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Opinión

Ver para pensar: La realidad detrás del American Dream

La semana pasada, queridas lectoras y lectores, les recomendé el documental Hollywoodism: Jews, Movies and the American Dream (Jacobovici & Samuels, 1998). La hipótesis de este —y del libro en que se basa, escrito por Neal Gabler en 1989— es atractiva. Los grandes magnates de Hollywood provenían de dos persecuciones. La primera los había expulsado de Europa del Este a finales del siglo XIX. La segunda los expulsó de la Costa Este cuando el cártel violento de Edison y la primera industria del cine estadounidense los atacaron por tratar de producir ellos mismos sus películas. Otro documental ahonda en este tema: The Rise of the Moguls-The Men Who Built Hollywood. Fue producido por Lucasfilm en 2008 con un guion de Mark Page. (Lo puedes ver en YouTube en la Liga 1.)

En ese documental aparece A. Scott Berg —biógrafo del legendario productor Samuel Goldwyn— quien corrobora la hipótesis central de Neal Gabler. Los magnates fundadores de Hollywood crearon, a partir de una experiencia colectiva de marginación/empoderamiento, una narrativa cultural que les permitió incorporarse en la cúspide de la sociedad moderna que se construyó en los EUA durante el siglo XX. Berg lo resume así al final de The Rise of the Moguls : “Esta idea del ‘Sueño Americano’ me persigue. Estos magnates lo soñaron, lo vivieron y lo manufacturaron.”

Piénsalo detenidamente, lectora. Ese “Sueño Americano”, ó “Modo Estadounidense de Vida”, el The American Way of Life, habría sido diseñado —mejor: INVENTADO— por la industria cinematográfica. Interesante, ¿verdad? Más seductora es la noción que ese sistema de paradigmas sería notoriamente positivo si lo confrontamos con la propuesta de la industria cinematográfica liderada por Thomas Alva Edison entre 1895 y 1915. Para aquella primera kino-industria estadounidense el cine era una atracción menor cuyo producto central eran cortometrajes que sorprendiesen a las audiencias —un beso, un estornudo, un evento social ó político. Cuando los cortos empezaron a mostrar personajes ficticios, estos fueron estereotipados para reforzar las jerarquías sociales. Gabler documentó el desprecio con que se retrataba a los judíos (pequeños mercachifles engañadores) ó a los africano-americanos (comedores de sandía, bailadores compulsivos). La “raza” superior, en cambio, era retratada como galante, sincera y confiable.

En los documentales que te he recomendado, lector, tanto Gabler como Berg sugieren que la propuesta ideológica de Hollywood era pluralista é inclusiva. Por supuesto, las cosas son más complejas. The Birth of a Nation (Griffith, 1915) con su retrato heroico del Ku Klux Klan se filmó en Hollywood cuando el monopolio de Edison ya estaba derrotado. (Liga 2.) Por más que Walt Disney haya proclamado la inclusividad y la solidaridad cultural entre las naciones en su proyecto It’s a small world , tanto su estudio en Hollywood como su aliado televisivo —ABC— eran profundamente anti-comunistas. (Liga 3.) Aparte, los magnates judíos que inventaron el inclusivo American Way of Life fueron quienes implementaron la lista negra en contra de los actores, guionistas y directores progresistas durante la persecución macartista, como nos recuerda Trumbo (Roach, 2015).  

¿A qué me refiero cuando hablo del The American Way of Life? ¿Qué tanto correspondía con la realidad? Les invito, lectoras y lectores, a hacer un repaso con tres elementos.

Elemento Uno. El Modo Estadounidense de Vida propuesto por Hollywood incluye cosas como la vida bien organizada en suburbios de clase media que cuentan con todos los servicios de una ciudad moderna: adonde uno se transporta en bici cuando es niño, en el auto que el adolescente compra con sus ahorros ganados en su primer trabajo en una tienda cercana, ó en la camioneta familiar que el padre-proveedor cambia al menos cada cinco años. Piensa, querida lectora, en las familias de los 1960’s retratadas en Los Años Maravillosos (The Wonder Years, ABC, 1988-1993) —y en los estereotipos divulgados en los 1950’s por Dennis the Menace, The Andy Griffith Show y I Love Lucy.

Ahora, querido lector, comparemos esa imaginería con la vida real de la mayoría de los estadounidenses que vivían en centros urbanos en los 1930’s —56% del total— y que fue retratada en la película One third of a Nation (Un tercio de la Nación), dirigida en 1938 por Dudley Murphy. (Liga 4.) En mi kino-reseña sobre ese filme te conté que fue patrocinado por el Federal Theatre Project (FTP), que formaba parte de la agencia Works Progress Administration (WPA) creada en 1935 por el New Deal rooseveltiano. Era un Living Newspaper que buscaba denunciar las horribles condiciones de vida que sufría la mayor parte de la población urbana en EUA. Edificios en ruinas con rentas altas mantenían a la gente en la miseria. Si los personajes de One third of a Nation hubiesen visto un episodio de The Wonder Years —en un cine de pulguitas, porque tele no había— nos habrían dicho que era ficción …y ficción cruel. Esa parte del American Dream estaba treinta años en su futuro. 

Elemento Dos. De acuerdo con El Modo Estadounidense de Vida propuesto por Hollywood, las unidades familiares de esa clase media son tradicionales. Están formadas por parejas estables de padre-madre con no mucho más de tres hijos que se independizan alrededor de los 18 años cuando salen a estudiar en la Universidad. Piensen, queridas amigas, en la familia feliz del Juez James K. Hardy del condado (imaginario) de Carven. El juez, abogado graduado de una de las universidades regionales de alguno de los Estados continentales de EUA, vive en una casa amplia de dos plantas y sótano, con jardín enfrente y patio trasero. La calle está bien arbolada. Él y su mujer Emily han procreado tres veces. Dos mujeres (Joan & Marian) y un muchacho, el más pequeño (Andy). Los Hardy fueron lanzados a la pantalla grande en 1937 por el magnate Louis B. Mayer, cabeza de la Metro-Goldwyn-Mayer (MGM). Ese año se distribuyó la que se volvería película-madre: A Family Affair (El problema de los Hardy) dirigida por George B. Seitz (1888-1944). Ese mismo año salió You’re Only Young Once del mismo director.Durante la siguiente década, MGM produciría otras catorce películas sobre los Hardy —a veces tres por año. La serie contó a las audiencias cómo se criaba a un wholesome American kid, Andy Hardy. Este último era interpretado por Mickey Rooney (1920-2014) quien tenía un contrato de largo plazo con el estudio y se convirtió en uno de sus principales productos.

Contrasta en las fotos que agrego a esta kino-reseña, querida lectora, la familia ideal de Andy Hardy (izquierda) con la de Joey Rogers, el chico paralítico de One third of a Nation (derecha). Joey no sólo vive con discapacidad motriz en un cuarto piso de un edificio ruinoso que se ubica en un barrio sin servicios adecuados. Vive con sus padres y una hermana, sí. Pero su padre está desempleado, la madre lava ajeno, la hermana es secretaria con empleos siempre precarios. El novio de la hermana es un activista proletario que vive en la misma precariedad.

Elemento Tres. Los adolescentes de la familia estadounidense típica —según la propuesta de Hollywood en los 1930’s— están organizados y protegidos dentro de la High School… la cual se presenta como un espacio moderno y perfectamente reglado. Las instalaciones son de primera: hay laboratorios, orquesta, gimnasio y campos para atletismo. La escuela ofrece actividades escolares y extracurriculares todo el día. Las películas de Andy Hardy aportaron parte del canon actual. Pese a que la MGM no les asignó mucho presupuesto, los directores nos mostraron al personaje de Mickey Rooney viviendo todas las facetas de la socialización de una High School ideal. Es parte del equipo de fútbol americano en la sexta película (The Hardys Ride High, 1939a). Estelariza una nueva obra de teatro en la prepa en la séptima película (Andy Hardy Gets Spring Fever, 1939b). Dirige el periódico escolar en la décima entrega (Andy Hardy’s Private Secretary, 1941a). Se separa de la familia ideal para ir a la universidad en la treceava película (Andy Hardy’s Double Life, 1942b).

El canon de la High School hollywoodense ya era parte de la institucionalidad estadounidense en 1968, cuando Frederick Wiseman rodó el documental High School en la Northeast High School de la ciudad de Filadelfia en Pennsylvania. (Puedes ver un bello corto del mismo en la Liga 5.) El ambiente icónico dio pie a un género específico de la cinematografía estadounidense, la Teen Comedy. El escenario se volvió tan repetitivo que en 2001 Joel Gallen pudo dirigir Not Another Teen Movie —que en Castellano se tituló No es otra tonta película americana— burlándose de los estereotipos imperantes. Dos años después (2003) Gus Van Sant hizo un retrato alucinante del ícono en Elephant —recreando la masacre de Columbine, Colorado. Gallen regresó a la parodia con Not Another High School Show en 2007 criticando las series de televisión ancladas en la adolescencia preparatoriana de los EUA. Ni parodias ni críticas han afectado el ícono. En 2006 Disney empezó una serie muy exitosa de películas tituladas High School Musical cuyas secuelas é imitaciones siguen vivitas y coleando dos décadas más tarde. Entre 2009 y 2015 Fox produjo y transmitió Glee glorificando los coros escolares en las preparatorias estadounidenses.

Pero, recordemos: la representación cinematográfica propuesta por Hollywood en los 1930’s no tenía —en aquellos años iniciales— una correspondencia exacta con la realidad.

Mi abuelo Emigdio R. Gallardo, migrante en los EUA, cursó su preparatoria en el Chicago de mediados de los 1920’s en los cursos vespertinos y nocturnos porque trabajaba en una fábrica de chocolates. En la película Streets of New York —dirigida en 1939 por William Nigh para los estudios Monogram— vemos cómo los adolescentes normales trabajaban en turno matutino y estudiaban en el vespertino. (Puedes verla en la Liga 6.) Y en 1937, en otra película de Nigh para Monogram, titulada The Hoosier Schoolboy (¿El estudiante rudo?), podemos ver a la mismísima estrella juvenil de la MGM —Mickey Rooney— encarnar a un adolescente marginal en una preparatoria rural. (Puedes verla en la Liga 7.)

Aquí hay que decir algo. El triunfo de los mitos nunca es seguro. El dicho obradorista que reza que tonto es quien crea que el Pueblo es tonto aplica en esto de manera muy clara. El Pueblo estadounidense —que venía de luchas populares muy difíciles y complejas desde al menos 1900 (la Era Progresista)— no se iba a tragar fácilmente la propuesta hollywoodense del American Way of Life encarnado por la Familia Hardy. El genio del sistema de estudios de Hollywood fue utilizar sus “estrellas” no sólo en los escenarios y situaciones que se volverían dominantes ó mainstream (Andy Hardy); sino también en aquéllos que estaban más cerca de la realidad de opresión que vivían sus audiencias.

¡Salud y República!

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La opinión expresada en esta sección de colaboraciones es responsabilidad exclusiva de su autor y no refleja necesariamente la postura de Potosinoticias.

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