Dr. Marco Lôme
Vivimos rodeados de mensajes que reducen al hombre a un estereotipo viejo o a una caricatura nueva, y entre ambos extremos se nos perdió lo esencial: que ser hombre, bien vivido, es algo profundamente bueno, noble y emocionante. ¡Ser hombre está muy padre, y creo que necesitamos volver a decirlo sin miedo y sin vergüenza, porque se nos olvidó!
Ser hombre está padre porque es descubrir que llevamos dentro una fuerza que no aplasta, sino que sostiene; un corazón que, aunque a veces callado, tiene una enorme capacidad de amar; una brújula interna que busca siempre dar sentido, proteger, acompañar. Se nos ha pedido tantas veces que seamos duros o que seamos todo lo contrario, que muchos varones terminaron sin saber quiénes son. Pero volver al origen (a lo que somos en esencia) nos recuerda algo simple y hermoso: ser hombre es un regalo, no una carga.
Ser hombre está muy padre porque no somos la caricatura que nos vendieron. No somos solo fuerza ni solo ternura; somos una mezcla increíble de ambas. Ser hombre es aprender a caminar con firmeza sin dejar de sentir, es reconocer nuestras heridas sin dejar que nos definan, es atrevernos a crecer por dentro mientras avanzamos por fuera.
Ser hombre está padre porque implica una aventura interior: entender de dónde venimos, reconciliarnos con nuestra historia y encontrar una manera propia, auténtica y honesta de amar. El varón que se permite este camino descubre que su verdadero poder no está en imponerse, sino en entregarse; no está en callar lo que siente, sino en reconocerlo; no está en ser perfecto, sino en aparecer con verdad.
Y si algo deja claro que ser hombre está muy padre, es la paternidad. La paternidad despierta la mejor versión de nosotros. Te obliga a crecer, a salir del centro, a ordenar tu vida desde el amor y no desde el ego. Te enseña que tu presencia pesa, que tu palabra marca, que tus actos dejan huella. Ser padre está muy padre porque te hace descubrir que tu fuerza tiene una dirección: proteger, guiar, sostener. Te convierte en hogar. Te vuelve raíz. Y cuando un hombre descubre que puede ser refugio para otro, algo dentro de él se ilumina. No porque sea fácil, sino porque es profundamente humano.
También está muy padre levantarse aun herido. Está muy padre reconocer que no somos perfectos, pero aun así seguir intentando amar mejor. Los hombres cargamos historias duras (ausencia de padre, silencios largos, expectativas imposibles), y sin embargo, ahí siguen: apareciendo, creciendo, corrigiendo, dando lo mejor que pueden. Esa perseverancia es algo muy padre del corazón masculino: caemos, sí, pero nos levantamos con más claridad. Nos equivocamos, sí, pero buscamos aprender. Dudamos, sí, pero no abandonamos. Y eso hace mucho bien al mundo.
Hoy vivimos en un tiempo con mucha orfandad, no solo de padres, sino de figuras masculinas presentes. Por eso, ser hombre está muy padre cuando el hombre aparece, cuando escucha, cuando acompaña, cuando abraza, cuando da dirección. Cuando deja de esconderse detrás del trabajo, del orgullo o del miedo, y decide estar. Porque cuando un hombre aparece con su corazón despierto (aunque no sea perfecto), algo en la vida de los suyos se acomoda. La familia respira diferente. Los hijos caminan distinto. La comunidad se siente menos sola.
Por todo esto, vuelvo a decirlo con más fuerza: ser hombre está muy padre. Está padre sentir, está padre ser fuerte sin destruir, está padre amar sin miedo, está padre sanar lo que nos dolió, está padre aprender nuevas formas de presencia. Ser hombre está muy padre porque significa vivir desde el corazón, con esa mezcla única de fuerza y ternura que solo el varón puede ofrecer. Y en un mundo que necesita esperanza, la presencia de un hombre bueno, fuerte y con corazón no solo está padre: es imprescindible.
Marco Antonio Lôme Doctor en Psicología y Maestro en Ciencias de la Familia, especialista en matrimonio, afectividad, sexualidad y liderazgo. Con una sólida formación académica y humana, combina su experiencia como terapeuta matrimonial —certificado en el método Gottman y en Terapia Enfocada en Emociones— con un enfoque integral que impulsa el crecimiento personal, familiar y empresarial. Fundador de Trascentia Family Consulting, ha impartido conferencias en América y Europa, inspirando a miles de personas a construir relaciones más conscientes, sanas y plenas. Es autor del libro El ring del amor, donde comparte herramientas para fortalecer el vínculo de pareja y superar los retos cotidianos del matrimonio. Con un estilo cercano, profundo y esperanzador, Marco invita a redescubrir el sentido del amor y la familia como el espacio donde se forma lo mejor de cada persona.

