunciara a Satanás y aceptase el nuevo bautismo. (El pobre diablo no entendió nada y se ahogó…) Este asesinato arrojará a Van Alden al limbo creado entre las trincheras del Estado (siempre corrupto) y los gánsteres (siempre capaces de corromper al Estado). ¿Te suena a la realidad actual de la lucha mexicana contra el crimen organizado, querida lectora? No hay nada nuevo bajo el sol… Y nosotros debemos aprender en el teatro moderno las lecciones de otras Repúblicas.

El arco narrativo de Van Alden es la joya más acabada de los guionistas de El Imperio del Malecón. La paradoja más interesante es que el personaje realmente deseaba vivir en una sociedad segura, cristiana y moralmente confiable. Su tercera relación sexual es con una inmigrante noruega fascinante. Fría y estricta en apariencia. Pero pragmática: En su cocinita clasemediera ella destila whiskey para la mafia entre los biberones de los niños. Y todavía le alcanza para destilar Akvavit (Aquavit) para la comunidad noruega del barrio. Ambos formarán un hogar más ó menos estable en el Chicago de Capone. Los televidentes, tensos, estamos a la espera que ocurra una tragedia violenta en ese hogar. Aparte, Van Alden empieza siendo un verdadero creyente en la moral del Estado. Sus convicciones ideológicas le impulsaban a imponer su orden a la sociedad. Dicen que Goya dijo que los sueños de la Razón engendran monstruos. Van Alden es un ejemplo dramático. Para eso sirve el Teatro: para mostrarnos las consecuencias de nuestros deseos.

J. Edgar Hoover. Segunda historia.Importa recordar que la soberanía de los Estados esta SIEMPRE en construcción. En la temporada 4 de El Imperio de El Malecón aparece un joven J. Edgar Hoover (1895-1972), interpretado por Eric Ladin (n. 1978). Se trata de un burócrata delicado que se esfuerza por organizar una agencia eficaz en una muy corrupta Procuraduría General de la República (que eso es el Departamento de Justicia en EUA). ¿Cómo debe combatirse al crimen organizado? ¿Qué casos tomar? ¿Cómo documentarlos? ¿Cuándo se vale hacerse de la vista gorda? ¿Cuándo no? Un buen retrato de los inicios del Buró Federal de Investigaciones (FBI). La serie de HBO nos informa correctamente que a Hoover le preocupaban más los casos políticos. Él consideraba más peligrosos a los anarquistas, socialistas y comunistas estadounidenses que a los capos del crimen organizado. (Recuerda, lectora, que el Octubre Rojo acababa de ocurrir en las Rusias.) Esto lo retrata bien la película biográfica J. Edgar (Eastwood, 2011) adonde Hoover es interpretado por DiCaprio. Deberíamos regresar a ese filme, en otra ocasión.

En la vida real, la agencia federal que metió a la cárcel a Enoch L. “Nucky” Johnson, el capo histórico de Atlantic City, fue el Departamento del Tesoro y no el FBI. En El Imperio de El Malecón se alcanzan a ver las disputas entre las diversas agencias federales. En este sentido, la serie nos ayuda a entender que el Estado weberiano es tan sólo una linda ilusión –incluso allende el Río Bravo del Norte.

Charly “Lucky” Luciano. Tercer arco narrativo. En la temporada 3, episodio 12 (“Margate Sands”) te tropezarás, lectora, con un diálogo interesante. Un par de agentes del FBI arrestan a Charly “Lucky” Luciano (interpretado por Vincent Piazza, n.1976). Luciano estaba vendiendo heroína en Nueva York. Lo interrogan y lo torturan. Uno tiene una fea cicatriz en el cuello. Otro es gordito. Lucky le pregunta al primero: “—¿Dónde te hiciste esa cicatriz? En Mulberry Bend. ¿Sábes adónde es? —le responde— ¡Seguro! — contesta Lucky.”

El policía sigue su explicación: “—El ‘Callejón de los Bandidos’. Un miserable me atacó por la espalda una noche, con su daga. Y me cortó esta segunda sonrisa. Ahora hay un parque allí. Pasean bebés en sus carriolas”. En eso interviene el policía gordito y le dice a Lucky: “—Pendejos como tú vienen y van. Nadie los recuerda. Lo que permanece es la Ley.” (Recordemos que Lucky Luciano es el gánster histórico retratado en el Vito Corleone de Mario Puzo, así que la fe ciega en “La Ley” encierra un comentario irónico de los guionistas y productores.)

Lucky contesta irónico: “—Entonces debería reformarme…” El policía gordito le aplasta la cabeza contra la mesa y luego lo levanta en vilo para aventarlo contra unos archiveros de metal. Continúa la tortura. (Los espectadores pensamos: si esta es “La Ley” que permanecerá, estamos jodidos.) Lucky no dice ni quién es su socio; ni quién es el chino que le vendió la heroína; ni quien le adelantó el dinero para comprarla. Sobre la plata le dice a los del FBI que se la dio su hermana de lo que le sacó al gordito por mamársela. (Perdón por la rudeza, pero así se lo dijo.)

El policía gordito le explica, lleno de ira: “—Hay algo que no entiendes. Un abogadete no te va a sacar de esto. Podrías desaparecer”. Lucky le revira: “—Dijiste que existía la Ley”. El policía de la cicatriz cierra el debate en seco: “—Nosotros somos la Ley”.

Es entonces que Luciano les ofrece veinte kilos de coca para que lo liberen. (La heroína ya la tienen ellos.) Ellos no la rechazan, pero él pregunta qué gana él. Ellos sólo le dicen que gana su vida. Pero los tres saben que es una apuesta. En el siguiente encuentro con “La Ley” Lucky podría ser traicionado por la diosa Fortuna. La escena retrata, en la base, lo que ocurría en el momento mismo en que nacía el FBI. Si recordamos que las agencias de seguridad estadounidenses son múltiples y que se desagarran entre ellas (Sergio Aguayo dixit); entonces deberíamos mirar con desconfianza la idea de Claudio Lomnitz de que el Estado estadounidense es más fuerte que el mexicano (Para una teología política del crimen organizado, ERA, 2023, pp. 57-59).

Andrew W. Mellon. Cuarta historia. En la temporada 3, episodio 8 (“The Pony”), el Nucky de HBO se entrevista ¡ni más ni menos! que, con el secretario del Tesoro federal, Mellon. La cita ocurre en un exclusivo club de Nueva York –al cual los contactos de Nucky logran meterlo de contrabando. Nucky busca ofrecerle una alianza a Andrew W. Mellon (1855-1937). Mellon odiaba al Fiscal General Harry Daugherty (1860-1941). Estamos en 1923, al final de la Administración Harding (Republicano), que había empezado en 1920.

El Nucky de HBO había pactado su impunidad con Daugherty  (interpretado por Christopher McDonald, n.1955). Le pagó con mucho dinero, apoyo político en el Partido Republicano neojerseyita y una parte del próspero negocio del alcohol ilícito. El capo de Atlantic City ya tenía en el bolsillo al gobierno estadual, ahora tenía al Departamento de Justicia federal. Pero las corruptelas de Daugherty molestaban a Mellon, porque el Departamento del Tesoro es quien debe aplicar La Prohibición. El Fiscal General tenía demasiados escándalos. La mafia de Nueva Jersey necesitaba cambiar de caballo en Washington, DC. Nucky empieza la conversación con Mellon (interpretado por James Cromwell, n.1940) quejándose de la corrupción en el Departamento de Justicia.

Mellon le pregunta, sarcástico: “—¿Su espíritu patriótico se ofende, señor Thompson?” Nucky revira: “—Igual que el suyo, ¿no?” Mellon, despreciativo, aclara: “—Daugherty es un don Nadie. Un mercachifle.” En el fondo, Mellon también se refiere a Nucky, quien es un político próspero de primera generación en una ciudad de mercachifles que apenas tenía 70 años. Mellon es un potentado de tercera generación, familia de banqueros. Pero Nucky le da la razón al aristócrata: “—Siempre pensé eso de Daugherty”.

Mellon se desata: “—¡Todos son iguales! Eso es lo que nos trae la Democracia. Bandidos peleándose por un trozo del botín”. Nucky trata de llevarlo a su orilla del río: “—El Impuesto sobre la Renta…” (El ISR se había establecido en la Era Progresista para corregir la desigualdad social.) Mellon estalla: “—¡Un robo legalizado!… Sin base constitucional”. Nucky, como buen diablo tentador, le hace otra pregunta: “—¿Y La Prohibición?” Mellon revira: “—Una idea infantil sobre qué es la moral.”

Mellon era un republicano de corte aristocrático nacido en Pennsylvania. Era heredero de un exitoso empresario (Thomas) que había fundado un banco en Pittsburgh durante la Primera República, antes del populismo jacksoniano. Luego de la Guerra Civil, los Mellon fueron parte del Partido Republicano en Pennsylvania, pero se enfrentaron –ya en el siglo XX– con el ala progresista de su propia organización (Teddy Roosevelt). La llegada de Harding a la Presidencia eleva a Mellon al Tesoro, adonde impondrá su visión conservadora de la Economía. (Mellon es uno de los causantes del Crack de 1929 y de la Gran Depresión, si queremos simplificar el relato.) Mellon sostuvo el ISR –pero con una tasa máxima de 33% é incluso de 25% para los muy ricos. Mellon es el gran diseñador de la política histórica de “bajar impuestos a los grandes contribuyentes para que estos inviertan y crezca la economía”… que aún está de moda entre los plutócratas de EUA.

En la serie de HBO vemos a Nucky ofrecerle un pago elegante (é invisible) a Mellon. Atlantic City se encargaría de hacer funcionar una destilería de la Familia Mellon (Old Overholt en Pennsylvania) no sólo para producir alcohol para el mercado hospitalario de alcohol, sino para producir whiskey. Nucky asumiría todos los riesgos y Mellon recibiría su tajo en la oscuridad más discreta. En la realidad, los Mellon mantuvieron licencias de “alcohol medicinal” durante toda La Prohibición. En la ficción, este arreglo habría sido el pago a Nucky a cambio de los datos de prueba contra Daugherty. En la realidad, cuando murió el presidente Harding en 1923 y subió al poder el vicepresidente Coolidge, Daugherty fue defenestrado y Mellon quedó dueño del Gabinete hasta 1929-1933 bajo Hoover.

La sugerencia de que el titular de la Secretaría de Estado encargada de aplicar La Prohibición se beneficiase él mismo del tráfico ilegal dominado por el crimen organizado es tristemente plausible. Y ese es el mensaje que la serie de HBO nos trasmite. Querida lectora: ¿Notas la armonía que une en una sinfonía a los agentes del FBI que torturan a Luciano y se dejan corromper por él con el elegante Mellon que desprecia a los recién llegados, pero acepta su dinero? Los académicos elegantes de nuestro México llaman a esto redes de macro-criminalidad.

Y ese es el Estado poderoso del que nos habla Claudio Lomnitz. ¡Estamos jodidos! Para ilustrar esta kino-reseña, te dejo las imágenes del secretario Mellon en la realidad y en la serie de HBO.

La opinión expresada en esta sección de colaboraciones es responsabilidad exclusiva de su autor y no refleja necesariamente la postura de Potosinoticias.

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