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Creativas mexicanistas se hacen visibles II: Olga Costa

Jorge Ramírez Pardo

Hija de exilios, militancias, binacionalidad y la multiculturalidad, Olga Costa (1913-1993) dejó un legado artístico valioso; primero en Guanajuato, su tierra de adopción y natal de su marido; y después de su muerte con una magna exposición retrospectiva mostrada en 2013 (a 20 años de su fallecimiento) en el Palacio de Bellas Artes de la ciudad de México, con curaduría o selección y clasificación de piezas realizada por Juan Coronel, hijo del pintor Zacatecano Rafael y de Ruth Rivera, a su vez, hija de Diego Rivera.

De la música a juego cromático

Olga fue hija de Ana Fabricant y Jacobo Kostakowsky, originarios de Odesa, Unión Soviética (hoy Ucrania); emigraron en 1909 a Alemania durante la Primera guerra mundial. Vivieron en Leipzig donde nacieron sus dos hijas: Olga y Lya.

Luego se trasladaron a Berlín debido a la profesión de su padre, violinista, director de orquesta y compositor. Por su activismo político e ideas socialistas, Jacobo Kostakowsky estuvo en la prisión de Baviera. Cuando le otorgaron la amnistía, la familia emigró a México. El 7 de septiembre de 1925, llega al Puerto de Veracruz a bordo del barco Espagne.

El papá se contra como maestro de música en la SEP y ella es inscrita en el Colegio Alemán; ahí participa en el coro y estudia piano y canto.

La producción artística de Olga

La magna exposición retrospectiva de su obra expuesta en el Palacio de Bellas Artes en 1993, clasificó su obra en cinco etapas o núcleos a partir de conceptos y no de la cronología; en ese orden fueron mostrados, y son los siguientes:

Autorretratos

Olga se presenta a sí misma. Son sus inicios.

Es recurrente la presencia femenina en su obra, incluidos autorretratos, tal como lo hicieran algunas pintoras de su generación (María Izquierdo, Isabel Villaseñor, Frida Kahlo, Nahuí Ollin), o imágenes narrativas. Manera sutil e inteligente de salir del anonimato y una suerte de marginalidad de género, entonces hecha costumbre.

Iba con frecuencia al anfiteatro Bolívar de la entonces Escuela Nacional Preparatoria (antiguo Colegio de San Ildefonso; donde estaban los murales de Orozco y Rivera que dieron inicio al Muralismo mexicano). La contemplación de esas pinturas narrativas le impactó al grado superar su interés por la música.

La puntilla vocacional la propició otro muralista, Rufino Tamayo, quien y le sugirió estudiar pintura.

Escolar y formativa, con toque naif, representada por Desnudo, temple,1937

En 1933 ingresó a la Escuela Nacional de Artes Plásticas. Ahí conoce a José Chávez Morado, su esposo a partir de 1935 y su compañero durante el resto de sus años.

Luego de una estancia en Jalapa, a donde acude José a realizar un mural, la pareja regresa a la ciudad de México; entonces, se hace amiga de Frida Kahlo, Raúl Anguiano, la fotógrafa Lola Álvarez Bravo e Inés Amor, dueña de la Galería de Arte Mexicano, sitio fundamental para su proyección.

Formó parte de la fundación de la Galería Espiral con Angelina Beloff (primea esposa de Diego Rivera originaria de Rusia) y Francisco Zúñiga un destacado escultor de origen costarricense.

En 1945 tiene la primera de varias exposiciones en la Galería de Arte Mexicano.

En 1949, participa en la fundación del Salón de la Plástica Mexicana; agrupación, activa hasta la fecha, primordial para la proyección internacional de las artes plásticas mexicanas.

Escuela mexicana, representada por La vendedora de frutas

Óleo de gran formato, realizado en 1951, por encargo del Instituto Nacional de Bellas Artes. En esa pintura plasma un universo de colores en un muestrario de frutas representativas de diversas regiones del país e idiosincrasias particulares del mosaico multicultural mestizo en perenne formación que es México. La vendedora o marchanta es una mujer.

Olga elige mostrar ese México muy suyo; el de una espectadora llegada de lejos que nunca atenúa su fascinación por la multiculturalidad de arte popular mexicano, la diversidad paisajística y el misterioso del indio melancólico; la belleza de lo cotidiano, de la vida sencilla y sin dramas. Olga decía pintar “la belleza, la gracia, lo divertido. Sólo he pintado cosas que me agradan. No me gusta la tragedia. La tragedia soy yo”.

Etapa surrealista, representada por Corazón femenino

Pieza simbólica. En el segmento derecho, hay una cactácea en forma de corazón, referida a la pasión de Cristo, tiene connotación religiosa. Está atravesada por un cuchillo que tiene su cacha en forma de cabeza de ave. Ello puede tener el significado de el águila y la serpiente presentes en el escudo nacional. Debajo de ella, hay un cráneo, ello está referido a la muerte en función del sacrificio.

A la izquierda hay una pieza precolombina con dos semillas que, en la zona de su procedencia funcionan a manera de peine; eso le relaciona con textiles; apela a una acción femenina y la acción de la cardación o peinado de fibras.

Paisaje geométrico y metafórico, representado por La Valenciana.

En 1966, la pareja y Olga dejan de manera definitiva la ciudad de México para radicar y consumar su trabajo artístico y promocional en Guanajuato, tierra natal de José.

La obra de Olga Costa, concibe al mexicano como fruto de una tierra diversa en colores, texturas y paisajes. Su obra se aleja del entorno político que tiñó aquella época, para enraizarse en la belleza de lo cotidiano y el acontecer humano, valiéndose del color como vehículo emotivo.

Polos opuestos se atraen

En 1992, se les vio, a Olga Acosta y José Chávez Morado, muy elegantes y ataviados se ropa blanca, recorrer la zona arqueológica de Palenque, Chiapas. Imponían silencio y respeto con su presencia. Quienes no sabían de entre los visitantes quiénes eran –y sumaban mayoría-, percibían que se trataba de una pareja poco común. Hablaban poco y quedo, observaban, disfrutaban, se imponían en ese espacio subyugante de diálogo poético entre la arquitectura mayense y la naturaleza pródiga.

Ella una proverbial belleza caucásica, él un hombre elegante. Ambos generosos, inteligentes y artistas.

Desde que se conocieron en 1933, pasaron 60 años juntos, compartiendo intimidades, procesos creativos, militancias críticas desde la creación artística, y una proactividad singular porque, a partir de 1966, cuando venden su casa de Coyoacán en la ciudad de México:

  • Se van a vivir a Silao, pueblo natal de José
  • Donan su colección de piezas prehispánicas al Museo de La Alóndiga de granaditas (1975)
  • Fundan, en 1979, el Museo del pueblo
  • Continúan su proceso creativo
  • Olga Muere en 1993. José, quien le sobreviviría 9 años, deja sentadas las bases y hace las donaciones respetivas para la conformación de lo que sería el Museo Olga Acosta y José Chávez Morado

El Museo

Se encuentra ubicado en el barrio de Paxtitlán. El proyecto de adecuación del edificio fue dirigido por el maestro José Chávez Morado. Ubicado en una antigua noria que posteriormente fuera adaptada como casa habitación de los artistas José Chávez Morado y Olga Costa. Exhibe la obra pictórica realizada por ambos artistas durante varias etapas; y las colecciones de arte conformadas por ellos, pertenecientes a los siglos XVI y XVII y XVIII, entre las que pueden admirarse piezas de cerámica, bordados, muebles, tapices y objetos de vidrio.

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