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Opinión

Ver para pensar: El viaje de La Viuda

Federico Anaya Gallardo

Lo que sigue es un cuento que confieso desconocer de dónde viene. (Acaso mis amigas historiadoras podrán decirnos algo.) Alguien dijo que en algún momento de la Revolución suriana en Morelos, otro alguien sugirió al Jefe Zapata ejecutar a los condenados a muerte con una guillotina. Al parecer se preparó una máquina y hasta se puso a prueba. Pero el general encontró el asunto engorroso y poco práctico –así que se siguió fusilando.

 

Al googlear Zapata y Guillotina uno encuentra los dos buenos tomos de Gildardo Magaña titulados Emiliano Zapata y el Agrarismo en México que el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) editó en 2019 –durante el breve despacho de Pedro Salmerón Sanginés en ese instituto. (Ligas 1 y 2.) Si buscas dentro de ellos “guillotina” lo más interesante es que aparece sólo una vez en cada tomo. En el primero, como parte de un poema del veracruzano magonista Santiago de la Hoz (1883-1914),  Sinfonía de Combate. Lo recitó Rodolfo, hermano de Gildardo, al final de una comida que el de Anenecuilco ofreció al grupo de intelectuales en 1911. En el poema podemos leer:  

 

(…)El mal nunca perdura;

Siempre después de toda tiranía

la rediviva libertad fulgura!

En el fango de inmensas abyecciones

se incuban los campeones!

En la misma opresión se agita el feto

del ángel de su ruina!

El mismo Luis Capeto

engendró la implacable guillotina!

Ya verás cómo acaban los ultrajes

por despertar a tu león dormido!… (t.1, p.236)

 

En el tomo dos, la guillotina aparece mencionada por el diputado reaccionario José María Lozano, quien en 1911, denunciaba en la cámara federal al zapatismo como un nuevo espartaquismo que destruiría la sociedad mexicana: “ya Emiliano Zapata no es un hombre, es un símbolo … las turbas que ya gustaron del placer del botín … bestias en pleno desenfreno … no se rendirán, … constituyen un peligro serio de conflagración… [H]ay que recordar … la suprema lección de la historia: …«Robespierre, acuérdate de que Dantón fue popular». [A]cordémonos … que para todos existe el tajo de la guillotina” (t.2, p.37).

 

La guillotina es un instrumento netamente europeo. En Nuestramérica son los bardos, irremediablemente afrancesados, quienes la mencionan, sea a Izquierdas (exaltados) ó a Derechas (aterrorizados). Pero las dos citas que te comparto, lectora, son muestra de lo poco que nuestra sociedad criolla se preocupó por seguirle la pista a la máquina creada por el médico Antonio Louis y el diputado José Ignacio Guillotin. No te canso mucho más antes de recomendarte la película de esta semana. Baste decir que la máquina permaneció como forma de ejecución en Francia desde 1792 hasta 1977… casi dos siglos. En su largo trayecto se le llamó de varias maneras “Louison” ó “Louisette” por el doctor Louis, “Corbata del Capeto” por el rey de Francia que murió en ella, ó “la Viuda”. Este último apodo, al parecer, venía de las tres generaciones de verdugos encargados de ejecuciones en toda Francia. Joseph, Louis y Anatole Deibler operaron la guillotina entre 1823 y 1939. La máquina era la viuda que acompañaba a la familia Deibler.

 

La guillotina es un mecanismo que permite ejecutar rápido, sin dolor, sin tortura innecesaria. La justicia penal francesa creó alrededor de ella una maquinaria igualmente eficaz y fría que ordenaba la muerte de aquéllas personas a quienes la sociedad repudiaba. La guillotina es un símbolo de la Razón pervertida. Nació como mecanismo igualitario: le daría a los condenados pobres la misma muerte rápida, “misericordiosa”, que antes sólo gozaba la nobleza. El campesino ya no sería destripado, ni partido en cuatro, ni colgado hasta que se ahogase. Su cuello sería cortado tan rápido como el de duques, condes y reyes.

 

En 2008, Philippe Laïk dirigió para el canal de TV France 2 la historia de una de las ejecuciones de Anatole Deibler –el tercer verdugo de la dinastía que te cuento. La película, titulada Le voyage de la veuve (El viaje de la viuda) dura una hora y media y puedes verla en el canal de YouTube “Cinéma Cinémas” en el original Francés con aceptables subtítulos automáticos que debes activar pushándole al ícono de configuración (la tuerca blanca). (Liga 3.)

 

La ejecución que se cuenta en el filme ocurrió en 1918. El condenado era Émile Ferfaille, un oficial de artillería belga en la retaguardia que había asesinado a su amante para evitar casarse con ella. La monarquía belga no ejecutaba a sus condenados desde finales de los 1860s, cuando los mexicanos fusilamos al marido de su princesa Carlota –coincidencia interesante que no impidió el genocidio orquestado en el Congo por el hermano de Carlota, Leopoldo II. La cuestión es que, en 1918 muchos suponían que la pena capital ya se había abolido. El hijo del genocida, Alberto I, decidió que no conmutaría la sentencia de Ferfaille. Una cuestión de “disciplina” en un país devastado por cuatro años de guerra.

 

El problema es que en Bélgica no había ni guillotinas ni verdugos entrenados. Pero el primer ministro francés Clemenceau –quien era cualquier cosa menos clemente– se ofreció a mandarle al rey de los belgas a su verdugo mayor, Anatole Deibler, con una guillotina portátil (en realidad, un poco menos grande que la normal).

 

Dejemos que los europeos nos den su opinión de la película de Laïk. Véronique Cauhapé la reseñó para Le Monde en Diciembre de 2008: “Ningún guionista podría tener suficiente imaginación o confianza para inventar tal cosa. Y, sin embargo, la historia es cierta.” Cierta y monstruosa. El verdugo mayor de Francia transporta a su Viuda a través del frente. Lleva escolta militar pero sufren bombardeos, pierden sus carretas, son atacados por los alemanes. Y todo, por llevar a un trío de tipos vestidos de luto que cargan un armatoste sanguinario. Atravesar los campos de la muerte para llevar más muerte. Cauhapé nos habla de “la estupidez [bêtise] de la máquina del Estado”. Nota que la francófona no usó stupidité sino algo más parecido a nuestra bestialidad Castellana. La película “da cuenta de una realidad poco gloriosa”.

 

De hecho, Laïk nos deja ver cómo entre los soldados franceses se están distribuyendo volantes que informan de la Revolución bolchevique en Rusia y cómo les está naciendo la consciencia de la injusticia estructural que rodea a los pobres de todas las naciones beligerantes. Pero los agentes del Estado, reducidos a una caricatura patética, cubiertos de lodo y mierda, insisten en llevar a buen término sus órdenes.

 

Llega el momento en que don Anatole Deibler se encuentra en las trincheras con un cabo colonial africano –quien le explica que estuvo en París el día de una ejecución en 1913. Orgulloso, el verdugo les dice el nombre del ejecutado, la hora y las incidencias de la ejecución. Y le muestra un cuadernillo negro “—¡Todo está anotado!” El cabo le responde: “—Yo también me acuerdo. La guillotina estaba allí, Una abominación. No la puedes ver sin temblar. Hace que todo parezca fútil. Es un vampiro… una cosa muerta –de madera, clavos y acero. Pero devora carne y bebe sangre de los vivos. Un monstruo que vive una vida de espanto, hecha de toda la muerte que ha causado. Pero, señor Deibler, para matar la guillotina necesita masa, la masa de sus manos.”

 

Deibler enfurece. Dice que su oficio no es comparable al de los asesinos que él ha ejecutado, pues él obra en nombre de la Justicia. “—La Justicia es mi misión. Yo soy ejecutor de las órdenes de la República.” El cabo le revira que igual mata. Deibler le grita que no es lo mismo. Un joven blanco, que ya ha perdido a un buen camarada en esta absurda aventura, tercia señalándole al funcionario: “—La música militar es, al final música como cualquiera otra”. Que el Estado asesine en masa dando apariencia de orden y concierto no elimina la naturaleza esencial del crimen.

 

Deibler pierde los estribos, sale corriendo del refugio. Recorre las trincheras. Sube por una escalerilla y se mete en la tierra de nadie, gritando: “—¡Todos ustedes son anarquistas, asesinos! ¡Yo soy la Justicia! ¡Tengo ideas!” El muchachito francés debe ir a rescatarlo en medio de los obuses que caen a su alrededor.

 

A la mañana siguiente, el funcionario, más sereno, ordena que la guillotina se erija en medio del campo de batalla. Para ver que no le falten piezas.

 

Ligas usadas en este texto:

 

Liga 1:

https://www.inehrm.gob.mx/work/recursos/zapata/libros/Emiliano%20Zapata%20agrarismo%20TOMO%20I.pdf

 

Liga 2:

https://www.inehrm.gob.mx/work/recursos/zapata/libros/Emiliano%20Zapata%20agrarismo%20TOMO%20II.pdf

 

Liga 3:

 

Liga 4:

https://www.lemonde.fr/vous/article/2008/12/06/le-voyage-de-la-veuve_1127804_3238.html

 

 

   

 

 

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