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Opinión

Ver para pensar: El Dreyfus de Boisset

Federico Anaya Gallardo

1995, Francia. Un siglo después de estallara el Affaire Dreyfus, el director francés Yves Boisset (n.1939) llevó a la pantalla chica su versión del caso. A mitad de camino cronológico entre la versión didáctica de 1991 creada por el estadounidense Richard Dreyfuss y la oscura del polaco Román Polanski en 2019, el Dreyfus de Boisset se basa en una novela escrita por un abogado-literato, Jean-Denis Bredin (1929-2021). Ya te había contado, lectora, que la versión Polanski nació de una novela de Robert Harris –pero que este la escribió a instancias de Polanski. Es decir, novela y filme nacieron al mismo tiempo. En cambio, la novela de Bredin se publicó en 1983 (chez Julliard, en París) es decir, doce años antes que Boisset la adaptase al cine. Aparte, el Dreyfus de Boisset fue un acontecimiento histórico –pues acaso fue la primera versión cinemática francesa del Affaire luego de una decena de cortometrajes de Méliès en 1898 –¡un siglo antes! (Regresaré a esto la semana que viene.)

Importa que te cuente, lectora, que Bredin era un abogado y que, como escritor, ocupó desde 1989 el sillón número 3 de la Academia Francesa. Fue el sucesor inmediato de Margerite Yourcenar (1903-1987), famosa por sus Memorias de Adriano. En ese mismo sillón número 3 se había sentado el dreyfusard Georges Clemenceau desde 1918 hasta su muerte en 1929. Los académicos franceses llamados Inmortales desde los tiempos del Cardenal Richelieu– son electos por los miembros del colectivo –aunque el Presidente de la República debe aprobar su designación (como hacía hace tres siglos el Rey Sol). Las designaciones revelan el consenso de las élites nacionales francesas respecto de algunos temas. (Esto indica que el consenso actual, en 2023, está a Derechas: acaban de elegir al Marqués Vargas Llosa para el sillón número 18.)

La elección de Bredin al sillón número 3 de la Academia en 1989 (el año del 200 aniversario de la Gran Revolución) reconocía la aportación del abogado al conocimiento histórico del Affaire Dreyfus y lo colocaba en un sillón que ocupó un dreyfusard. Era una designación a Izquierdas. En su discurso inaugural, Bredin hizo un elogio liberal de su antecesora, Yourcenar, en los siguientes términos: “En su obra y en su vida, [ella] quería que cada vida fuera una conquista de libertad”. (Incluyo una fotografía de Bredin en la Academia, con su “hábito verde”, que tomé de commons.wikimedia.org y que debemos a Louis Monier.)

Pero hay cosas más interesantes sobre Bredin. Como abogado, fundó un bufete con Robert Badinter –el abogado socialista francés que litigó contra la pena de muerte y buscó la despenalización de la homosexualidad. Sobre Badinter existe un muy buen téléfilm dirigido por Jean-Daniel Verhaeghe (L’Abolition, 2009). Badinter dejó su bufete con Bredin cuando el presidente Mitterrand lo nombró Garde des Sceaux –“Guardián de los Sellos” ó “Canciller”, el nombre pomposo del Ministerio de Justicia francés, encargado de la organización administrativa de la judicatura.

En resumen, la novela en que se basa la versión Boisset de Dreyfus no sólo nos ofrece un ojo francés, sino una perspectiva jurídica de Izquierdas. La puedes ver en la Liga 1, en YouTube gracias a “keytothegarage” en una versión en Francés sin subtítulos (los automáticos y su traducción al Castellano no son muy buenos). Dura 3:16:28 horas.

La versión Bredin-Boisset nos muestra la vida infame que vivió el capitán Dreyfus mientras estuvo condenado en la Isla del Diablo. En el Dreyfus de Polanski (2019) sólo vemos al acusado gritando su inocencia durante la degradación (que ocurrió en Enero de 1895) y al final, reclamándole a Picquart (ya ministro de la Guerra) que cuando lo rehabilitaron no le computaron los años de injusta prisión como parte de su servicio activo. Ese Dreyfus parece un cuentachiles avaricioso. Por su parte, en el Dreyfus de Dreyfuss (1991) el capitán acusado injustamente es minimizado por una de las escenas más fuertes del filme. Es 1898 y Dreyfus está de regreso en Francia. Había logrado un segundo juicio militar, pero lo volvieron a condenar. Para aplacar el escándalo, el Ejército le ofrece un indulto “por circunstancias especiales” –de modo que ya no regrese a prisión. Dreyfus acepta. Picquart le reclama su falta de valor –porque aceptar el indulto era aceptar su culpabilidad. En resumen: un Dreyfus débil que no está dispuesto a morir por la República.

En cambio, el Dreyfus de Bredin-Boisset es un héroe republicano cabal. En la Isla del Diablo, obedece en silencio todas las instrucciones de su Superioridad. (Los presos militares siguen siendo militares.) Cuando enferma de paludismo se niega a ir al hospital, porque su condena dice que debe estar aislado en un peñón. (Minuto 2:14:00.) Es fuerte y resiliente. No sólo ha proclamado en público su inocencia, sino que acepta el martirio que los falsos acusadores le imponen. Uno recuerda un par de frasecitas atribuidas por la burguesía occidental a Sócrates: Uno siempre debe respetar las leyes del Estado… Más vale sufrir la injusticia que cometerla.

Mientras que en el Dreyfus de Dreyfuss (1991) y en el Dreyfus de Polanski (2019) el coronel Picquart es el centro de todo; la novela de Bredin y la película de Boisset dedican mucho más tiempo a los dreyfusards de fuera del Ejército. De hecho, esto es un acto de justicia. Sin la terquedad del hermano de Dreyfus (Mathieu, interpretado por Philippe Volter) y de su mujer (Lucie Hadamard, interpretada por Laura Morante), su causa habría quedado enterrada en los reportes de la prensa vendida al Ejército. Igualmente, Bredin-Boisset subrayan el papel del anarquista ateo de origen judío Bernard Lazare (nacido Lazare Bernard, 1865-1903) que fue de los primeros periodistas en propagar que Dreyfus era inocente.

La película de Bredin-Boisset nos muestra cómo se fue formando, poco a poco, y en medio de mucha desconfianza, el “partido” dreyfusard. Al principio, sólo Lazare (interpretado por Philippe Laudenbach) creía en la inocencia del capitán condenado.

Léon Blum (1872-1950) recordaba, en una serie de artículos publicados en 1935 (cuando murió Dreyfus) que Lazare era “un judío de la gran raza, de la raza profética, de esa raza que le habría llamado «hombre justo». Otras gentes le llamarían «hombre santo»”. (En la Liga 2 puedes descargar el PDF completo del libro que reunió esos artículos, titulado Souvenirs sur l’Affaire, París: Gallimard, 1935. Lo citado, en la p. 20.)

Pero Lazare no creía en la inocencia de Dreyfus porque Dreyfus fuese judío. Lo creía porque había escuchado el testimonio del comandante de prisiones militares que había supervisado personalmente el encierro de Dreyfus en 1894: el comandante Ferdinand Forzinetti (1839-1909), veterano de Italia y México, quien al parecer fue un oficial elevado en campo. Forzinetti (interpretado por Richard Martin) pasó a retiro poco después de la primera condena de 1895. Buscó al hermano del condenado para decirle que era falso que Dreyfus hubiese admitido su culpabilidad. A Forzinetti le constaba que Dreyfus había sido presionado para confesar y que nunca lo hizo. (Hoy hablaríamos de tortura psicológica.) Para Forzinetti, Dreyfus era admirable por su confianza absoluta en su Superioridad, por su firme lealtad a la institución armada.

Lazare llevó a Forzinetti frente al joven Blum –quien también era judío. Pero Blum (interpretado por Daniel Mesguich), y muchas otras personas con él, seguían sin creer. Fue la infatigable labor de recopilación de datos de Mathieu Dreyfus lo que terminó de reunir los datos que convencieron a millones de que Dreyfus era inocente. Entre esos datos estaban aquéllos que apuntaban a Esterhazy (interpretado por un malévolo Pierre Arditi) como el verdadero espía –descubiertos por el coronel Picquart (interpretado por Christian Brendel) cuando éste dirigió la Sección Segunda de Inteligencia Militar– así como la revelación de que Esterhazy estaba endeudado (con cartas aportadas por Monsieur de Castro, interpretado por Jacques Zabor, quien fuese su agente en la Bolsa) y que despreciaba al Ejército francés (con cartas aportadas por una de sus examantes, en las que el espía sugería que sería bueno que los ulanos prusianos atacasen Francia).

Esta multitud de actores ó detalles no la verás, querida lectora, en las versiones del Affaire de 1991 y 2019, pero sí en la de Bredin-Boisset. Se trata de una película que sigue el argumento y el modo de pensar de los abogados que armaron la defensa de Dreyfus –y que Bredin había reconstruido en su novela de 1983. Hay dos momentos fascinantes en términos jurídicos.

En uno, en 1897, el viejo senador alsaciano Auguste Scheurer-Kestner (1833-1899, interpretado por Louis Arbessier) se presenta ante el general encargado de la investigación sobre Dreyfus (George Gabriel de Pellieux, 1842-1900, interpretado por Marc de Jonge). El senador le muestra al general la carta de Esterhazy sobre los ulanos prusianos. (Busca en los minutos 2:17:00 & ss.)

El general le dice al senador que las cosas han cambiado desde que Esterhazy escribió esas palabras. El legislador le responde: “—Por supuesto que han cambiado: ¡él ha pasado de la palabra a los actos! No sólo sueña con masacrar franceses, ¡él ha traicionado a Francia!” Desesperado, el general le responde: “—¡Usted no tiene pruebas de eso que dice!” Y el senador le revira: “—En efecto. Es Usted quien tiene [los documentos encontrados en la basura de la embajada Alemana por la Sección Dos]. Usted es quien tiene las muestras de la escritura de Dreyfus y de Esterhazy. Es Usted quien tiene todas las pruebas”. El general, envalentonado, le grita al senador: “—Nosotros tenemos las pruebas, pruebas irrefutables. ¡Un armario lleno de pruebas! Todo un dossier secreto”.

Y aquí el senador alsaciano tira a matar: “—¡Un dossier secreto! Eso no existe desde el punto de vista jurídico. No es más que un dossier des situaciones ó de chantajes. Pruebas, las verdaderas pruebas, deben ser examinadas a la luz del día, de forma contradictoria, según las normas de la Justicia Republicana”. El senador sale indignado y entrega a la prensa las cartas que demuestran que Esterhazy es un traidor anti-francés.

El otro momento fascinante es cuando el escándalo obliga al Ejército a aceptar que el expediente que contenía las supuestas pruebas contra Dreyfus nunca fue mostrado a la defensa del acusado. Aquí, el filme de Boisset nos muestra al joven abogado Blum diciendo algo así como: Han aceptado que existen esos documentos que nadie había podido ver. Ahora deberán mostrarlos. Ellos no lo saben, pero nosotros ya ganamos esta guerra.

Si te suena, lectora, que esta película trata temas de actualidad como qué es una prueba, qué es el debido proceso, qué es información pública y quién debe tener acceso a ella, es porque el abogado Bredin era un dreyfusard moderno.

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