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OpiniónPORTADA

Ver para pensar: De la Isla del Tesoro a los barrios bajos de Nueva York.

Federico Anaya Gallardo

Sigamos, querida lectora con el niño-estrella Jackie Cooper (1922-2011). Como te contaba la semana pasada, en 1933 la prensa neoleonesa lo dejó un tanto cuanto mal parado cuando El Porvenir: El Periódico de la Frontera tradujo el título de su película de 1932,When a Feller Needs a Friend, como El Mariquita. Supongo que las redes de prensa de Hearst captaron las consecuencias —hoy diríamos discriminatorias— del gazapo porque, como te contaré, otras películas de Cooper recibieron mejores títulos en nuestro país y Latinoamérica.

El Sistema de Estudio fue construyendo la figura pública de Cooper con enjundia. Otro éxito de MGM con el chico fue su casting como Jim Hawkins en la primera kino-versión hablada de La Isla del Tesoro de Robert Louis Stevenson (1850-1894). Fue dirigida por Víctor Fleming en 1934 y la puedes ver, querido lector, en una copia original de buena calidad en Inglés sin subtítulos en la red Одноклассники (Odnoklassniki) en la Liga 1 gracias a “Ric Vani”. En la misma red, pero en la Liga 2, podrás ver una versión doblada al Castellano, aunque esa copia no es de no tan buena calidad.  (Por cierto, notarás que, en los títulos iniciales, junto al emblema de la MGM (el león rugiendo) aparece un sello con un águila negra y las siglas NRA. Se trata de la National Recovery Administration del Gobierno de Roosevelt. Se trataba de un programa de estímulos para la recuperación de las industrias a cambio de mejoras en las condiciones laborales y de competencia.

Al filmar La Isla del Tesoro, Cooper tenía 12 años y esa versión demostró su valía para papeles más complejos y energéticos. La novela original de Stevenson data de 1883 y el autor arma una narración entretenida y compleja. El tesoro escondido del capitán pirata Flint es buscado por gente de diverso pelo. En lo alto, un médico, un caballero y el capitán del Hispaniola que protegen al joven Jim Hawkins. Se trata de una banda de caracteres moralmente victorianos con pelucas dieciochescas que buscan asegurar a Jim un futuro de “gente decente”. Pero el tesoro es anhelado también por gente de lo bajo —los piratas veteranos de las aventuras de Flint. Quien lea la novela descubrirá que el tesoro fue acumulado por esos piratas. Ellos dejaron sangre y carne en los mares para hacerse de los pesos fuertes que su capitán enterró en una lejana isla del Caribe. Y es obvio que su valentía y zafiedad atraen mucho más a Jim que la promesa de una futura tranquilidad burguesa.

El 3 de Enero de 1936 Graham Greene escribió para la revista The Spectator de Londres una kino-reseña comparando esta versión de La Isla del Tesoro con la película británica Midshipman Easy (Reed, 1935) que también retrataba aventuras de un muchacho en alta mar. Greene estaba muy contento con las bien logradas escenas de acción de Midshipman… pero señalaba el valor simbólico de los caracteres de Stevenson y el hecho de que La Isla del Tesoro de la MGM retenía esa profundidad más allá de la acción y la aventura. La película estadounidense tiene —dice Greene— “un sentido del bien y del mal”. (Puedes descargar una colección de las kino-reseñas de Greene en la Liga 3, compiladas por John Russell Taylor en 1972.)

Con todo, MGM no dejó que Cooper abandonase ciertas actitudes infantiles en esta versión de La Isla del Tesoro. Esto es evidente en la escena en que Jim informa al doctor, al caballero y al capitán de la traición que preparaba el pirata cojo Long John Silver. Recuerden, lectores y lectoras, que el chico escuchó los planes de los piratas por casualidad, cuando se cayó dentro de un gran barril de manzanas. El Jim de Stevenson está simple y llanamente indignado. Descubrir la traición de Silver es sólo la señal para que el muchacho afile sus sentidos (y su daga) y juegue más rudo que los piratas a quienes secretamente admira. En contraste, el Jim asignado a Jackie Cooper por la MGM estalla casi en lágrimas porque es un niño adolorido dado que —pocos días antes— le había ofrecido al viejo Silver que se fuese a vivir con su madre y con él cuando el barco regresase a Inglaterra (minuto 50:00 de la cinta).

El Jim Hawkins de Stevenson es un carácter como los de Twain. Un Tom Sawyer que no busca padre sino aventura ó un Huckleberry Finn que —si es necesario— matará a su padre. El modo en que el Jim original de Stevenson cambia de bando varias veces (entre la banda de lo alto, la banda de lo bajo y el pirata náufrago Ben Gunn) no es el modo de un niño, sino el de un joven adulto tomado decisiones difíciles y valientes. Algo de esto lo deja ver Jackie Cooper quien, salvo el tantrum que te cuento, querido lector, interpretó con bastante fidelidad al personaje romántico original.

Sin embargo, querida lectora, si miras la publicidad preparada por la MGM para la película de Fleming, verás que lo que ofrece a sus audiencias no es un joven aventurero que se atreve a engañar por lo alto y por lo bajo; sino el mismo niño pequeño en que se había encasillado a Jackie Cooper en papeles previos: un pequeño con father issues nunca resueltos y siempre al borde del llanto. En 1931, Skippy/Cooper no sabe cómo acercarse a su padre, médico eugenista y regidor fifí del Ayuntamiento que persigue a sus amigos de clase baja. En When a Feller… (1932) el niño lisiado Cooper substituye a su padre con su tío abuelo en su búsqueda desesperada por un protector. De ambas te conté, lector, la semana pasada.

Otro filme en la misma línea, estrenado en el mismo año que La Isla del Tesoro —1934— es Peck’s Bad Boy, dirigida por Edward F. Cline para la compañía ACE (American Cinema Exchange). Esta película se rodó bajo un arreglo de “arriendo” del niño actor: a MGM le interesaba sacarle ganancia a Cooper mientras durase su infancia. Peck’s Bad Boy es otro “live-action” basado en una novela previa —como había sido When a Feller… en 1932. Y —otra vez— Cooper interpretaba al mismo niño sin padre que le proteja.  (La puedes ver en YouTube en la Liga 5 gracias a @TheEarlycinema.)

El personaje de Cooper en Peck’s Bad Boy proviene de cuentos publicados en un periódico de Wisconsin en los años 1880’s. El autor era George Wilbur Peck; quien escribía las travesuras y bromas de un adolescente en el Milwaukee de la Era de la Reconstrucción. Peck era un veterano de la caballería de la Unión y se convirtió en periodista y luego fue un exitoso político anti-corrupción. Llegó a ser gobernador del Estado. Su adolescente era un instrumento para burlarse de los convencionalismos sociales de la era victoriana y de la hipocresía de la nueva sociedad industrial.

En 1883, el exgobernador Peck preparó una “tarjeta” introductoria para la recopilación de aventuras de su “chico malo” que editó W.B. Conkey Company en Chicago. Peck les avisa a sus lectores que “el Bad Boy no es un mito, aunque en mis artículos haya mucha imaginación. El muchacho real [en quien me inspiro] vive en todas las ciudades, pueblos y villorrios de nuestra tierra. Es despierto, lleno de vinagre [es un vinagrillo] y está listo… tanto para escaparse con el circo como para recitarnos cien versículos del Nuevo Testamento … Le amarra una concha de ostra en la cola a un perro nomás para que haga ejercicio el animal … Pero a la primera oportunidad se pelea con todos para defender al niño pequeño ó a una muchacha. Trabaja con buen humor, aunque sólo si le resulta divertido…” En resumen —dice Peck— el Bad Boy es el muchacho que todomundo cree que terminará sus días en la prisión del Estado, aunque luego será recordado por sus vecinos como ingenioso y valiente. (Puedes descargar el PDF de ese volumen, titulado Peck’s Bad Boy and his Pa’… desde la Liga 5.)

Igual que hizo MGM con el Jim de La Isla del Tesoro, el héroe de la película Peck’s Bad Boy es una versión adocenada, aburguesada y rosa del proto-delincuente juvenil del que escribía el gobernador Peck. Así, mientras las aventuras originales del Bad Boy de Wisconsin nos muestran al muchacho poniéndole trampas a su padre de modo que su madre descubra las infidelidades y vicios de su marido —lo que le gana golpizas casi cotidianas al chavo— lo primero que vemos en la película de Cline es que el chico (Cooper) y el adulto reciben juntos un premio al “Mejor Padre, Mejor Hijo” del condado. Peor: el script (de Marguerite Roberts & Bernard Schubert) nos cuenta que el chico es adoptado; cómo lo descubre; cómo trata de escaparse; y, finalmente, cómo se reconcilia con su padre. …Quien —but of course— declara que quiere al chico tanto ó más que a un hijo biológico.

Las adaptaciones que he comentado nos muestran cómo Hollywood “blanqueaba” y “adecentaba” la literatura juvenil previa como parte de la construcción de su American Way of Life.

La Wikipedia inglesa reporta que La Isla del Tesoro de 1934 no resultó tan taquillera como esperaba la MGM. Uno podría sospechar que el público se extrañó de ver a su “maravilloso actorcito” (como lo calificaba El Porvenir de Monterrey en 1933) en una trama que no era ni tierna, ni cómica, ni sencilla… ni de “la vida real” como se la imaginaban los espectadores de vena conservadora. Cooper mostraba —gracias a la complejidad del Jim creado por Stevenson— que podía ser un actor serio.

El problema es que Jackie Cooper creció demasiado pronto y la MGM no logró para él una transición exitosa de papeles de niño a adolescente. Por eso el gran estudio no renovó su contrato en 1935. Cooper tuvo suerte y encontró su siguiente encarnación fílmica en películas en las que un adolescente enfrenta la difícil realidad solo… sin apoyo adulto. De eso trata Tough Guy (Tipo Duro), dirigida por Chester M. Franklin en 1936 —aún para la MGM. Cosa interesante, lectora, en la mayoría de los papeles de esta segunda etapa de la carrera de Cooper el protagonista se enfrenta a gánsteres —construyendo una sistemática imaginería anti-crimen organizado.

Lector: mi última recomendación de hoy es la actuación de Jackie Cooper en Boy of the Streets, dirigida en 1937 por William Nigh para Monogram. La puedes ver en YouTube gracias a @PizzaFLIX en la Liga 6, en Inglés con subtítulos automáticos (la tuerquita) bastante efectivos. El International Movie Data Base (IMDB) registra que el estreno en EUA ocurrió el 8 de Diciembre de 1937. Al parecer, tardó en llegar a México. El Informador de Guadalajara anunciaba en su edición del Sábado 3 de Febrero de 1940 que el Cine Regio exhibiría esa película de Jackie Cooper. La llamó El chico de la calle. (Puedes revisar esto en la página www de la Hemeroteca Nacional de México.) Recuerda que ese mismo año de 1937 Nigh dirigió —también para Monogram— al niño-actor Mickey Rooney en The Hoosier Schoolboy (El estudiante rudo) adonde el chico interpreta al hijo de un veterano pobre y marginado en un pueblo de Indiana dividido por un conflicto entre granjeros lecheros pobres y el capitalista que controla la pasteurizadora, que los primeros quieren convertir en cooperativa.

La acción de Boy of the Streets ocurre en los barrios bajos de Nueva York. Cooper interpreta a Chuck Brennan, quien está cerca de cumplir 17 años. El actor apenas tenía quince, pero ya era muy alto y de hombros muy anchos. El adolescente comanda una banda de jóvenes entre los 15 y 17 años que ocupan un local abandonado en el barrio. Desde allí hacen llamadas falsas al número de emergencia y entrenan para encuentros de box. La policía de barrio los tiene bien identificados, pero no los reprime —pese a sus constantes peleas callejeras con otra banda. Todos los chicos son hijos de familias con algún tipo de problema. Todos viven en edificios ruinosos adonde la tuberculosis es la regla y la basura se acumula. Se trata del mismo ambiente en el que un año más tarde —1938— Dudley Murphy denunciará la explotación de los neoyorquinos y proclamará que representan One third of a Nation. (Liga 7.) Cosa interesante, en Boy of the Streets el barrio es “integrado”: hay una comunidad Africana-americana —igual de pobre y explotada que su vecina blanca. En One Third… no hay población Africano-americana.

En Boy of the Streets aún hay father issues, pero el hijo no tiene ninguna esperanza en su padre —quien es un miserable bueno para nada, un stooge que se pasea por las oficinas públicas buscando que alguien le haga algún encargo y sueña con organizar sindicatos, pero no sabe mantener un empleo fijo. Al parecer, quien sostiene a la familia es la madre, lavando ajeno. Chuck y su banda han abandonado la escuela y de facto dan servicios de protección a los inquilinos de su edificio contra otras bandas. Eventualmente, aparece por el barrio el gánster que trata de reclutar a Chuck.

Por supuesto, en esta película de Nigh hay dolor y pérdida (aunque no tan graves como en One Third of a Nation) y al final hay redención social. Chuck traiciona al boss de la mafia que lo había reclutado, salva la vida del policía de barrio y… se enlista en la US Navy. La guerra mundial ya era una amenaza real en el horizonte. Los fascistas masacraban poblados en todo el mundo: Etiopía, China, España. Italia abandonaba la Liga de Naciones ante la condena internacional. Japón hundía un barco estadounidense en el Yang-Tsé. Cosa rara: Hollywood lo percibía y lo retrataba (Boy of the Streets); la Administración Roosevelt lo sabía, pero no lo publicaba (One third…).

¡Salud y República!  

Ligas usadas en este texto:

Liga 1:

https://ok.ru/video/1153219168787

Liga 2:

https://ok.ru/video/9039859354341

Liga 3:

https://es.scribd.com/document/502710249/305781191-the-Pleasure-Dome-Graham-Greene-the-Collected-Film-Criticism

Liga 4:

Liga 5:

https://dn790003.ca.archive.org/0/items/pecksbadboyhispa00peckuoft/pecksbadboyhispa00peckuoft.pdf

Liga 6:

Liga 7:

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