A unos días de iniciar formalmente las posadas, la tradición mantiene viva la memoria del peregrinaje de María y José y refuerza el sentido comunitario que caracteriza a la Navidad mexicana, explicó David Madrigal González, profesor investigador del Programa de Estudios Antropológicos del Colegio de San Luis. Recordó que estas celebraciones surgieron en el siglo XVI, cuando los evangelizadores adaptaron rituales católicos al contexto local para integrar a los pueblos en la celebración del nacimiento de Jesús.
Las posadas, que se realizan del 16 al 24 de diciembre, representan los nueve días previos al nacimiento del Niño Jesús. En ellas, familias, vecinos y parroquias recorren calles, entonan letanías y comparten alimentos, reforzando la solidaridad por encima de la vida individualizada que se impone en las ciudades. “Estas festividades privilegian la unidad y la convivencia por encima de la individualidad, fortaleciendo los vínculos barriales y familiares”, subrayó el investigador.
Madrigal destacó que, además del canto tradicional de petición, la piñata continúa siendo uno de los símbolos centrales. Su forma de estrella con siete picos representa los pecados capitales, mientras que el acto de romperla simboliza el rechazo a ellos, premiado con dulces y frutas como signo de recompensa por la virtud. Este elemento, señaló, es una muestra del sincretismo que caracteriza a las prácticas decembrinas mexicanas, donde conviven símbolos religiosos, indígenas y populares.
Aunque la migración, el consumismo y la urbanización han modificado algunos aspectos —como el predominio de Santa Claus sobre los Reyes Magos o la transformación de la piñata tradicional en figuras comerciales—, la posada sigue siendo una de las celebraciones más arraigadas en México y en San Luis Potosí, especialmente en barrios como Tlaxcala, San Miguelito y San Sebastián. “No desaparecen, pero sí se transforman en forma, significado y espacios. Aun así, mantienen su función central de identidad y cohesión comunitaria”, señaló.
Con recorridos, velas y nacimientos, las posadas siguen marcando el inicio de la Navidad en la tradición mexicana, recordando que, más allá de los regalos y las compras, diciembre es un tiempo de comunidad, memoria colectiva y esperanza compartida.

