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OpiniónPORTADA

Mesa Revuelta/”Amor y paz” con Nico

 

Javier Padrón

No se necesita ser un letrado para entender la doctrina Estrada, la que ha provocado la furia de un sector muy demócrata de la sociedad mexicana, amachinado en que el gobierno mexicano condene la reelección del presidente venezolano Nico Maduro por “ilegítima”, como lo han hecho otros países que se han sumado al Grupo de Lima para exigir su deposición.

Con excepción de México, los gobiernos de Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú y Santa Lucía,  apoyados por Estados Unidos y la Unión Europea, no reconocen el triunfo electoral de Maduro.

En otras palabras, quieren que deje el poder y se vaya a su casa, un golpe de Estado técnico auspiciado por la intervención de gobiernos extranjeros en los asuntos de los venezolanos.

Contra ese tipo de intromisión, un venerable mazatleco, Genaro Estrada, desarrolló en la década de los 30 del siglo pasado una doctrina que lleva su apellido, por la cual se rechaza que un gobierno extranjero califique a otro de transgresor de la democracia, de ilegítimo.

Para algunos, como el güero Jorge Castañeda, que fue canciller de Vicente Fox, la doctrina Estrada es una entelequia, ya no sirve en el siglo XXI, y México debe tener una mayor intervención en el complejo escenario internacional asumiendo posturas críticas, conflictivas, como es el caso que nos ocupa.

La doctrina está por cumplir unos noventa años.  Estrada fue diplomático, canciller de Pascual Ortiz Rubio; periodista, escritor, amante de los libros; con sillas en las academias de la Lengua e Historia, ¿quién iba a imaginarse que su pensamiento sería retomado por el austero presidente Andrés Manuel López Obrador?

Si ahora la política exterior mexicana estará de nuevo orientada por el criterio de no intervención en asuntos de otros países, AMLO la ha resumido y practica con cierta destreza en los asuntos de política interna en el sicodélico “amor y paz”, cada que lo cuquean sale con esa expresión para tratar de serenar los ánimos exaltados.

Por negarse a patearle el trasero a Maduro, ya ha tenido varios episodios no diríamos que incómodos en los aeropuertos del interior del país con la casual aparición de mujeres extranjeras, de acento encendido y grabando con móvil en mano, lo cuestionan por no condenar a Nico por dictador, AMLO las mira de reojo, en voz baja les dice que no se mete en los asuntos de otros países sin dejar de tomarse “selfies” con la gente que se le acerca.

¿Amor y paz o guerra?, es el dilema.

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