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Opinión

Ver para Pensar: L’Advocate

Federico Anaya Gallardo

Barthélemy de Chasseneuz, ó Bartolomé Cassaneus –el hombre que aparece en el primer grabado renacentista que agrego a esta kino-reseña– nació en 1480 en Borgoña. Esa región a mitad de camino entre las actuales Francia y Alemania era disputada por dos ramas de la dinastía Capeto-Valois una, liderada por el rey francés Luis XI desde París y otra por el riquísimo Carlos el Temerario –un duque francés que estuvo a punto de crear un Estado borgoñón independiente. Pero, como Carlos era Temerario pero no inmortal, murió en 1477 sin descendencia masculina. Su heredera, María de Borgoña, desposaría al más bien pobre Maximiliano de Habsburgo. De ese matrimonio descienden los Habsburgos españoles que en México conocemos como “los Austrias” (incluido nuestro propio Maximiliano que fusilamos en Querétaro) y los Habsburgos alemanes que gobernaron en Viena hasta 1919 (y de los que te he contado en mis kino-reseñas sobre la emperatriz Sissi).

Cassaneus era un abogado sabio (una especie siempre rara) cuya fama proviene de una leyenda y de un hecho cierto.

Lo cierto es que ese Bartolomé publicó en 1517 los Commentaria in consuetudines ducatus Burgundie (ó Comentarios sobre las Costumbres del Ducado de Borgoña). El retrato de Cassaneus en la portada de ese libro es el segundo de los grabados que anexo aquí. El libro es una muy famosa recopilación del derecho consuetudinario francés y borgoñón, sistematizada y analizada junto con las instituciones del Derecho Romano. Puedes descargar la edición de 1517 en PDF desde el sitio de la Biblioteca Nacional de Francia (Gallica) en la Liga 1, un bello ejemplo de libro jurídico en Latín con anotaciones de algunos de sus usuarios. (Ilegible en nuestros días en que nadie usa el viejo idioma.) Ese libro siguió usándose como referencia de los abogados franceses hasta 1800 y, luego de la promulgación de Código Napoleón, siguió consultándose para interpretar el nuevo derecho civil.

La leyenda es que en 1510 defendió a las ratas de la ciudad de Autun en contra quienes las acusaban de haberse comido el grano de las alhóndigas y causado el hambre de los ciudadanos. La Europa medieval no consideraba a los animales como seres equivalentes a los humanos, pero aquéllas sociedades sí necesitaban, a veces, hacerles responsables de actos que devastaban a la comunidad. Es decir, los animales no tendrían derechos, pero sí se les castigaba.

Con estos datos, a principios de los años 1990s, Leslie Megahey (1944-2022) escribió un guion para la BBC. En 1993 vio la luz una película titulada en Europa The Hour of the Pig (La Hora del Cerdo), que se distribuyó en los EUA como The Advocate (El Abogado). Puedes verla, querida lectora, en YouTube gracias a “Emilio Tarazona” (@emiliotarazona4815) en una buena versión con subtítulos en Castellano. (Liga 2.)

Los actores son de primera, un Colin Firth de sólo 33 años –nació en 1960– interpreta al joven abogado Richard Courtois que recién ha salido de París y busca los placeres simples de la vida campestre. (Lo puedes ver en la tercera imagen que agrego a este texto.) Le acompaña su secretario Mathieu (interpretado por Jim Carter, n.1948) quien no se hace ilusiones acerca de la bondad de los seres humanos –sean urbanitas ó campesinos. Courtois es una versión romántica del Cassaneus histórico, como las mujeres y los hombres del ya larguísimo siglo XX nos imaginamos que debería ser un abogado defensor de la Justicia.

A los abogados en Francia y los Países bajos se les dice “Maitre” (Maestro). El Maitre Courtois ha conseguido un puesto como abogado defensor en un pueblito llamado Abbeville en la región de Ponthieu en La Picardía. Allí gobierna un noble llamado Jehan d’Auferre, interpretado por Nicole Williamson (1936-2011). A Williamson lo recordamos por su magnífico Merlín en la Excalibur de John Boorman en 1981. Si su mago arturiano era oscuro, en L’Advocate su Signeur d’Auferre es siniestro. Se trata de un noble “nuevo”, es decir, de un comerciante exitoso que ha comprado las tierras que gobierna y con ellas, se ha apropiado de los siervos adscritos a esos terrenos y de los poderes políticos (y jurídicos) ligados al señorío feudal.

El otro notable en el pueblo es el cura párroco Albertus, interpretado por Ian Holm (1931-2020) quien recibe al joven abogado con una frase genial: “—¡Quienquiera que haya leído un libro es un enviado del Todopoderoso!” Albertus será el viejo guía etnográfico del joven intelectual renacentista en su aventura campesina. Pero detrás del buen humor, Albertus esconde una gran cobardía. Enterado de mil injusticias, nada hace en contra de ellas.

La Francia y la Borgoña del Maitre Courtois/Cassaneus, en aquél año 1500, estaban a mitad de camino entre el gótico medieval decadente y lo que nosotros llamamos Renacimiento –esa era extraña en que las y los europeos empezaron a soñar utopías (ó volvieron a hacerlo). La película retrata un choque brutal. Por una parte, un abogado educado en la disciplina jurídica más avanzada (el humanismo que evolucionaba a racionalismo). Por la otra, la práctica real/efectiva del Derecho en una zona rural.

Courtois/Cassaneus creía que encontraría en la campiña picarda los restos inmaculados del Paraíso Terrenal. Su secretario Mathieu le advirtió, paso a paso, que los seres humanos son inmundos tanto en el campo como en la ciudad. Pero el intelectual se niega a ser pesimista. Al racionalista le impacta la idea de que los animales fuesen considerados sujetos de Derecho –pero esto resultará lo más trivial é inocente de su inmersión popular. Luego de un verano en la región, el jurista descubre que todas y todos conocen los secretos más oscuros de sus vecinas y vecinos. Y que nadie está dispuesto a levantar la voz por la Justicia. Todomundo calla ante los horrores.

El guion es complejo. Maitre Courtois/Cassaneus no es el primer erudito que llega de París. Allí estaba, desde hacía décadas, el famoso abogado Pincheon, interpretado por Donald Pleasence (1919-1995) quien nos enseña que había llegado a Abbeville igual de idealista que Courtois, pero que se desencantó pronto. Pincheon/Pleasence está encargado de la acusación. Ese proto-ministerio público acusa a quienes los poderosos de la comarca le indican que debe acusar…

Las sentencias las suele dictar el Magistrado Boniface, interpretado por Michael Gough (1916-2011)… salvo que el Seigneur Jehan d’Auferre desée presidir él mismo su tribunal feudal. Este es el primer personaje fuerte que veremos en la pantalla. Boniface está en un cadalso ejecutando una sentencia de muerte en contra de un hombre que ha tenido intercurso carnal con una burra. Tanto él como la burra tienen la soga al cuello. Boniface lee la sentencia frente a la gente del pueblo. De pronto, llega un monje corriendo. Trae un pliego del pueblo vecino. Los ojos del condenado se llenan de esperanza. Pero en la carta se señala la buena conducta é inocencia… de la burra. Boniface ordena en el acto que se suelte a la burra, pues es evidente que fue obligada al acto por el humano. La escena termina con los pies descalzos del ejecutado danzando en el aire. Dura lex, sed lex… diría el abogado romanista recién llegado.

Pero el joven advocatus pronto descubrirá que la Ley cambia asegún el poder social de las partes interesadas. Y que todas y todos en la comarca están inmersos en una corruptela generalizada –que d’Auferre justifica porque permite mantener el orden y el respeto en la región.

El cerdo del título europeo de ese filme se refiere al único puerco de una familia de gitanos que acampa cerca de Abbeville. Es su comida de invierno. Si lo pierden, morirán de hambre en los meses secos y fríos. Pero no bien los gitanos han llegado, resulta que un niño de 9 años aparece destrozado en la aldea y varios vecinos aseguran haber visto al animal huir del lugar adonde estaba el cadáver. El cerdo es acusado de asesinato. Esto significa que morirá antes de tiempo y que sus dueños se verán condenados a lo mismo cuando empiece a nevar. Courtois es un abogado moderno y se niega a defender al puerco. Incluso trata de sobornar a los gitanos dándoles dinero para que compren dos cerdos nuevos. Pero estos se rehúsan. El abogado empieza a intuir que algo más se mueve bajo el agua, en la oscuridad de lo que él creía un paraíso campesino. Decide defender al puerco aunque en realidad está defendiendo el derecho a la vida de la familia gitana.

El guion es bueno. Parte de la etnohistoria, y retoma casos que Cassaneus y otros sistematizaron en el siglo XVI; pero también nos ofrece un misterio policiaco. ¿Quién mató al niño? Y a partir de ese punto, L’Advocate nos lleva a la crítica social. El abogado capitalino descubre que d’Auferre dirige una sociedad secreta –que acaso sea heredera de los herejes Cátaros. No hay tal. Se trata de los comerciantes ennoblecidos que se reúnen para ponerse de acuerdo sobre precios, tarifas a mercaderes foráneos y otros mecanismos que les permitan mantener el control sobre “sus” campesinos. Un simple y llano cártel comercial. La audiencia, que esperaba encontrar en la reunión de la hermandad secreta una revelación extraña, con prácticas herejes, brujería ó satanismo, descubre algo peor que eso: el nacimiento del Capitalismo.

Pero ese descubrimiento llevará a nuestro abogado a otro. En la casa que ha mandado construir en Abbeville se descubre enterrado el esqueleto de otro niño. Y la gente entonces se acuerda que otro niño de 9 años había desaparecido el año previo. Resulta que el puerco de la familia gitana era inocente. El verdadero asesino era el heredero varón del Seigneur d’Auferre. El caso contra el cerdo era un velo para ocultar (otra vez) las depredaciones del hijo del poderoso. Obvio, Todomundo lo sabía: pero nadie quería decirlo.

Spoiler : el cerdo fue liberado… pero el verdadero culpable no fue llevado a juicio. La sociedad estamentaria basada en el prestigio lo impedía. Eso sí, d’Auferre mandó a su violento al destierro. Courtois/Cassaneus le reclama al poderoso: ¿Entonces, hay una ley para los pobres y otra para los ricos? D’Auferre, con los ojos fríos y afilados, le responde al idealista: Sí, como siempre ha sido.

En otro de los juicios que se escenifican en la película, una mujer inteligente, conocedora de las enfermedades y de las hierbas que las curan, observadora sagaz de los acontecimientos, fue acusada de ser bruja. Courtois/Cassaneus fracasó en su intento de salvarle la vida. El día de su ejecución, la bruja bendijo al pueblo de Abbeville. Les dijo a todas y a todos que, luego de malos tiempos, vendrían tiempos peores, pero que después llegaría un caballero en armadura brillante como el sol y todo cambiaría.

Y así fue. El caballero errante llegó. Su armadura brillaba. El pueblo lo recibió con regocijo. Y cuando su escudero lo desvistió para el baño… todos vieron con horror las pústulas de la peste. Un justo final medieval para un sueño renacentista frustrado.

Ligas usadas en este texto:

Liga 1:
https://gallica.bnf.fr/ark:/12148/bpt6k87129966/f5.item.zoom

Liga 2:
https://www.youtube.com/watch?v=C8nBTtQ_uzw

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