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Opinión

Dos candidatas a la presidencia: ¿Tendremos una nueva sociedad más familiar?

Dr. Rafael Hurtado | Instituto de Humanidades

Esta valiente afirmación puede entusiasmar a muchos y enrabietar a otros. Pero polemizar
sobre un tema tan delicado, sobre todo en tiempos de elecciones presidenciales en
nuestro país, no es mi intensión. Sin embargo, encuentro mucha sabiduría en esta
enunciación: el hogar es una extensión del vientre materno. No tanto porque se pueda
justificar con argumentos abstractos, con estadísticas o con estudios clínicos, sino porque
lo he visto en la práctica con mis propios ojos, tanto en mi hogar como en el hogar de
muchos. Incluso he conversado con varios colegas del sector académico universitario,
donde yo me muevo, y hay quienes lo ven con tal claridad que coinciden en que toda mujer
sabe “hacer hogar”, a donde quiera que va y en donde quiera “instalarse”. Así estarán
pensando los votantes de nuestro país: al fin tendremos una “presidenta”. Pero ojo, el
hogar es el hogar, y la sociedad la sociedad, es decir, se distinguen pero no son lo mismo
por el tipo de relaciones que entrañan.

Para muchos, la sociedad necesita humanizarse así: a través del “genio de la mujer”,
entre ellos el entrañable San Juan Pablo II (1920-2005+). ¿Quién se opondría a que el
mundo civil y corporativo sea mucho más amable, menos hostil, más familiar? ¿Quién
podría estar en desacuerdo con tan necesario ideal? A estas preguntas contestaría la
primer ministra de Italia, Giorgia Meloni, con un contundente sí. Incluso nuestras dos
principales candidatas a la presidencia de la República Mexicana no tendrían empacho en
sumarse a esta afirmación. Pero, las cosas no se hacen solas ni a partir de cálculos frívolos.
¿Cuál puede ser el principal reto a vencer frente a este ambicioso escenario? Para muchos,
lo primero que tiene que pasar es que el varón emprenda su camino de vuelta al hogar.

En el “discurso habitual”, se dice que el padre de familia ha de procurar asumir
“corresponsablemente” su justa parte en las funciones domésticas, hasta el momento
asumidas por la mujer, y la mujer reclamar su lugar en la sociedad en general. Con el
tiempo, bajo este esquema que promueve la conciliación entre la vida laboral y familiar, los
hijos aprenderán a hacer lo mismo, tanto en su hogar actual, en la sociedad, en el colegio,
en la universidad y, posiblemente, en sus futuros hogares, hasta lograr una nueva cultura
“familiarmente responsable” nunca antes vista.


En efecto, se ha llegado a afirmar que la promoción de una nueva sociedad más “femenina”
y un nuevo hogar más “masculino” es hacia donde irremediablemente nos está llevando la
cultura postmoderna. Pero hay un problema: todo padre de familia que decida estar de
vuelta en el hogar, tendrá que darse a la tarea de reflexionar con profundidad el modo en
que su “presencia” ha calado de verdad en la vida de sus seres amados. Y ese saber solo
se lo puede enseñar su mujer, y nadie más, a partir del diálogo. Ya lo afirma la sabiduría
bíblica: el varón dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y juntos se convertirán
en una sola carne: una caro (Gn 2:24). A esto se le puede agregar: y juntos formarán su
propio hogar, en el que la vida de sus hijos, y de ellos mismos en cuanto cónyuges, se
convertirán en la promesa sublime de un nuevo mundo.

En democracia, siempre se habla de lo que el corazón añora: la importancia de la
igualdad y la libertad que en la fraternidad (seguridad) emerge cuando se está “frente”
a los que nos han dado la vida: nuestros padres, nuestras madres, nuestros hijos,
nuestros vecinos, nuestros conciudadanos. Ante un mundo que ha perdido la capacidad
de confiar en el otro y de tener esperanza en la humanidad y fe en Dios, afirmaría que será
desde el hogar familiar que esta realidad contundente se vuelva a repensar. Me parece que
esta reflexión ha de tocar con profundidad nuestra sensibilidad en estos momentos en los
que México se está jugando el todo por el todo en favor de la libertad, la igualdad y la
fraternidad… pero quizás más importante, nos estamos jugando el futuro de nuestras
familias. Por tal motivo, no dudemos en hacer valer nuestros derechos, en particular el voto,
cara a unas elecciones que sin duda cambiarán el rostro de nuestro México para siempre.

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